El valor de la participación

Esta mañana veía en las noticias un conjunto de viviendas en una vereda con un puente de acceso sobre una quebrada que ha perdido algunas de sus tablas poniendo en peligro los niños, al pasar. ¿El diligente periodista le preguntaba al entrevistado:

– ¿No ha venido nadie a ayudarlos”? Esta pregunta, creo que últimamente se ha convertido en una especie de “mantra” de nuestro periodismo informativo. Me hace recordar esa situación, un par de vivencias.

En una oportunidad se me acercó en la universidad uno de los alumnos preocupado por la situación que se presentaba en el país en ese momento, y me preguntó:

-¿Profesor que se puede hacer”?

-Le pregunté yo a su vez: ¿Pertenece Ud. a la junta de administración, (o junta de condominio) del edificio donde vive?

-Tengo muy poco tiempo profesor,

-Entonces no se sorprenda si algún día llega y encuentra su edificio pintado de verde con florecitas amarillas fue mi respuesta.

La otra es relacionada con las visitas a casa de mi novia. Tenía que dejar el carrito que me prestaban en la esquina, porque la calle estaba en muy malas condiciones y no podía pasar. Una Sra. de la cuadra, trabajaba como una hormiga. Hacia bazares, reuniones, rifas, pedía de casa en casa. Después de un tiempo, se presentó con sus vecinos a la alcaldía y les dijo:

-Necesitamos que nos arreglen la calle, nosotros aportamos el material.

No necesitaron ningún periodista que los entrevistara para preguntarles si no había ido el estado a ayudarlos. Se logró hacer la calle con sus brocales y demás.

Después podrían haber invitado a un periodista, a ver las maravillas de la “Acción Comunal” como la llamaban hasta hace poco.  La Sra. no había terminado bachillerato y la recuerdo muy bien. Hasta sus 96 años fue mi suegra. También recuerdo que, hace poco más de 20 años, los días de elecciones eran una fiesta en los negocios playeros. Eran los días que más vacacionistas iban, porque no “se calaban” las colas para votar y era mejor un día de playa, que “perder el tiempo” votando.

En esa “época” no estaban tan desarrolladas las redes sociales. Sin embargo, la gente “común y corriente” ya manejaba el poder de los medios de comunicación y un periodista era un arma, en el mejor sentido de la palabra, porque ayudaba a hacer visibles situaciones que ameritaban la divulgación para obtener el apoyo de la opinión y la voluntad de los actores asociados a su solución. No era propiamente un “chantaje o extorsión” a autoridades para obtener soluciones, pero si una convocatoria a participación y generación de soluciones.

En la antigua Grecia, cuna de la democracia, aunque con alguna dificultad por la herramienta, se participaba en las decisiones importantes mediante un sistema de votación público, rudimentario aunque efectivo, gracias a la motivación y valor que le daba el pueblo a esa participación.  

La Democracia de la toma de decisiones por mayoría, con su intención de igualdad, y la idea de que la mayoría no se equivoca cuando se trata de buscar su bien común, pareciera que hoy con las redes sociales ha logrado una herramienta, que además de divulgar y ventilar la información y propuestas, permite la fácil participación y resultados muy ágiles. Siglos después las redes sociales, definitivamente han sido una democratización de la información y la divulgación.

Es tentador hacer un ejercicio sobre el potencial de las redes con la Democracia. Imaginemos la aprobación de leyes y decretos. Toda la población podría votar en cada una de las leyes y decretos que se propongan en los cuerpos legislativos. La contratación de obras de infraestructura y compra de bienes también se simplificaría grandemente ya que la población podría decidir su adjudicación a través de las redes. Si ampliamos un poco más el escenario, podríamos imaginar que el pueblo en su totalidad se podría hacer cargo de la aprobación del presupuesto con el que se debe manejar el pais entero.

Imaginemos por un momento el impacto en la justicia. Que los juicios se hicieran todos con un jurado, que en vez de ser de 12 personas, fuera con todos los habitantes de una ciudad o país. El veredicto y la pena serían los que dicte la mayoría de los habitantes a través de las redes. Se podría hasta implantar la pena de muerte. El resultado se podría tener en horas. La contabilización seria automática, se disminuiría la necesidad de infraestructura. Es imaginable el impacto en disminución del tamaño del estado. No requeriría poder legislativo, ni poder judicial, cortes, jueces.  Sería la situación ansiada por algunos líderes que hoy en día recurren al “poder de las redes” mediante la creación de falsas mayorías, a cualquier precio y con cualquier manipulación imaginable, con la intención de proyectar una “capacidad de convocatoria”.

Recuerdo que esto era lo que promulgaba hace alrededor de 25 años, sin el poder actual de las redes, un “líder” de un pais vecino, bajo el lema de “Democracia Participativa” vs “Democracia Representativa”, aunque con un “tufillo” manipulador. No más representantes intermediarios, solo presidente y su pueblo.  

¿Es esta la participación de que estamos hablando? Obviamente no. Dios nos libre. Ya conocemos el resultado para el pais, del líder que la promovía. Se anularon los poderes legislativos, judicial, mecanismos de control, y se implantó la relación directa, jefe máximo, colectivos amenazantes y pueblo atemorizado.

Sin embargo, me atrevo a decir que la PARTICIPACION, con mayúscula, de verdad, orientada a la superación y bien común, comprometida, es la única vía para que las sociedades progresen y logren su pleno desarrollo. Una PARTICIPACION caracterizada por que sea mayoritaria, no manipulable, informada (La información y documentación es a su vez una consecuencia de participar activamente, no solamente leer titulares manipulados). Como la Griega originaria.

Es un VALOR que deben cultivar las sociedades y con ella sumar, en vez de dividir, aportar, proponer soluciones y planteamientos, analizar en grupos de trabajo, y sobre todo pensar que la solución al funcionamiento de una sociedad no la tiene un mesías todopoderoso e iluminado. Lo demás es simplemente prestarse a ser presa fácil de los traficantes de titulares, fake news y montadores de laboratorios de desinformación, con el fin de capturar “multiplicadores útiles” para aparentar falsas mayorías, sin necesidad de comprometerse a proponer soluciones reales y analizadas.

La próxima vez que lea y trate de reenviar un mensaje, pregúntese si lleva una propuesta o si solo es una crítica sin mayor análisis. Podemos empezar por allí y tratar de participar realmente, en grupos de trabajo y análisis. Reenviar sin propuestas, es como irse a la playa, y proyectar la impresión de participación, aunque Ud. sepa que no lo es. Esa no es la participación que necesitamos todos como sociedad. “Bloquear pacíficamente”, sin documentarse y dejándose llevar solo por los titulares puestos a circular por falsos lideres o por impulsos irracionales, que pueden terminar en muertes, tampoco es la participación que necesitamos. No es la PARTICIPACION en mayúscula.

Si hacemos una encuesta en las redes con un titular atractivo sobre lo mortal que son las culebras, ¿Ud. que cree? ¿Es culpable y como tal, debe desaparecer? ¿O la necesitamos como un ser más en el ecosistema que nos permite vivir?

¿NOS INFORMAMOS, PROCESAMOS, PENSAMOS Y PARTICIPAMOS DEJANDO DE REACCIONAR POR IMPULSOS?

Bogotá – Colombia

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