SIMÓN PETIT.- El Candil Pedregalero – Año II – N° 74 – Sábado, 15 de agosto 2020.-
En Valle de La Pascua había una familia de abogados, muy conocida, los Flores Díaz, que se habían enriquecido con litigios de tierras y ganados. Pero había uno de ellos que no se había graduado de nada y era conocido en el pueblo como “El Bachiller Flores Díaz”. Todo el mundo lo llamaba así. Y, cada vez que había una reunión, la gente se refería a los integrantes de la familia como “los Doctores Flores Díaz”, menos al bachiller.
Como se sentía disminuido, el Bachiller Flores Díaz decidió estudiar en la Universidad Santa María, en Caracas. Los fines de semana salía de su hato, en Tucupido, con su sombrero, liquiliqui y unos bigotes como los de Pancho Villa, y se iba a la capital de la república.
Allí fue comprando uno a uno a los profesores hasta que por fin “aprobó” todas las materias. Cuando terminó los estudios decidió hacer una fiesta en su hato para informar que había dejado de ser “bachiller” para convertirse en “doctor”.
Montó una tarima, con unos micrófonos, invitó a las autoridades, al pueblo de La Pascua, mató una res, y ofreció licor y carne en vara para todo el mundo.
Manuelote, el capataz de Flores Díaz, le informaba a medida que iban llegando los invitados.
– Bachiller Flores Díaz, acaba de llegar el Presidente del Estado.
– Hágalo pasar, Manuelote, y me lo sienta aquí a mi lado en la tarima.
– Está bien, bachiller.
– Bachiller Flores Díaz, que acaba de llegar la familia del importante ganadero Humberto Martínez.
– Atiéndamelo bien, Manuelote, porque ese muérgano tiene mucha plata, hasta una mina de oro tiene por allá por El Callao.
– Muy bien, bachiller.
– Bachiller Flores Díaz, que acaba de llegar el Mocho Ledezma.
– Páselo, Manuelote, pero me lo tiene vigilao porque ese mocho es muy ocurrente.
– Muy bien, bachiller; ya vengo, bachiller.
Como los micrófonos estaban abiertos, la gente oía cada vez que Manuelote le decía “bachiller”, lo que producía una risa general.
Fastidiado, Flores Díaz esperó el momento apropiado para dirigirse a Manuelote y decirle con una gran seriedad:
– Mire, Manuelote, le tengo que informar una cosa, yo estudié y me gradué de abogado en la ilustre Universidad Santa María de Caracas. Así que, para su conocimiento y fines consiguientes, quiero que sepa que ahora yo soy Doctor.
Al saber la noticia, Manuelote se emocionó y le dijo:
– Lo felicito, Bachiller.
Autor: Gonzalo Fragui.
Recopilado por Simón Petit.
Punto – Fijo – Península de Paraguaná – Estado Falcón.
