ORLANDO URDANETA – EL CANDIL – AÑO III – N° 147.
Se trata de “El país que militó”. Lo llamo El país que milito porque ya no lo habito, no soy ciudadano de mi patria, técnicamente hablando. No tengo cédula, ni mucho menos pasaporte; luego simplemente lo milito; y lo milito porque lo porto 24 horas al día, de los siete días de la semana; los 12 meses del año lo pienso, y lo respiro todos los 60 minutos de cada hora; claro, los tonos varían su intensidad, a ratos me pega su brisa, siento su clima, como a ratos huelo sus flores, o su música me silba una melodía llena de fotos, imágenes de lugares y personas, oigo nuestras risas, me caminan por la mente momentos de todos colores.
Lo que pasa es que inevitablemente, en algún momento de cada hora, lo tengo que leer, tengo que verlo gritar, llorar, sangrar y agitarse en la diminuta pantalla de mi celular, y es allí donde más reencuentro mi venezolanidad.
Es Entonces cuando mi ser militante tiene que responder, hacer algo, comentar, opinar, y entro en el bucle de la ola, de esa revolcada de espuma salada que me ahoga y parece que no me va a dejar respirar la siguiente vez.
Entonces me sacudo, saco la cabeza, busco aire, luz, trato de ser coherente, de decir cosas que molesten lo menos posible, pero que le abran los ojos a muchos, y esos momentos de indecisión, cuando logras dominarte y no desenfundar de inmediato de la cadera, esos momentos desgastan, se llevan la energía, ese saber que estás en lo cierto, o al menos en tu cierto, y contenerte para que no se depriman muchos, para no herir a tantos, pero sabiendo tú lo que debes decir, y consciente de que si no lo dices ellos van a sufrir las consecuencias, ellos serán los más perjudicados, sí, pero ¿cómo lo explicas?, ¿cómo le cuentas la verdad sobre quién es realmente el niño Jesús o Santa Claus? ¿cómo le rompes ese brillo de fe ciega en sus ojos, esa sonrisa de la ilusión permanente, y la confianza irrestricta en ese Mesías? que llegó cuando todo estaba perdido, cuando nada ni nadie nos podía salvar, ese Chapulín con todo el equipamiento, guapo, joven, simpático. Hay gente que hasta le ve la túnica y hasta las sandalias, lo ven que se desplaza, imaginan que levita, ven como sus rulos color castaño rebotan con suavidad sobre sus hombros. Levanta la mano y siente que va a poner sus dos deditos juntos, y que les va a echar la bendición; que sí ayer predicó en La Guaira; la semana pasada apareció en Isnotú; dicen que vendrá a Táriba; lo esperan en Guasdualito, hoy predica en Guasdualito, y también en San Fernando antes de ir a La Asunción; va regando su palabra desde Guachar al Cajón; de Cazorla a Palo Santo.¿Quién?, quién sino un desquiciado mental se atreve enlodar ese celofán; ¿qué obtuso ser sin sentimientos, corazón, ni alma, osa, del verbo osar, osa mancillar la prístina imagen que desde esa bendición del cielo con corbata nos está ofreciendo la redención?
Yo le voy a decir quien. Es alguien que los quiere muchísimo, que los ama tanto que se compra el riesgo del desprecio, que no le importa que le escupan a la cara porque los ama mucho más de lo que se aman ustedes, que entiende perfectamente la seducción que los embruja, pero tiene como obligación despertarlos de la hipnosis de la burundanga política montada a cuatro manos por unos y otros; Sacarlos de esa Narnia estupefaciente que los está hundiendo en los pantanos movedizos de la fe ciega, la misma fe ciega con la cual han llevado al poder a unos y otros sin la menor exigencia de credenciales ni historial de logros. nos compramos un bateador emergente en cada oportunidad. Todos los compramos de contado y sin ambages.
Pero mi amor, es que tiene meses en la caja y no le ha hecho swing a nada; dejó pasar mayo, o mejor dicho, le dio mayo un día antes de lo debido, dejó pasar los marines, abanicó noruega y ahora tiene a barbados en posición anotadora.
Ustedes me dirán queridos fanáticos sí ya no provoca mandarlo a las duchas; Aaaa pero no hay otro; es verdad, con esos bueyes hay que arar, es muy cierto. No propongo nada diferente, ¡no!
Bueno, al menos acompáñenme en esta parte: que nombre un gabinete, que ponga un ministro de la defensa, aunque esté en el exilio, porque de los más de 50 países que apoyan no se conoce el nombre de un solo consul ad honoren, ¡ad honoren! y mientras tanto en cada nombramiento develamos la sombra de un corrupto, o al menos de un cuestionable ¿se dan cuenta ya porque soy militante? ¿porque milito en las fuerzas del mejor país?
No puedo pretender como ustedes no se hacen la pregunta que yo me hago: ¿Para quiénes crearon este exclusivo club de Tobi, donde no dejan entrar a más nadie? ¿Por qué aquí sí y allá no? ¿Por qué aquellos no y esto sí? ¿Por qué aquellos y no estos?, ¿por qué si todos somos iguales, algunos somos menos iguales que otros?
Es aquí donde me siento en la obligación nacional de ocupar mi puesto de trinchera, mi rol de piedra en el zapato, cumplir mis órdenes de militante y servir de Klever para tragarme las balas que hagan falta con tal de que se digan las cosas, qué se expongan, que se queden en su hipotálamo al menos, y detener el triste “no vale, yo no creo” de este sida político, qué es el mismo, es el castrochavismo contaminante que por no querer dejar órganos sanos. ni el órgano de la capilla se va a salvar.
NOTA DEL EDITOR:
Tomado del programa “UNTITLED Ep 3 con Carla Angola”, publicado en la plataforma YouTube. el 19 de agosto de 2019.
No podía ser otro que Orlando Urdaneta…. Excelente…»No vale, yo no creo»…. GRACIAS Orlando, ayer, hoy y siempre…