Por Dra en Historia Luz Varela

Los venezolanos no solo sufrimos graves problemas de alimentación y de salud. El sistema educativo ha sido casi destruido pese a la creación de un número incontable de universidades.
Algo que, de no ser grave, sería risible porque una universidad no se crea simplemente por decreto, por voluntarismo, ni menos, de la noche a la mañana. Mientras, las universidades nacionales públicas y autónomas (gratuitas desde 1958, con el nacimiento del sistema democrático) han sido arrinconadas porque nunca se plegaron al poder.
No lo hicieron ni en los años sesenta cuando más bien dieron cobijo a los militantes del PCV y del MIR ? partidos de la izquierda venezolana ? en su proceso de lucha armada, ni más tarde, tras la Pacificación de los grupos irregulares (1969).
De hecho, durante la década de los años setenta muchos guerrilleros fueron incorporados como profesores universitarios. Incluso, algunos entraron al Congreso Nacional como diputados tras elecciones limpias y transparentes (no como las que se vienen realizando en Venezuela desde hace 15 años, con un CNE chavista, “comprometido con la revolución”; o sea, plegado al poder).
Nuestras universidades nunca fueron ni de “derecha“ ni “fascistas“, y esto es tan cierto que, por ejemplo, dieron cabida también a muchos profesores exiliados de las dictaduras del Cono Sur. Pero cuando el teniente coronel llegó al poder en 1999, intentó “poner orden” en las universidades esperando orientar las políticas académicas, ante lo cual aquellas defendieron su autonomía, su pluralidad y su libertad.
De allí la necesidad que tuvo el régimen de crear sus propias «universidades» y, según su noción de democracia, de ahorcar financieramente a las que calificó como «universidades al servicio de la oligarquía». (No entiendo cómo puede ser considerada como oligarca una universidad pública. A menos que se considere como oligarca la defensa de la libertad académica, además del hecho de insistir en mantener un alto nivel de exigencia).
La mal llamada revolución en absoluto puede alegar que ha resuelto el problema alimenticio, de salud o educativo en Venezuela. No hay precisamente muchos logros sociales que defender. A menos que pueda entenderse como un avance revolucionario, la entrega (irregular en el tiempo y en las cantidades entregadas) de una caja o una bolsa con algunos alimentos, a un sector de la población.
Los receptores de tales dádivas, en contraparte a tal “beneficio” deben ser “leales” y marchar con una camisa roja; firmar en donde haga falta; votar en los continuos y reiterados “procesos electorales“, pero a condición de mostrar el votante una fotografía del talón de votación o el propio talón, tras escanear el carnet de la patria en los llamados “puntos rojos” ubicados, abiertamente, en las adyacencias de los centros electorales (violando la ley electoral vigente).
Si algún sector se ha apoderado de la riqueza de Venezuela es la élite formada a partir de 1999, la cual sí funge como oligarquía. Sí se ha apoderado rapazmente de nuestra riqueza y ha permitido que los cubanos, chinos y rusos también lo hagan a cambio de apoyo político, militar y/o financiero.
Venezuela está ahora arruinada, es verdad, pero este es un logro de la élite “revolucionaria”. La cantidad de dinero que han sacado de nuestro país es inconmensurable. No puedo escribirla pues siempre salen a la luz cifras nuevas y mi capacidad de abstracción matemática se anula ante números de tal magnitud.
Los venezolanos y la comunidad internacional informada son conscientes del robo perpetrado por estos delincuentes, pues la exhibición de su riqueza es pública y notoria. Basta con hacer un seguimiento de las noticias que informan sobre el congelamiento de las cuentas personales y de los bienes que funcionarios y militares venezolanos poseen en países extranjeros. Son cuentas con montos extraordinarios: millones, cientos de millones y hasta miles de millones de dólares.
Es cierto que ante había corrupción pero lo sucedido en Venezuela en los últimos 20 años es único en la historia. Nunca una élite había robado en las magnitudes ni con la rapacidad y crueldad con la que ellos lo han hecho. Un doloroso ejemplo es el caso de los bolichicos, quienes estafaron a la nación con la compra en Rusia y China, de plantas eléctricas usadas para dotar y resguardar a los hospitales al presentarse fallas en el servicio eléctrico.
Muchos han fallecido cuando estas plantas dejan de funcionar en momentos críticos de las intervenciones quirúrgicas y en las salas de cuidados intensivos. ¿Nadie en el régimen supo que los bolichicos compraron chatarra que entregaron como si fuesen plantas eléctricas de primera? Es de advertir que los bolichicos no pertenecen a ninguna “rancia oligarquía venezolana”.
Son un grupo de jóvenes, hijos y amigos de altos funcionarios y militares vinculados con el poder, que hicieron de las suyas impunemente. Por ese estilo podrían referirse muchos casos más de corrupción. Ad Infinitum.
Cuando el teniente coronel llegó al poder en Venezuela, el precio del petróleo se situaba alrededor de los 15 dólares. Aun así el país funcionaba y PDVSA era muy próspera. Pero era autónoma, algo que no gustaba al nuevo presidente quien tuvo la suerte de que el petróleo subiera de precio deforma creciente y acelerada durante su mandato, sobrepasando los 110 dólares por barril (que, sabemos, los pagó consecuentemente el “imperio”).
La bonanza petrolera le permitió al comandante actuar a modo de una mezcla de jeque y Jesucristo, repartiendo dinero a manos llenas, sin hacer reinversión, y sin pensar en ahorrar para cuando llegara el tiempo de las vacas flacas. Y a pesar de su prédica antiimperialista, nunca dejó de venderle petróleo al “malvado imperio”.
En principio, no le fue fácil al comandante hacerse de forma discrecional con los fondos de PDVSA. La empresa era autónoma y al funcionar según los principios de la economía, se negaba a entregar el dinero de forma descontrolada. Por este motivo el comandante decidió forzar la situación. Así, la primera empresa del país, nuestra gallina de los huevos de oro, expulsó a sus profesionales más capaces (pero críticos con el régimen).
Aproximadamente 20 mil de 28 mil empleados que tenía la empresa fueron despedidos en 2002. A partir de ese momento, la empresa pasó a funcionar como propiedad del presidente; además, se vio desbordada por la contratación de más de 120 mil empleados cuyo mérito profesional, en la mayoría de los casos, era su carnet revolucionario. Posteriormente, el precio del petróleo bajó en 2009 (aunque no llegó a las cifras tan bajas de los años ‘90).
El barril se recuperó en 2011, pero nunca más pudo hacerlo la industria petrolera venezolana. De más de tres millones quinientos mil barriles diarios que producía a comienzos del siglo, actualmente produce alrededor de un millón quinientos. Incluso, tales cifras suelen ser cuestionadas por la OPEP, organización que ha llegado a exigirle al régimen transparencia en sus números pues los que aporta ya no le resultan confiables.
Mérida-Estado Mérida-Venezuela
13 de octubre de 2019
NOTA: El Candil Pedregalero ha sido autorizado por la profesora en Historia de la Universidad de Los Andes, Dra. Luz Varela, a la publicación de su artículo, el cual fué difundido a través de las redes sociales sin título. Esta es una versión ampliada y corregida y ha sido segmentada con su autorización.