A dónde vamos III – «Justicia»

VALORES – ÁLVARO RAMÍREZ – EL CANDIL – AÑO III – N° 128.

No soy ni pretendo ser abogado o erudito en los temas de leyes, soy simplemente un ciudadano que sabe que está sometido al imperio de la ley, que tiene deberes y derechos y que ha vivido un tiempo que le permite formarse sus propias opiniones sobre lo que quisiera ver como el rol de la justicia en nuestros países.

Creo que sin JUSTICIA no es posible la vida en comunidad. Siento que, así como la EDUCACION, la JUSTICIA es un pilar para que cualquier agrupación humana funcione y tenga posibilidades de progreso como sociedad. En la ruta crítica de conformar una sociedad que funcione, está la Justicia. Hasta en el reino animal no racional, está presente en forma de eliminación de aquellos que representan una amenaza para el grupo, por su debilidad o comportamiento. “A cada uno lo que le corresponde” es la resumida definición de justicia según la RAE.

En su momento, cuando el mundo era un archipiélago de aldeas que difícilmente tenían comunicación unas con otras, cada una era una pequeña comunidad que sobrevivía basada en sus principios morales. El consejo de ancianos, el más fuerte adoptado como jefe máximo, el tratamiento a los enemigos, la creencia en dioses sobrenaturales y poderosos, el premio o castigo público y la definición de los deberes y derechos de sus miembros, estaban orientados al objetivo común de preservar la comunidad, “sobreviviendo” mayormente a la naturaleza.

La interrelación con comunidades de otras aldeas obligaba a la adopción de formas de organización para grupos cada vez mayores, normalmente bajo el esquema de imposición al conquistado.

Poco a poco, en la medida en que las comunidades crecían y se integraban como países dentro de fronteras geográficas reclamadas, fue necesario ir creando mecanismos para administrar esa justicia y conjugar en forma sostenible los principios morales con la forma de observarlos. Leyes, decretos, cortes, procedimientos, órganos de vigilancia y control, infraestructura, constituyeron en cada país la forma visible de la justicia, el “PODER JUDICIAL»

Estos “poderes judiciales” se complementan en un “orden internacional» en la medida que la comunidad de naciones requiere convivir armónicamente, respetando el derecho de cada una de darse su gobierno bajo sus principios y según sus necesidades, dentro de fronteras “respetadas», acuerdos comerciales, tratados migratorios y usos y costumbres aceptadas. Difícil tarea, considerando que los países pueden tener intereses encontrados, aun dentro del interés supremo de preservar la especie.

No es nuestra ambición tratar de hablar sobre la JUSTICIA a nivel mundial, creo que tenemos más que suficiente con la complejidad de los problemas de la justicia a nivel local, aunque el mundo se haya convertido en una “Aldea Global”

Bajo el concepto aceptado en la definición, de dar a cada uno lo que le corresponde, hay aspectos muy importantes que debe cumplir el poder judicial para que el concepto se cumpla en las sociedades. La JUSTICIA DEBE: 

.- Debe funcionar para todos los miembros. Desde el mismo núcleo de la sociedad, la familia, se define para sus miembros derechos y obligaciones y el respeto mutuo. En una sociedad, cada uno de sus miembros debe funcionar bajo el acato de las normas que la rigen y considerando los roles y aportes asignados. Cada uno debe ser responsable por el cumplimiento de sus obligaciones, y la justicia debe poder exigirle el cumplimiento, pero también, el respeto de los demás a sus derechos. Las sociedades requieren el aporte de cada uno de sus miembros y no deberían ser aceptables las excepciones, o derechos por encima de la conveniencia que ponga en peligro a la sociedad. Ese funcionamiento para todos los miembros debe contemplar la “oportunidad” en la aplicación de los correctivos, desagravios o solución a las desviaciones. No es justicia la aplicación de soluciones a destiempo. Los dictámenes cuando no tienen efecto hacia la no repetición o restauración dejan de ser útiles.   

.- Debe tener el poder para hacer cumplir sus dictámenes. No se puede concebir el conjunto de normas, leyes y decretos que se basan en los principios morales de cada sociedad, como letra muerta y piezas de anaquel u hoy en día, de archivos electrónicos. El poder judicial debe poder contar con la capacidad de implantar medidas asociadas a sus decisiones o acciones correctivas, preventivas o represivas. El poder de vigilancia, control e imposición de restricciones correctivas es indispensable para que las normas se cumplan en cualquier ambiente donde algunos miembros de la sociedad pretendan colocar sus intereses por encima de los de la sociedad. La fuerza de la razón y los derechos debe estar acompañado por herramientas que no solo reflejen el “poder de convencimiento”, sino que puedan ejercerlo hasta llegar al sometimiento y aislamiento en caso necesario.    

.- Debe tener mecanismos para limitar la repetición de las faltas. La manifestación de inhabilidad para investigar y solucionar casos, la incapacidad para limitar el accionar de los transgresores, la poca agilidad para la reacción inmediata, además de la complejidad de la red de procedimientos, su poca claridad y su vulnerabilidad para la manipulación a voluntad de “expertos”, atentan contra la proyección del poder judicial como herramienta para evitar la proliferación de delitos. Lo ideal para la supervivencia de una sociedad, sería la comunidad de objetivos en medio de principios y valores morales compatibles. Sin embargo, esa situación ideal cada vez es más difícil de alcanzar, ante el crecimiento de las comunidades, la promoción de antivalores de lideres inmediatistas y las debilidades en la formación general. El poder judicial además de apoyarse en la EDUCACION como el otro pilar del funcionamiento de las sociedades, debe crear fortalezas en sus capacidades técnicas, el manejo de la logística, la eficiente administración de recursos y la disponibilidad de un presupuesto acorde con las necesidades. También debe manejar un esquema creativo de “penas creíbles”, efectivas, no asociadas únicamente al tiempo de estas, como es el caso de la “cadena perpetua”, sino a su capacidad de limitar a los transgresores y evitar repeticiones y proliferación por impunidad. Pensar solo en el “tiempo” de las penas como medida para evitar la proliferación de delitos solo podría conducir al exponencial crecimiento de la necesidad de reclusorios, cuidadores, equipo, administradores y presupuesto. 

Debe tener legitimidad, ser reconocido. Probablemente este requerimiento engloba los anteriores, pero además le suma algunos otros aspectos de son necesarios para que sea un poder creíble. La sociedad debe tener confianza en su poder judicial, o dicho en forma coloquial, “Confiar en la JUSTICIA”. Sus administradores no pueden ser algo diferente a ejemplares en el cumplimiento de sus obligaciones con la sociedad, y su elección debe ser completamente transparente y sujeta al escrutinio público. No puede ser manipulable, no puede ser objeto de componendas de grupos con intereses diferentes al bien de la sociedad. La falta de confianza se puede presentar como una “excusa”, para ejercer la justicia por mano propia, o como oportunidad para el manejo de contravalores por minorías dispuestas a destruir desde dentro este pilar de la sociedad.

Así como hay cosas que el poder judicial debe ser, hay otras que no puede correr el riesgo de ser. El poder judicial NO PUEDE SER: 

.- Arma de venganza. Creo no ser exagerado si pienso que cualquier lector de esto puede recrear fácilmente un ejemplo en nuestros países, del uso de las cortes para “castigar” a los adversarios políticos. En estos momentos es público y notorio el uso de la justicia para castigar en un país a quienes se opusieron a la reelección indefinida y en otro, a quienes desean competir en unas elecciones con el candidato en el poder. Acciones enmarcadas fácilmente, en ese concepto malentendido de la política, como la capacidad de eliminar al adversario, en vez de sumar lo bueno de todos y competir honestamente.  

.- Herramienta de populismo. La “justicia populista” es un término que oía en días pasados a raíz de la ventilación de la propuesta de imponer la cadena perpetua para algunos delitos. La campaña para su discusión en el legislativo parecía una campaña de candidatos a un puesto de elección popular y los discursos hablaban de la necesidad de “Pagar por el delito”, “Reivindicar a los menores”, “Castigo ejemplar”. En otro país hermano todavía recordamos las sentencias para desconocer la mayoría absoluta en el poder legislativo, expropiar bienes privados, o disponer a su antojo de reservas, con la promesa “al pueblo” de acabar con la pobreza. Populistas que usan el poder judicial para vender soluciones mesiánicas, muchas veces a personas inocentes asaltadas en su buena fe. ¿Será posible seguir administrando justicia en el país basado en las “tutelas” como herramienta popular para evitar incumplimientos, a la vez que propiciar freno a la acción gubernamental?  

.- Castigo adicional a las víctimas. Vencimiento de términos es una frase tan conocida en nuestro medio que ya existen hasta recetas, para que expertos abogados lo logren como éxito en un proceso. También pudiera catalogarse como castigo adicional a las víctimas, el imponer a los transgresores penas “ejemplarizantes”, que deben ser pagadas con los dineros de todos, incluidas las víctimas.

¿Alguien se habrá preguntado alguna vez cual es el costo de proteger y mantener un recluso por toda una vida? ¿No sería más fácil ponerse creativo y colocar penas partiendo de la base que el culpable debe responsabilizarse por trabajar y producir para cubrir sus gastos y en un ambiente donde no le sea posible reincidir en su falta con la sociedad? Personalmente no me siento nada bien cada vez que oigo a exconvictos mencionando “ya pagué mi deuda con la sociedad” como si los delitos fueran un commodity que se paga en un encierro, con gastos cubiertos por la víctima.  

.- Herramienta de la manifestación de la opinión pública. Últimamente se ha puesto muy de moda la manifestación masiva de la “verdad” de cada uno apoyada en las redes sociales. Esas mismas que sirven para juzgar a cualquiera basados en la lectura de un titular y a veces, la lectura de 140 caracteres. El mejor ejercicio democrático, dirán algunos. El problema es que la justicia no puede estar basada en la democracia de opiniones y menos en la manipulación de la opinión pública mediante la utilización de “emisores contratados”, con el fin de acosar a los administradores de justicia. La justicia y sus dictámenes debe siempre estar basada en la comprobación de hechos y el análisis de la intencionalidad de los individuos envueltos. Cualquier otra cosa es, como le oí decir a un precandidato presidencial, la “Politización de la Moral” en contravía del deber ser: la “Moralización de la Política”   

Es indudable que considerada la importancia de la JUSTICIA como pilar fundamental para el funcionamiento de nuestras sociedades vale la pena hacer todo

lo que esté a nuestro alcance para corregir lo que vivimos hoy como poder judicial en nuestros países. EXIGIR, EXIGIR, EXIGIR en todos los escenarios posibles, la generación de propuestas y compromisos de los aspirantes a ser mandatarios de los encargos de nuestras sociedades. Cada candidato al salir a la palestra publica a solicitar la confianza de la mayoría, debería presentar su propuesta y compromiso concreto de acciones para mejorar el poder judicial y su impacto en el presupuesto durante lo que sería “su mandato”, reflejado en el presupuesto general que también debe proponer.   

Bogotá – Colombia

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