Boulanger Solé

LA CALLE 2 – SIMÓN PETIT – El Candil Pedregalero – Año II – N° 100 .-

Hay quienes vinieron a este extremo del país habiendo nacido en el otro, ese donde también nace el sol y no es precisamente el Esequibo. Una de esas personas es memoria del Punto Fijo de mis recuerdos. Aunque llegó desde Caracas, Alberto Boulanger Solé nació en El Yopo, eso queda en Sucre, Península de Paria, cerca de Gûiria.

Quien tuvo la fortuna de conocerlo, que es decir medio Punto Fijo, o quizá más, sabe que fue un hombre honesto, trabajador y un terco recomendador de literatura general para quienes creemos que los libros y las bibliotecas –como decía Jorge Luis Borges- son el paraíso.

Desde que tengo uso de razón, solía ver a Don Alberto parado a las puertas de la Librería El Carmen para dar la bienvenida a los clientes que iban en busca de algún libro específico porque había escuchado en la radio que si no lo conseguía en El Carmen era porque ni en Caracas lo encontraría. Lo cierto es que allí estaba él, con un porte y esa imagen que confundía al más pintado porque así pasaran 20 años, Boulanger, seguía “igualito” físicamente a como lo conocieron.

Jocoso por demás, también fue muy respetuoso con todo aquel que buscaba algún consejo de su parte, pues, si era librero, debía saber de todo un poco por la cantidad de lecturas que se supone tiene. Y en verdad, no decepcionaba porque ciertamente, Boulanger de todo sabía un poco; hasta cómo fue y quienes comenzaron a construir esta ciudad del viento y recién llegada, entre los cuales, él también formó parte.

A mi me gustaba escucharlo, incluso reír; pero reír a carcajada limpia cuando en el Ateneo de Punto Fijo, del cual fue un asiduo asistente, el Teatro Espejos presentaba alguna comedia. Estallaba la risa en medio de la oscurana del auditorio y acto seguido el resto de las personas se contagiaba con Boulanger gozándose el momento de la obra. En oportunidades, se levantaba de su asiento para aplaudir frenéticamente la ejecución de alguna pieza musical a manos de un solista o agrupación. Así de sensible era.

Y es que Alberto Boulanger Solé fue ese Punto Fijo que ya no vuelve, aquel cuyo centro de la ciudad era una fiesta y El Carmen era epicentro de tertulia intelectual y promoción cultural.

Hoy se despide con el mayor de los honores y respeto que la ciudadanía pueda darle a quien contribuyó enormemente con su desarrollo.

Para el puntofijense Boulanger será ese personaje junto a otros tantos que siempre se recordarán. Seguramente, desde hoy estará en el cielo para esperar a quienes en su momento también decidamos ir a buscar un libro y gentilmente abrirnos las puertas de la librería celestial que, vuelvo a tomar la imagen de Borges, es el verdadero paraíso.

Por cierto, que Boulanger fue un gran bailarín. Al llegar a las fiestas, tan pronto se daba la oportunidad, al terminar el protocolo de los saludos y la conversación casual, agarraba de la mano a su esposa y comenzaba a bailar hasta que terminaba la fiesta. Fue además un excelente anfitrión con las visitas que gentilmente recibía de sus amigos en su hermosa vivienda cerca de la Plaza Bolívar de Punto Fijo.

NOTA: Imágen de portada tomada de la página «Remembranzas Paraguaneras» por Juan José Pirela el 6 de febrero 2021, de una publicación realizada en CACTUS 24.

Punto Fijo – Península de Paraguaná – Estado Falcón – Venezuela

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