El pasado es un prologo

LA CALLE 2 – SIMÓN PETIT ARÉVALO – EL CANDIL – AÑO III – N° 153.

Deberíamos usar el pasado como trampolín y no como sofá

Harold Macmillan

Si veinte años no es nada como dice Gardel, siete imagine Ud., qué será. Y es que todo pasa tan rápido en un abrir y cerrar de ojos, que cuando menos pensamos, aquel hijo que llevábamos al maternal de la escuela, hoy ya tiene en sus manos un título universitario, vestido de toga y birrete.

Es así, y no nos damos cuenta que ese invento del hombre al cual le dio por llamar, tiempo, eso que existe y a la vez no, nos consume sin darnos cuenta a diario y nos demanda por los aportes que hemos dado en nuestro tránsito vital a la familia y por extensión a la sociedad.

Ahora, ¿por qué digo siete años al inicio de este escrito? Pues porque en ese tiempo nuestra ciudad mariana, la colonial, la patrimonial, la peor es nada como dicen algunos malagradecidos, cumple quinientos de su encuentro con los colonizadores llegados del viejo mundo.

Hay quien piensa que no hay motivos para celebrar, y hay otros que sí. En fin, dice un proverbio ruso que “Añorar el pasado es correr tras el viento”, y con esto digo que nunca vamos alcanzar ni asir el pasado en forma concreta para medirlo realmente en su esplendor como quisiéramos.

En todo caso, es una fecha que da motivo a muchas cosas: desde discutir si es o no fundación -porque ya Coro existía antes de ese 26 de Julio de 1527- hasta debatir si la ciudad, como libro abierto, debe seguir aferrándose al pasado o continuar avanzando al capítulo del “progreso”, ésta última palabra, por demás, también para discutir y debatir con vehemencia en todos los estratos y sectores que la conforman.

Lo cierto es que la capital falconiana, más que decirnos con su pasado la grandeza de su historia en la historia del país, espera que a quienes les interese su futuro como tal, se enfoquen en cuál es su revelación como ciudad para los próximos quinientos años.

Como bien lo dijo el poeta y autor teatral inglés, William Shakespeare, *El pasado es un prólogo*, y en ese libro que es Coro, conscientes de que ya conocemos el preámbulo y que ahora viene el contenido que nos interesa, nuestra lectura debe ser lo más atenta, amena y productiva posible, para disfrutar, y relamernos de gusto cada capítulo que pasemos hasta el final de nuestros días.

Lo que si no perdonaría la ciudad es que para una fecha como ésta, que no es cualquier concha de ajo, se improvise. Estamos acostumbrados a que Coro tenga en cada aniversario algunos eventos que la exhalten como primera capital de Venezuela, que la enaltezcan como protagonista de un diario quehacer; pero lamentablemente algunas de esas actividades, al menos las oficiales, se realizan bajo el tono de la improvisación y populismo.

Porque más que pintura de brocales y remozamiento de fachadas, más que inauguraciones y reinauguraciones de infraestructuras, ella lo que pide es un buen plan que vaya acorde con su anhelado crecimiento y expectativa de sus habitantes. Y con esto me refiero no solo a la infraestructura –que de por sí es importante- sino a los complementos que hacen de ésta un todo, a lo periférico, a lo académico, a lo artístico, a lo espiritual, a ese equilibrio donde el coriano se sienta de verdad orgulloso de su tierra.

Hay ciudades que son emblemáticas por alguno que otro monumento, otras por su historia trascendente, y en ocasiones, encontraremos aquellas que son extraordinarias por su ornato, su limpieza y organización, así como podemos también referir las que aprovechan su fortaleza en el turismo para hacer de lo local, algo universal. Pues, Coro, tiene eso y más; con el valor agregado que pocos perciben al reconocerla como una ciudad universitaria y profundamente cultural.

Valga decir, y aprovechando esta circunstancia de celebración, que desde ya debería nombrarse, con el concurso de todas las instituciones y organizaciones que integran la sociedad civil, un comité para esos quinientos años, a falta de un mejor nombre que, sin duda, debe existir.

Sin exclusión, sin complejo ni tabú, total, algo en lo que todos nos pongamos de acuerdo al menos por una vez. Quien lance la primera idea, estará libre de apatía. Quien convoque para esa romántica tarea con seguridad tendrá compañía.

En los años que restan para la fecha, se puede preparar una mesa de trabajo donde confluyan ideas y proyectos que alcancen gestionar en las instancias u oficinas que competan, el objetivo y las metas que se planteen para tal fin. Generar el financiamiento y si es posible invitar a una consulta popular para que “la gente de Coro” exprese qué es lo que quiere.

Por el momento, en este año, tan difícil, tan cruel, tan inolvidable para nuestras vidas, recordaremos la fecha con optimismo e imaginaremos qué se pudo hacer en medio de esta condición especial del 2020 y qué podemos realizar para los años siguientes. Recordar con alegría a quienes hicieron y han venido haciendo su espacio en el pasado de la historia local y apoyar con entusiasmo a los que en el presente buscan su lugar en ella para el futuro.

Rememorar lo bonito y luchar por cambiar lo feo. Inventar aquello que pueda parecer imposible y hacerlo posible con la mayor de las certezas que la fe nos impulsa cuando se cree en los grandes sueños.

Entonces, Coro, el Coro corito, Coro de antaño, Coro de los tormentos, el Coro de los Siglos, la Curiana eterna, la Ciudad de Barro y Arena, al igual que muchos, hoy te felicito: felicitaciones Ciudad Mariana, felicitaciones Patrimonio Cultural e Histórico de la humanidad. Felicitaciones Coro, te desean tus hijos queridos y amados que, aunque algunos de ellos mal paguen, te llevan por siempre en el alma.

PUNTO FIJO – PENÍNSULA DE PARAGUANA – ESTADO FALCÓN – VENEZUELA

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