DE HISTORIA Y ALGO MÁS – MIRELA QUERO DE TRINCA – EL CANDIL – AÑO III – N° 119.
26 de junio de 1961: El Barcelonazo
Hoy vuelve con nosotros nuestro invitado, el doctor Carlos Canache Mata, médico, abogado, político, parlamentario y dirigente del partido Acción Democrática, protagonista involuntario de uno de los duros episodios a los que sobrevivió la naciente democracia venezolana, acosada en los primeros años de la década de 1960 por conspiraciones y rebeliones armadas tanto de izquierda como de derecha.
Se trata del Barcelonazo, atentado del que hoy, 26 de junio, se cumplen 60 años.
Al mando del país se encontraba Rómulo Betancourt, el presidente constitucional triunfador en las elecciones del domingo 7 de diciembre de 1958, a quien le tocó lidiar con estos peligrosos atentados.
Veamos el relato que nos hace nuestro invitado, el doctor Canache, de su experiencia de ese día, relato publicado con anterioridad en el diario El País, de España y en otros medios impresos:
“Entre las 4 y treinta minutos y las 5 de la madrugada del 26 de junio de 1961, un grupo de militares, algunos de los cuales habían participado anteriormente en asonadas conspirativas de los años 1958 y 1960, se apoderan del Cuartel “Pedro María Freites”, de Barcelona, de la sede de la Gobernación del Estado Anzoátegui, de las oficinas de la Digepol, de la Policía Judicial y, después de un tiroteo, de la casa regional de Acción Democrática.
A la misma hora, oficiales del Destacamento 99 de la Guardia Nacional en La Guaira intentaron tomar el comando y posiciones claves del Litoral. En Ciudad Bolívar, fue detenido el oficial Hugo Barillas cuando insinuaba a conspirar a otros oficiales de esa plaza.
Los cabecillas, en el Cuartel “Pedro María Freites”, de Barcelona –ese golpe de Estado es conocido posteriormente con el nombre de “el barcelonazo- son el mayor Luis Alberto Vivas Ramírez y los capitanes Rubén Massó Perdomo y Tesalio Murillo.
En las crónicas de los diversos medios de prensa y en varios libros, entre ellos el de Agustín Blanco Muñoz –“La Conspiración Cívico-Militar: Guairazo, Barcelonazo, Carupanazo y Porteñazo”- hay detalles del hecho y declaraciones del capitán Murillo, del gobernador del Estado Rafael Solórzano Bruce y mías, ocupaba yo entonces la Secretaría General de Gobierno, en representación de mi partido Acción Democrática, en el marco del Gobierno de Coalición presidido por Rómulo Betancourt, que se estableció en cumplimiento del Pacto de Punto Fijo, del que se había retirado URD –como ya vimos- en noviembre del año anterior. De seguidas, haré un resumen de lo acontecido ese día.
Se me buscó en mi residencia y, al amanecer, se me llevó al Cuartel “Pedro María Freites”; escoltado de un piquete de soldados entré sin saludar, por razones de dignidad, al mayor Vivas Ramírez, quien estaba en la puerta de ese establecimiento militar. Fui sentado, rodeado de dos soldados que me vigilan, en el corredor que está frente al primer patio, el patio principal del Cuartel.
Como a las seis de la mañana o un poco más, un militar que no conocía, de tamaño bajo, trigueño, me llama: doctor Canache, hágame el favor. Voy hacia el patio, y entonces se me identifica y me dice: doctor, yo soy el capitán Massó Perdomo, yo soy muy amigo de su hermano el capitán Canache Mata -yo lo interrumpo y le digo que éste no es hermano mío, sino primo doble- y quiero decirle que ha habido un golpe, de carácter nacional, debe producirse ahora el levantamiento de otros cuarteles y quiero decirle que su vida no va a correr ningún peligro, lo mismo que la vida del gobernador del Estado, quien va a venir dentro de pocos momentos. Efectivamente, poco tiempo después, alrededor de las siete de la mañana, llegaron el gobernador Solórzano y el director de Política, Efraín Landa, quienes también fueron sentados en el mismo corredor, a mi lado.
Había un gran movimiento en el cuartel. Muchos civiles, vestidos de militares con un brazalete amarillo, entraban y salían. Serían algo así como las diez de la mañana, cuando un soldado, ametralladora en mano, se acerca y me dice: doctor Canache, hágame el favor, acompáñeme. Me levanto y lo acompaño, me lleva al local de la cocina. Allí me dice: yo soy el sargento Piña, usted es de Píritu y mi esposa es también de ese pueblo y lo conoce a usted; yo quiero salvarlo, va a comenzar ya la recaptura del cuartel, va a haber mucho plomo, y es posible que una bala loca, en ese corredor a la intemperie en que están, mate a cualquiera de ustedes. Lo he traído para dejarlo aquí.
Pasó rápidamente por mi mente el recuerdo del escondite de Antonio Leocadio Guzmán en una cocina, le dije que le agradecía su gesto, pero que no podía quedarme sin que trajera también al gobernador y el director de Política; me respondió que eso no se podía hacer porque sería muy notado, entonces le pedí que me llevara de nuevo a mi asiento en el corredor, y así se hizo.
Les estoy contando a mis compañeros de gobierno mi conversación con Piña cuando, en cuatro o cinco minutos, comenzó la recaptura del cuartel y se escuchan los tiros, centenares de tiros, mientras unidades de combate de la Aviación hacían pases rasantes sobre la guarnición, a nuestro lado cae herido Efraín Landa que empieza a sangrar, y, después de haber permanecido tirados al suelo mientras tronaba el plomo, al terminar éste, el teniente Ramón Carrasquel, jefe de la recaptura, el sargento Piña y otros soldados rompen la puerta del casino y nos introducen en él. Desde allí, el gobernador Solórzano y yo anunciamos la recuperación del Cuartel “Pedro María Freites” para el gobierno democrático, a través del teléfono, que se encadena con las emisoras locales “Ondas Porteñas”, “Radio Barcelona” y “Radio Puerto La Cruz”.
Salimos del casino, los militares nos meten en una camioneta, dejamos a Landa para que trataran su herida en la Clínica “Guzmán Lander”, y el gobernador Solórzano y yo seguimos hacia la sede de la Gobernación (yo pasé por la casa de Acción Democrática, que había sido recuperada, y dirigí unas breves palabras a la multitud allí congregada).
Es en la Gobernación donde el gobernador y yo nos enteramos de que hubo alrededor de 16 civiles muertos en el Cuartel y 10 heridos de gravedad, de los cuales 4 murieron cinco o seis días después en el Hospital Razzetti, de Barcelona.
Los civiles comprometidos en el fracasado golpe, hicieron correr la especie de que en el Cuartel hubo fusilamientos, lo que ha sido desmentido por diversos medios hasta por algunos de los cabecillas militares participantes de la conspiración. El presidente Betancourt se refirió a esa asonada militar en un acto de masas, celebrado en la plaza de El Silencio de Caracas con motivo del tercer aniversario del Gobierno Constitucional, en estos términos:
“El último episodio de esa recurrencia dictatorialista es lo que se conoce en el argot político de Venezuela como el ‘barcelonazo’. Se infiltraron unos oficiales retirados y un grupo de civiles en el cuartel Freites de Barcelona y allí la mayoría quedaron tendidos y otros están en la cárcel, porque quien se introduzca en un cuartel en Venezuela no será recibido con serpentina y confetis, sino con plomo”. Sin caer en el exceso de acciones repudiables, por cobardes, como serían los fusilamientos a personas indefensas.
Monterey – Estado de Nuevo León – México.
