VALORES – ÁLVARO RAMÍREZ – EL CANDIL – AÑO III – N° 148.
Soy un convencido de la conveniencia del cultivo de la curiosidad en los niños. Los padres y cuidadores son los primeros responsables de cultivar esta característica, normalmente innata, contra la cual puede luchar y eliminarla, el desánimo por no encontrar respuestas. No es una tarea y responsabilidad fácil, porque esa persona guía, debe por todos los medios tratar de ir dando satisfacción a esas inquietudes, como medio de cultivar la curiosidad como motor del aprendizaje continuo. Un ejemplo de situación difícil se le presento a un colega en una de esas conversaciones interesantes con sus nietos de 10 y 9 años. A propósito de explicarles el concepto de velocidad, su relación con el tiempo para poder medirla, y sacar a relucir los ejemplos de la velocidad en los vehículos, recurrió a profundizar un poco más ante la avidez de los niños, mencionándoles los indicadores, mostrándoles el tablero de los vehículos y los signos que restringen la velocidad en las vías. Siguiente pregunta y prueba de fuego para el abuelo: ¿Si en todas las carreteras están prohibidas las altas velocidades por peligrosas, porqué los indicadores de los carros muestran hasta 200 kmts. por hora? Se vio en aprietos. Afortunadamente el par de niños son de buen nivel de inteligencia y entendieron cuando el abuelo les empezó a hablar de la publicidad y el impacto psicológico en la venta de mostrar algunas potencialidades aunque estas nunca se realicen. (Menos mal no se le ocurrió a mi colega hablarles de la capacidad de aceleración entre 0 y 100 kmts. por hora en segundos)
Pensando un poco en la situación y la velocidad que ha alcanzado el mundo hoy, representada por el funcionamiento de los países desarrollados, no podemos menos que concluir que hemos llegado a situaciones no pensadas antes, en la búsqueda de la productividad asociada a la mayor obtención de resultados por unidad de tiempo. Si analizamos un poco la historia de la industria y su permanente mejoramiento, encontramos como lo mencionamos en oportunidad anterior, la administración científica del trabajo, la especialización, la evolución de los sistemas de apoyo tanto operacional como administrativo, la robotización y la disminución creciente de la posibilidad de error asociada a los seres humanos, mediante la normalización de la mayor cantidad posible de variables asociadas a decisiones y especializando a los individuos cada vez más en un “Rol” del sistema.
Con el análisis permanente del trabajo, el soporte de tecnología en las comunicaciones y desarrollo de sistemas, la velocidad de funcionamiento del mundo lleva a que las empresas de venta on line traten por todos los medios de poner los bienes que comercializan al alcance del cliente, en forma competitiva con las compras presenciales. A que la atención o servicio al cliente sea on line, disminuyendo la necesidad de infraestructura. A buscar disminuir al mínimo la intervención humana de cara al cliente. Como resultado, a la mayoria de la fuerza de trabajo se le asigna poca necesidad de utilizar su capacidad de análisis raciocinio o juicio para tomar decisiones. Se inducen a pulsar teclas como antes los operadores apretaban tuercas, sin decisión.
Al desconocer los porqué o razones y lógica detrás de los sistemas, la eficiencia del operador se centra en encontrar si el sistema permite hacer lo que el cliente le solicita. No es extraño si el representante de la empresa es un computador, encontrar una voz mecánica decir: “Lo siento pero no puedo identificar su requerimiento, su llamada es muy importante para nosotros, por favor intente más tarde”. Si se encuentra un ser humano que “apoye al computador” pudiéramos oírle decir: “Lo siento no tenemos esa opción, escalaré el caso y nos comunicaremos con Ud.” El adiestramiento, se ha simplificado y abaratado al limitarse a lo indispensable, transmitir a la fuerza de trabajo solo la forma de interactuar con el sistema en forma mecánica y tener los libretos a la mano, a la hora de responder realmente a un cliente. Algo similar al resultado para la mano de obra con la producción en serie y las líneas de ensamblaje.
Sin embargo los esfuerzos en la ansiada “optimización” de la fuerza laboral no son los únicos. La optimación en la utilización del capital también ha sido objeto de atención por parte de los analistas académicos e inversionistas, con el mismo objetivo de hacerlo mas productivo. La utilización de herramientas estadísticas apoyadas por sistemas para el análisis de demanda, proyecciones y escenarios y sus probabilidades ha conducido a la disminución de los inventarios en tránsito, normalización de partes y componentes, mejora de la capacidad efectiva y ciclos de operación de los equipos, en una sincronización ágil y casi perfecta de las cadenas de suministro cual gigantes mecanismos de relojería. Todo ello en medio de la confianza en la capacidad humana de superar obstáculos, innovar y hasta conquistar otros mundos, alimentada por el optimismo producto del éxito continuado.
Sin embargo así como a un mecanismo de relojería lo puede llegar a infiltrar una partícula indeseable de suciedad, a las cadenas de suministro del mundo les puede y de hecho las invadió, una partícula que probablemente la ha hecho sacudir en su funcionamiento, el COVID. Le ha hecho disminuir en la práctica la vertiginosa velocidad a la que se ha acostumbrado. Literalmente los bienes no llegan a los anaqueles a la misma velocidad de reposición. Los servicios, no se prestan a los consumidores en los tiempos esperados y usuales. La calidad de los servicios ha disminuido y el volumen de inconformidades es creciente. A pesar del bajo índice de desempleo, 3%, en USA, no es posible evitar la alta inflación asociada a la demanda insatisfecha.
¿Habrá llegado el momento, obligados por el panorama presente, de utilizar la capacidad de análisis para tratar de vislumbrar un funcionamiento de la sociedad y su economía, en forma sostenible, partiendo de potenciales enfoques de cambio considerando los resultados de la situación vivida especialmente en estos dos últimos años?
¿El enfoque en el tratamiento a la fuerza laboral ha sido el apropiado para estar preparado para momentos de crisis? ¿Los márgenes de maniobra y previsión en la utilización del capital pudieran mejorarse de cara a la valoración de riesgos potenciales?
Es innegable que la mejor formación, especialmente en el conocimiento de los diferentes aspectos de los procesos productivos hace más versátil y potencialmente más valiosa (no más costosa) la fuerza laboral, para la sostenibilidad de las cadenas de suministro, ante riesgos externos que se concreten. Lo que pudiera considerarse un mayor costo, pero que realmente es una inversión a la hora de mejorar las posibilidades de sostenibilidad, hace recordar prácticas utilizadas por organizaciones con cultura empresarial a mediano plazo, que mantenían planes de formación y desarrollo permanente de su fuerza laboral, matizados con incentivos al crecimiento. Partían de una formación intensiva inicial en los diferentes departamentos y unidades productivas, además del adiestramiento práctico dirigido, antes de ocupar la primera posición permanente en la organización. Uno de los indicadores para medir los buenos resultados de esta práctica era el grado de rotación de la fuerza laboral de las organizaciones, entendiendo que la permanencia era favorable tanto para la empresa como ente productivo, como para el empleado con seguridad asociada a niveles de motivación y rendimiento. Bien tratada, formada y motivada, difícilmente la fuerza laboral abandona su aporte al sostenimiento de la empresa ante impactos externos.
No podemos dejar de lado la responsabilidad del trabajador en su inversión en formación para garantizarse un valor en el mercado, con la consiguiente probabilidad de un mejor nivel de vida que aquel asociado a un trabajo precario meramente recursivo.
En cuanto a la optimización del uso de capital, es conveniente considerar el impacto de los niveles de costos de operación e inversiones de capital. Tanto las empresas como los consumidores debemos prepararnos para transiciones y retos venideros, revisando nuestros niveles de consumo y previsión como factores de impacto directo en la oferta y capacidad de respuesta de las cadenas de abastecimiento. ¿De qué sirve la velocidad, la sincronización, si las actividades y planes están basadas en deseos más que en hechos previsibles como el deterioro del ambiente y riesgos potenciales como la poca capacidad de juicio y solución de problemas de una fuerza laboral sin preparación integral? ¿Será posible que se caiga la aplicación de chat a nivel mundial? ¿Sera posible el bioterrorismo? ¿Será posible una inundación, incendio, deslave, tormenta o simplemente un accidente que bloquee el canal de Suez, la contaminación de un lote de alimentos o la explosión de químicos almacenados en un puerto?

Definitivamente la inversión en formación y previsión nos da a cada uno de nosotros una mayor probabilidad de tener una mejor defensa ante hechos aparentemente inesperados, pero realmente posibles. No pregunte cuál es el presupuesto y aporte de los demás a la educación y seguridad social. Pregúntese cuál es su inversión y la de sus descendientes en formación y previsión.
BOGOTÁ – COLOMBIA
