CUENTOS DE ALOCHA EN UNA CUARTILLA – LUIS RAMÍREZ SÁNCHEZ – EL CANDIL PEDREGALERO – AÑO II – N° 39.-
En aquel lejano andar del viejo Pedregal, se suscitaban ocurrencias domésticas dignas de volver a vivirlas en estas notas escritas, aunque lo único que no ha cambiado es la eternidad en el uso de este lápiz Mongol con el que se hace presente ese pasado reciente con todos sus escenarios disponibles.
Todo despertar era un cantar de gallos; desde el tradicional Barrio Chimpire con los estridentes cantíos de la incontable cuerda de gallos del padrecito Camacaro, hasta el cantar melodiosos de los pirócos del gallero mayor Ramón Sangiovanny por allá por los predios de La Quebraíta, cuyos madrugadores conciertos hacían eco en las faldas del Cerro Miracielos; al que las ancianas de mi pueblo llamaban El Cerro de Don Carlos.
Pero antes de que cesara aquel monumental concierto enclavado en la ruta del sol naciente, Roso Roberty hacía despertar aquella reata de jumentos desde el Sureste para dar inicio entre rebuznos asnales, a las tareas de acarreo de agua dulce desde el Tanque Viejo, que tenía como antesala la monumental Mata de Isiro con sus enormes brazos extendidos semejando una cálida bienvenida a los fajineros del pueblo.
Todo se volvía un afán matutino y una que otra bandada de Daras trasnochadas completaban aquel rutinario amanecer acrisolado por las cornetas estridentes de los vetustos autobuses de Antonio Delmoral y Ciprianito alertando a los somnolientos pasajeros que deberían ser trasladados hasta el Centro Cívico de Cabimas para las diligencias de rigor.
El escenario se hacía más sublime cuando en los suburbios del pueblo, como lo son Santa María, La Línea y El Tendal se escuchaban serenatas de trovadores enamorados, asistidos por Paco y Marco El Chamaco que procuraban que aquellas hermosas damas, olorosas a Polvo Sonrisa se dignaran abrir los postigos para agradecer los cantos balbuceantes de sus pretendientes.
El sol radiante descorre el velo fulgurante en el Viejo Pueblo y se inicia la rutina de perros desperezándose en las calles, balidos de ovejas y cabritonas dando saltos gimnásticos como adolescentes celebrando el nuevo amanecer, mientras Chejendé, el pordiosero itinerante que cada trimestre inicia su periplo de visitas ; llega al pueblo comenzando por la Bodega Democracia de Nicolás Leal en donde se le da la aperitiva bienvenida con las sobras de Cerveza Regional, que quedaron en el casillero que consumieron los distinguidos clientes de la parranda de anoche … y no pregunten quienes eran porque ustedes conocieron más que yo los más asiduos consumidores de aquel legendario Bar bodega atendido amablemente por el personaje a quien las ancianas de mi pueblo llamaban (por mal nombre), EL PADRE SÁNCHEZ.
Coro, Estado Falcón-Venezuela
Miércoles, 05 de febrero de 2020

Buen día Sr Luis…Leo su crónica de Pedregal..extraordinaria..Reciba un afectuoso saludo de Pedro Celestino Morles Olivera de Purureche…tengo un pequeño libro sobre mi pueblo..»Purureche Remembranzas y reflexiones…algunos ejemplares ya han circulado por esos lares….Saludos…