Eugenio Montoro

Casi todas las plantas de la refinería de Amuay usaban como identificación “AY” que son las dos letras finales de Amuay. Se iniciaban con dos letras indicativas de la planta y se les agregaba un número. Por ejemplo, una planta de producción de azufre (sulfur plant) tomaba las letras “SU” y se les agregaba el “AY”. Así que SUAY-1 era la planta de azufre de Amuay número 1.
Una planta de hidrógeno era HYAY-1 (hydrogen plant) y eso era lo oficial, aunque luego la tumba latina le inventase algún remoquete como el de aquél ruidoso e importante compresor al que le pusieran “el malquerido” de tantas vainas que echaba.
Posiblemente ninguno de los que hace tiempo trabajamos en Amuay pudimos imaginarnos el sentido que tendría el viejo “AY” para referirnos ahora, como expresión de luto e infinito dolor, a la inmensa tragedia causada por una explosión que terminó con decenas de vidas.

La mayoría de las investigaciones sobre estos terribles casos poseen la miopía de concentrarse en el detalle local y no en la historia completa: “el trabajador no cumplió con las normas establecidas”, “se violó tal o cual procedimiento”.
Pero bien escrito está en muchos informes que la alta gerencia de PDVSA pospuso mantenimientos necesarios para usar esos dineros en sabe que otra cosa. Se disfrazará la responsabilidad de la Junta Directiva en usar miles y miles de horas de personas de dedicación a las plantas para llevarlas a pendejadas de proselitismo político y se ignorará la desviación de atención gerencial a un negocio tan recontra complejo como el petrolero para, entre otros muchos disparates, vender pollos. El caso de Amuay debe incentivar la revisión de las zonas de seguridad.

Esto está establecido desde hace mucho tiempo. Son extensiones de terreno muy amplias alrededor de las instalaciones industriales donde no debe haber personas viviendo, de manera que si hay un evento nadie salga perjudicado. Por ejemplo, la refinería de “El Palito” tiene varias esferas con gas muy cercanas a la población y eso debe corregirse. Una de las pocas áreas que estableció bien su zona de seguridad fue Pequiven en El Tablazo.
El pueblo de “El Hornito” y otro caserío muy cercano al Complejo fueron reubicados con lo que se cumplió el objetivo. Pero como las malas creencias usualmente dominan a las buenas El Tablazo aún carga su cruz y la fama de ser una “bomba de tiempo” y que si “pasara algo” en Maracaibo habría un gran desastre.

Buena parte de esa ridícula estupidez se la debemos a las exageraciones de un cura local que hasta llegó a compararlo con otro “Chernobyl”. Pues es bueno que se sepa que eso es una mentira podrida y ningún evento, por grande que sea, afectará a Maracaibo o a las zonas aledañas al Complejo que, desde hace años, luego de establecer su zona de seguridad, es quizás una de las instalaciones más seguras de Venezuela
» El Complejo Petroquímico El Tablazo que, desde hace años, luego de establecer su zona de seguridad, es quizás una de las instalaciones más seguras de Venezuela»
E. Montoro
Maracaibo, 06 de abril de 2019
