Por Elías Martínez

Hoy vamos a aprender acerca de el pintor puertorriqueño Francisco Oller y Cestero y la que es considerada su obra cumbre “El Velorio”.
Francisco Manuel Oller y Cestero nace el 17 de junio de 1833 en Bayamón, Puerto Rico. Oller fue el único pintor latinoamericano que influyó en el desarrollo del Impresionismo.
Toma sus primeras clases de arte formales a la edad de 11 años con Juan Cleto Noa. pintor que tenía una academia en San Juan, Puerto Rico. Oller mostraba tanto talento que en 1848 el General Juan Prim, entonces Gobernador de Puerto Rico, le ofreció la posibilidad de continuar sus estudios en Roma, pero su madre consideró que era demasiado joven.
Viaja a París a los 23 años de edad. Estudia y hace amistad con Camille Pisarro y Paul Cézanne.
“El Velorio” se exhibe por primera vez en una exposición que organiza el gobierno municipal de San Juan, para la celebración del 4to Centenario del Descubrimiento de Puerto Rico y América.
El velorio de angelitos es un ritual funerario, dedicado a un niño que ha muerto, generalmente menor de siete años.• Esta práctica está presente en toda España, y se extendió, con variantes regionales, por toda la América Latina, incluyendo a Puerto Rico.
La costumbre se basa en la creencia de que los niños morían sin cometer pecado. Como “angelitos”, la creencia popular es que iban directamente al cielo para interceder por sus parientes y amigos.• Vestían al pequeño difunto de blanco, le ponían un capullo de rosa o clavel en la boca como señal de inocencia y lo adornaban con gran cantidad de flores. A veces, le ataban los piecitos y manos con una cinta.
Esta obra presenta el velorio de la muerte de un niño, un baquiné; donde se ve a la gente disfrutando, mientras los padres lloran y sufren la pérdida de su hijo. Oller a través de esta obra presenta la problemática social de la isla, así como el concepto de la muerte en nuestra cultura.
“El Velorio” está catalogado en estilo impresionista o realista. Oller nos muestra bien detalladamente la celebración de un baquiné. El Velorio » de Oller, es considerado un ejemplo de maestría en el arte de combinar los colores. Es un estudio de diferentes tipos de puertorriqueños; en este caso presentado por el velorio de niño o mesa cubierto de flores ignorado por los participantes, quienes están disfrutando y celebrando.
Se puede ver a los padres sufriendo su perdida. La madre, que tiene un turbante, piensa que su niño es ahora un angelito que va directamente al cielo. Vemos a un grupo de creyentes, quienes convierten la muerte del niño en motivo de fiesta para despedir al angelito, fiesta acompañada con oraciones, cantos, baile, juegos, comidas y bebidas.
El motivo para su celebración “sagrada” es agradar al angelito para que este, ya en el cielo, les responda los favores que le están pidiendo en sus oraciones. Se puede observar en este cuadro el altar, en el centro de la mesa, adornado de flores donde está el niño a una persona observando al niño, mientras que los demás están consolando a la madre y celebrando el baquiné.
Nos muestra el estilo de vida del jíbaro puertorriqueño para dicho siglo. Aunque una casa humilde, vemos que la comida no falta, así como tampoco los animales. También se observan diferentes tipos de instrumentos musicales como las maracas, el güiro, el cuatro y una mandolina. En su baquiné, cuya celebración se daba principalmente en campo.
En el cuadro vemos al niño sobre una pintura Oller nos retrata como sociedad, exponiendo nuestras ideas de la muerte, de la fe y la esperanza en la oración y en los milagros, y de la creencia que después de la muerte hay vida eterna en un paraíso. La pintura de Oller, nos ofrece una base para analizar el concepto de la muerte. Vemos como en nuestra cultura se mezclan lo religioso con lo profano.
Nos proyecta de una forma clara y recta, una de nuestras actitudes como pueblo, nuestra solidaridad ante el dolor y la pena; así como percibimos el concepto de la muerte y lo religioso. Nuestras creencias y supersticiones también se ven reflejadas en esta pintura; creencias o supersticiones, que mayor o en menor grado, todavía conservamos.
« El Velorio » retrata, no solo presenta parte de nuestra cultura, sino también un pedazo de nuestro desarrollo histórico y social. En resumen, más allá de ser uno de los cuadros más importantes de la pintura puertorriqueña e internacional, es una invitación al análisis y a la reflexión de nosotros como pueblo. Un pueblo con una cultura amplia y diferente a las demás, y que nos hace únicos.
Este cuadro se encuentra en el Museo de Antropología e Historia de la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras. El cuadro mide 8 pies de alto x 13 pies de largo ( 2.44 metros X 3.96 metros ).
Deland, Florida, EEUU
30 de marzo de 2019
