LUZ VARELA-De como la crisis en Venezuela no ha sido orquestada por la derecha ni por “EL IMPERIO” y de otros simplismos. (Segunda parte)

Dra. Luz Varela

Dra.Luz Varela-De como la crisis en Venezuela no ha sido orquestada por la direcha ni por el imperio y otros simplismos (Segunda parte)-El Candil

Muchos de quienes emiten opinión sobre Venezuela lo hacen a partir de una teoría de la historia latinoamericana reduccionista (como la Teoría de la Dependencia) que lleva a generalizaciones ahistóricas. (Hay incluso algunas interpretaciones históricas basadas en teorías más complejas, pero, aun así, llegan a las mismas genéricas conclusiones).

Tal mirada simplista sobre América Latina permitió al comandante engañar con su discurso a la izquierda internacional, la cual ha interpretado la historia venezolana según sus teorías (o creencias) y, posiblemente, en base a su propia experiencia nacional, pero no según los hechos y los procesos históricos venezolanos.

Por lo general, nuestra historia es desconocida y, por ello, muchos aceptan, acríticamente, la narrativa del régimen. Esta narrativa, por otra parte, omite la entrega en condiciones poco claras y sin aprobación de la Asamblea Nacional, de grandes extensiones del territorio venezolano en el llamado Arco Minero, cuya explotación está afectando de gravedad la vida de las comunidades indígenas y destruyendo nuestras reservas ecológicas, además de representar un saqueo a la nación, por el secretismo en los contratos de entrega de los territorios mineros.

En Venezuela no hay una lucha entre derecha e izquierda. Es un enfrentamiento entre civilismo y militarismo, entre una oposición institucional y una delincuencia organizada que se ha apoderado de las riquezas de la nación.

La que el entonces teniente coronel retirado denunciaba como realidad nacional cuando llegó a la presidencia en 1999, es, paradójicamente, la que ha sido creada como resultado de su gestión: Una mayoría de venezolanos empobrecidos, enflaquecidos, mal alimentados, con un sistema de salud público en ruinas que condena a muerte a quien no pueda comprar en dólares en el mercado negro los medicamentos y otros insumos que necesita para una operación quirúrgica o para realizar cualquier tratamiento médico de emergencia. (De igual modo, con mucha dificultad se puede acceder a tratamientos rutinarios).

La mayoría de los venezolanos como mucho dispone de 20 dólares al mes; ¡pero los productos médicos para una intervención sobrepasan los mil dólares! De allí la catástrofe humanitaria que se vive en Venezuela.

Al Estado ya se le dificulta dotar a los hospitales de los insumos básicos; ni siquiera puede dotarlos, en estos momentos, con plantas eléctricas de calidad para restablecer la electricidad, que falla constantemente, afectando a los pacientes durante las cirugías o a quienes están conectados en cuidados intensivos. (Por cierto, casi todos los hospitales públicos fueron construidos antes de la “revolución”, con la excepción del Cardiológico Infantil de Caracas -el que hoy se encuentra en un estado lamentable- que fue inaugurado por el comandante, y de los cientos de CDI, también creados por él.

Estos últimos son Centros de Diagnóstico Integral atendidos por “médicos” integrales cubanos (o venezolanos que han ido formando al efecto) que solo prestan atención primaria, para lo cual tienen el necesario equipo e instrumental.

Pero no están dotados con los equipos adecuados ni con el personal médico calificado que les permita realizar, siquiera, alguna cirugía menor. No pueden, aún menos, atender emergencias de gravedad, heridos, infartados, partos, etc.).

Actualmente los hospitales venezolanos están en franco deterioro, derruidos, sin presupuesto adecuado para su mantenimiento y con una infraestructura construida hace más de 20 años para atender a una población infinitamente menor.

Cuando el régimen consigue algún crédito para dotarlos, las redes de distribución, controladas por militares, desvían los rubros médicos hacía el mercado negro; esto es: hacia el “bachaqueo” de medicinas. Pero el “bachaqueo” no es producto de guerra económica alguna.

Es capitalismo salvaje en acción y no, precisamente, de la mano de empresarios tradicionales. Los controles, regulaciones y expropiaciones llevados a cabo por el régimen han propiciado la creación de redes paralelas de comercialización en cuyo vértice superior se sitúan oficiales de alto rango, quienes controlan y distribuyen en el mercado negro los bienes imprescindibles para los venezolanos (como alimentos y medicinas, entre otros).

Mérida-Estado Mérida-Venezuela

05 de octubre de 2019

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