Del socialismo a la tiranía solo hay un paso.

AUTOR INVITADO – ENFOQUE LIBERAL – EL CANDIL – AÑO IV – N° 159.

El sempiterno problema de gran parte de Latinoamérica que periódicamente elige gobernantes de tendencia socialista, y que siempre terminan por ahondar los problemas de sus respectivos países, no funda sus raíces exclusivamente en la calidad moral de los políticos, sino en el pobre criterio de los electores quienes, a pesar de las innumerables demostraciones que existen acerca de las nocivas políticas orientadas hacia el crecimiento del aparato estatal, siguen eligiendo al demagogo que, como todos los anteriores, promete hacer todo lo que los anteriores no hicieron.

Pero además de eso, está el problema de la endeble delimitación del alcance del poder político que se le confiere a un gobernante. Y es que ningún mandatario, por más incapaz que fuera, podría llevar a su país a una situación indeseable si sus funciones y lo que estas abarcan no trascendieran más allá de lo que realmente les corresponde: preservar los derechos individuales.

Mientras eso no sea corregido, ni aunque los electores y candidatos fuesen idóneos —algo claramente utópico— se va a terminar el eterno ciclo de asunciones de incapaces demagogos al poder.

Un Gobierno que emplea irresponsablemente el poder que los gobernados le han conferido con la finalidad de preservar sus derechos y así procurar la sana convivencia en sociedad, provocando de esta manera el caos, descontento e inestabilidad de sus instituciones, es un Gobierno claramente ilegítimo que tiene que ser revocado a la brevedad y sustituido por uno nuevo.

Esta labor la pueden llevar a cabo los representantes políticos del pueblo o, en circunstancias más difíciles, el propio pueblo.

Pero si al pueblo se le prohíbe protestar por el descontento y constante perjuicio que el Gobierno está causándoles, entonces ya no solo estaremos ante un régimen ilegítimo, sino ante uno tiránico. Y cuando la situación escala a tal punto, es completamente válido rehusarse a acatar las disposiciones de las ilegítimas autoridades y presionarlos hasta lograr su remoción.

NOTA DEL EDITOR: Artículo publicado originalmente en la página «Enfoque Liberal»; compartido en El Candil con autorización de su administrador.

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