Ama a tu prójimo como a ti mismo

EL ARTE DE COMBINAR EL SI CON EL NO – RICARDO BULMEZ – EL CANDIL – AÑO III – N° 131.

PROLOGO POR ALBANI CORDERO

Dirán cosas de ti que te agraden y otras no. Pero, lo más importante es lo que tú digas y creas de ti. En el mandato de Jesús: “Ama a tu prójimo como a ti mismo…”, Mt. 22, 39, el “ti mismo” es sólido. Si te amas, no tienes nada de qué preocuparte y amarás a los demás de la misma manera. Dios es tu aliado, te ama, te acompaña y te bendice… siempre.

Lucas 9, 18-22

“Un día en que Jesús, acompañado de sus discípulos, había ido a un lugar solitario para orar, les preguntó: “¿Quién dice la gente que soy yo?”. Ellos contestaron: “Unos dicen que eres Juan el Bautista; otros, que Elías; y otros, que alguno de los antiguos profetas, que ha resucitado”. Él les dijo: “Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?”. Respondió Pedro: “El Mesías de Dios”. Entonces Jesús les ordenó severamente que no lo dijeran a nadie. Después les dijo: “Es necesario que el Hijo del hombre sufra mucho, que sea rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, que sea entregado a la muerte y que resucite al tercer día”. Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.

REFLEXIÓN POR RICARDO BULMEZ

Visité a un amigo de mi parroquia llamado Pedro al que se le produjo un ACV. Quedó sin mucho control corporal. No quedó mudo, pero él se negó a hablar, se aisló en un mundo de tristeza y melancolía. Incluso, siendo un hombre sumamente católico practicante, no quería saber nada de su religión.

Decidí ir a hablar con él: “Yo vengo a visitar al amigo -le dije-, no estoy aquí para ver a un feligrés; ni para que te confieses ni traerte la comunión. Esto es tu decisión… si quieres lo haces, nadie puede obligarte”. Mientras le hablaba me miraba con lágrimas en los ojos, pero no pronunciaba una sola sílaba.

Por su esposa, sabía que él era un amante y lector apasionado del gran poeta español Antonio Machado. Dios me iluminó, “por ahí me le voy a meter a este mudo voluntario”, pensé. “Mira Pedro, hay un trovador -le dije, que se llama Antonio Machado- y tiene un poema muy conocido que dice así”:

-“Caminante, no hay camino… –comencé lentamente recitando el poema, aunque no me lo sabía completo- el camino, y nada más…” -y Pedro continuó declamando: “Caminante, no hay camino: se hace camino al andar. Al andar se hace camino, y al volver la vista atrás… Caminante, no hay camino -esta parte la recitamos los dos-, sino estelas en la mar”.

-Pedro -le dije lo más delicadamente posible-, tú has navegado en muchos mares… el de tu juventud, del dinero, de hombre próspero e independiente… casado. El mar de la vida te proporcionó muchas cosas… pero llega un momento, Pedro, en que las olas de la vida nos van arrinconando; y aquellas cosas que un día significaban mucho ya no tienen gran importancia. ¿De qué sirve el dinero en ciertos momentos de la vida?”. A veces, hasta Dios pareciera que nos abandonara; el mismo poeta Machado dice: “Cuando de nada nos sirve rezar”. Como Jesús nos enseñó en la cruz: “¿Por qué me has abandonado?”.

“Bueno, Pedro, yo me voy -le dije-, cuando decidas comer mangos de los buenos, cuando quieras alimentarte espiritualmente… puedes contar conmigo”. Al otro día por la tarde, una de sus hijas me llamó:

-Padre… mi papá me dijo… Me da pena decirle esto… pero le manda a decir que quiere comer mangos… le dije que nosotros se los compramos, pero él insistió: “¡Díganle al padre que quiero comer mangos!”.

-Yo sé a qué se refiere tu papá… -Pedro, esa tarde, comió muchos mangos espirituales.

En el evangelio de hoy aprendí… En algún momento de la vida, todo lo que hemos considerado como valioso no ayuda mucho. Y pensé en la Cruz… y en mi país: “¿Por qué me has abandonado?”.

Pensamiento del día… Jesús preguntó: “Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?”. Pedro respondió: “El Mesías de Dios”. Nadie parecía esperar al Mesías siervo, anunciado por Isaías (Is.42,1-9;52,13-53:12).

Tarea para la casa… Recordando a Jesús “Es necesario que el Hijo del hombre sufra mucho”… Durante los próximos diez días acércate a alguien que esté pasando por alguna crisis existencial y… elevas una oración y le dices una palabra que dé fortaleza.

-¿Y Pedro?

-Está comiendo “mangos” con Dios.

Padre Ricardo Bulmez. rbulmez@gmail.com

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