NERVIS NAVA – EL CANDIL – AÑO IV – N° 182.-
Los seres humanos no somos veletas llevadas por el viento en cualquier dirección, tenemos la capacidad para discernir y controlar nuestras emociones, a tal punto de no permitir que ellas controlen nuestro comportamiento y actitudes, de allí la importancia en las decisiones del control y manejo de las mismas. Dentro de esas emociones tenemos el “enojo”, una emoción que experimentamos cuando malinterpretamos las palabras o actitudes de los demás; es una sensación desagradable, originada por causas externas (agresiones, burlas, maltrato o insulto) o internas, problemas y traumas que hayamos sufrido que no han sido resueltos, y vamos con esas espinitas que en cualquier momento brotan.
Pensamos que cuando nos enojamos, lo hacemos con los demás, pero no es cierto, el “enojo” es con nosotros mismos, al interpretar de forma errónea la actitud o palabras de los demás, que al no coincidir con las nuestras, se origina la incomodidad, porque las cosas no se nos dan como lo hayamos visualizado, de allí que el “enojo” es contra nosotros mismos, no con los demás; pudiera ser que estallemos en cólera con otra persona sin que ella comprenda nuestra actitud violenta, por una apreciación equivocada que tenemos en el momento.
“El necio muestra enseguida su enojo; el prudente pasa por alto la ofensa”
Salomón
Esta emoción puede variar desde una leve irritación hasta una furia o ira intensa; acompañada de alteraciones psicológicas y biológicas en la química de nuestro organismo; siendo que cuando nos enojamos –por ejemplo- la frecuencia cardíaca y la presión arterial se elevan, e igualmente sucede con los niveles hormonales de energía, adrenalina y noradrenalina.
“El enojo es un ácido que puede hacer más daño al recipiente en el que se almacena que a cualquier cosa en la que se vierte”
Mark Twain.
El “enojo” es un estado emocional que oscila en diferentes intensidades, desde una leve irritación hasta una ira intensa; y como otras emociones está acompañada de cambios psicológicos y biológicos. Cuando una persona se enoja, la frecuencia cardíaca y la presión arterial se ven afectadas, siendo que lo más natural e instintivo es expresar enojo de forma agresiva, porque el enojo es una respuesta natural que se adapta a las amenazas, e inspira sentimientos intensos que nos llevan a defendernos cuando nos sentimos atacados; y es por ello –por sentirnos atacados- que reaccionamos con determinado grado de agresividad.
Las personas utilizan una variedad de procesos conscientes e inconscientes para manejar las situaciones de enojo, siendo los principales, expresar, reprimir y calmar; es por lo que psicológicamente es recomendable aprender a expresar los sentimientos de enojo, con firmeza y sin agresividad, por ser la forma más sana para expresarlo, demostrando de esta forma nuestras necesidades sin lastimar a otros.
“La espada más aguda es una palabra pronunciada con enojo”
Buda
Cuando las personas no abordan el enojo de forma objetiva y positiva, para convertirlo en una conducta constructiva, corre el riesgo de que esa emoción se instale en su fuero interno, y el no exteriorizar su enojo, transforma esa emoción en hipertensión arterial o aún más grave es camino para una depresión; así como también a otros problemas como la ira patológica, cuando se desarrolla una conducta de desquitarse con otras personas, asumiendo una actitud cínica y hostil; son estas las personas que constantemente están menospreciando a los demás, siempre en una constante crítica con comentarios cínicos, todo ello porque nunca han aprendido a manejar su enojo de forma constructiva, manteniendo en su entorno relaciones difíciles y poco exitosas.
Uno de los objetivos del manejo de la ira o el enojo, es reducir en nuestra parte emocional, el despertar fisiológico que provoca en nuestra química y nuestra biología, de allí la importancia de que si no podemos deshacernos de las cosas o personas que nos provocan enojo, ni evitarlas ni cambiarlas, lo más sano es aprender a controlar nuestras emociones y reacciones, por el bienestar de nuestra salud física, mental y emocional.
“El enojo te hace más pequeño, mientras que el perdón te obliga a crecer más allá de lo que eres”
Cherie Carter-Scott
Algunas personas son más susceptibles de exaltarse que otras, enojándose con mayor facilidad e intensidad que el promedio. También hay quienes no demuestran su enojo gritando, pero son crónicamente irritables y malhumorados; mientras que otras se enojan fácilmente, y no siempre insultan o se manifiestan groseramente, y al no aprender a controlar esos enojos, se retraen socialmente, se amargan, se enferman y son incapaces de ser felices. Las personas que se enojan con facilidad de acuerdo a la psicología tienen baja tolerancia a la frustración, lo que no les permite tomar las cosas con relativa calma, y cuando una situación parece de alguna manera injusta para ellos, enfurecen y son capaces de cometer cualquier indiscreción; como por ejemplo cuando alguien trate de hacerles alguna corrección, y eso lo consideren inaceptable.
El enojo se considera a menudo como algo negativo, de allí que se recomienda que desde temprana edad, ante niños por ejemplo, que presentan comportamiento irritables, sensibles o que se enojan con facilidad, deben ser manejados o instruidos para enseñarles a lidiar con el enojo; para que en el transcurso de su desarrollo sepa cómo manejar no solo el enojo, sino la ansiedad y evitar de esa forma cualquier comportamiento destructivo, canalizando constructivamente sus emociones; ya que estudios demuestran que las personas que se enojan con facilidad, vienen de familias problemáticas, caóticas y sin capacidad para la comunicación emocional.
“Es sabio dirigir el enojo hacia los problemas, no hacia la gente. Para concentrar tus energías en respuestas, no en excusas”
William Arthur Ward
¿Qué tanto controla sus emociones, especialmente las negativas, como la ira y el enojo? ¿Es de las personas que se deja llevar como una veleta hacia donde el viento la lleve y le arrastren las circunstancias? Estudios psicológicos afirman que dejarse llevar por esas emociones es algo bastante peligroso, siendo que muchas personas las utilizan como una licencia para lastimar a otros, e investigaciones han demostrado que darle rienda suelta por ejemplo a la ira y a la agresión solo aumenta el nivel emocional ocasionando gran deterioro físico reflejado en hipertensión arterial, en enfermedades gastrointestinales así como en los desniveles hormonales.
Como todas las emociones y adicciones, es de extrema importancia trabajar con el control de las misma, siendo el primer paso, reconocer su presencia, al tomar conciencia de que su enojo o su ira, le está poniendo fuera de control, que eso le está afectando no solo su salud, sino sus relaciones laborales, familiares, sociales y todo aquello importante en su vida, de donde, lo más conveniente es buscar asesoría profesional en salud mental y aprender varias técnicas que ayuden en el cambio de pensamiento y conducta
“El enojo nunca aparece sin razón, pero rara vez aparece con una buena”
Benjamin Franklin.
Definitivamente que, en nuestro propio beneficio, físico, mental y emocional, debemos aprender a sobrellevar el “enojo” antes de que él nos conduzca como una veleta; observarnos y equilibrar cada situación y así seremos dueños absolutos de nuestra conducta, con el beneficio de una relaciones más justas y armoniosas. ¡…HASTA UNA NUEVA OPORTUNIDAD…!
“La amargura es como el cáncer. Se come al anfitrión. Pero el enojo es como el fuego, quema todo hasta dejarlo en cenizas”
Maya Angelou
