PARA PEDREGALEROS – FREDDY RIERA – EL CANDIL – AÑO I – N° 16.

Habíamos regresado a Punto Fijo, desde los cuatro puntos cardinales, a disfrutar de unas merecidas vacaciones, después de partirnos el coco estudiando en la universidad. Fayito, Banche, Raúl, Jaime (+) y este servidor.
Como siempre, desde la lontananza, y antes de regresar a Punto Fijo, nos poníamos de acuerdo y establecíamos el día y lugar donde haríamos la tradicional parranda del reencuentro. Esta historia se desarrolló en el año de 1973, para unas vacaciones de julio.
Esta vez, acordamos que la palazón sería el sábado en la casa de Raúl, y como siempre, el compromiso era amanecer.
Llegado el día y la hora, aproximadamente las 7:00 de la noche, pasé buscado a Jaime, quien había regresado de Caracas el día anterior y vivía diagonal a mi casa. Nos fuimos caminando desde la Girardot, entre Ecuador y Bolivia, hasta la casa de Raúl, en la calle Bolivia, como quien va hacia el mercado principal, cerquita del Hotel Latino.
Ya Raúl estaba afuera, con sus hermanos Harold, Miguel Ángel y Eduardo. Marianela era todavía una carajita. Saludamos a Doña Carmen (+), siempre sonriente y amable. Después de los saludos y los cuentos introductorios, nos dispusimos a sacar las sillas, la mesita para el aguardiente y preparar el ambiente para dar comienzo a la esperada parranda. Mientras estábamos en esos arreglos aparece Fayito, quien era vecino de Raúl y también había regresado de Mérida igual que Raúl, y se integra al grupo.
El ambiente, como siempre muy alegre y bullicioso porque era el momento del reencuentro donde se intercambiaban saludos, abrazos, nos preguntábamos por la familia. En medio de los preparativos Raúl interviene informando que temprano había visto a Nelson Medina(+), su vecino de enfrente, pedregalero, parrandero, y le prometió que después de la guardia en su Farmacia La Fe, se acercaría hasta la parranda y estaría un rato con nosotros. Eso nos pareció excelente porque el tema de la música estaría resuelto, ya que Nelson cantaba muy bien y además era excelente con el cuatro.
Así iniciamos la parrandita en el garaje cuando ya iban pa las 8:00 pm. Como siempre, unos tomarían güisky, y otros tomarían ron. Todo el arsenal etílico era sufragado por medio de una vaca.
«Como lo había prometido, Nelson Medina nos acompañó con su cuatro y sus canciones»
FR
La reunión transcurrió entre palo y palo; cada uno echando sus cuentos, y a media noche, como fue prometido, se acercó Nelson Medina(+) con su cuatro. Ahí lo recibimos con mucha alegría, afecto, y con el correspondiente vaso de güisqui con hielo y agüita. Inmediatamente después de coger entonamiento, arrancó a cantar de su repertorio, una canción dedicada a la mujer merideña, después, otra dedicada a la mujer falconiana y otra a la mujer guayanesa. Pasamos un rato muy grato.
El dato curioso de la noche ocurrió cuando teníamos que orinar. El baño estaba dañado, por tanto, a Miguel Ángel se le ocurrió, que podíamos hacer “pipi” en una botella vacía de ron, de una que ya nos habíamos tomado. Nadie puso reparos, porque en medio de aquella parranda, lo que menos importaba era aquella curiosidad.
Nelson se despidió con una petición del público entonando «Nosotros que nos queremos tanto», con nosotros haciéndolo el coro. Aquello fue de película, todos un poco pasados de palos, más desafinaos que El súper combo y la banda borracha.
Al poco rato, alguien dijo: ¡ya se terminó el ron!
Inmediatamente otro dijo: bueno cuánto cuesta un litro, hagamos una vaca. Eso hicimos, cada uno puso lo que pudo y entonces Raúl, el Banche y yo salimos a comprar la botella donde Pedro Carrasquero(+), un señor que vivía en la calle Girardot, cerquitica de la casa del Sr. Petit (+), el Sr. que ponía las ampolletas.
Eran como las tres de la mañana, y a esa hora, el único lugar donde se podía comprar aguardiente era donde Pedro Carrasquero(+).
Ahí llegamos, más prendidos que un tizón de leña, tocamos la puerta de latón de una sola hoja, con una pequeña ventana en la parte de arriba.
-Pedro, Pedro, llamaba Raúl, al tiempo que tocaba la puerta.
-A la orden, que quieren, respondió Pedro.
-Un litro de cacique, indicó Raúl
Esperamos unos minutos y Pedro dice desde adentro, al mismo tiempo que asomaba el culo de la botella, en una bolsa de papel de bodega: son 25
-Raúl le pasa el dinero en sencillo por la ventanilla de arriba, e inmediatamente Pedro suelta la botella.
Raúl nos pasa la botella envuelta en la bolsa de papel y el Banche la agarra.
Ni Pedro nos podía ver las caras, ni nosotros a él, porque la ventanilla de la puerta quedaba en alto y además él mantenía la luz apagada.
Solo transcurrió un breve tiempo, el suficiente para contar el dinero, cuando escuchamos que Pedro dice desde adentro y en la oscuridad:
-Epa, epa, aquí faltan 5 Bs.
Raúl nos pregunta si tenemos 5 Bs y le respondemos que no.
Entonces Raúl le exige a Pedro una rebaja y este no acepta, y vemos su mano por la ventanilla exigiéndonos la devolución de la botella.
Raúl nos pide la botella, se la entregamos, con mucho pesar y decepción, Raúl devuelve la botella y Pedro le devuelve el dinero.
Así, nos regresamos a la parranda con las manos vacías.
Al llegar de nuevo a la parranda, el Banche saca de la bolsa de papel, como por arte de magia, una botella de ron cacique, la levanta y dice: tataaaaan!
Raúl y yo le decimos: ¿verga y de dónde sacaste esa botella?
El Banche responde: ¡la cambie por la botella de miaaao0000!
Naples, Fl. EEUU
13 de julio de 2019

Ingeniosos los Pedregaleros desde chiquitos…..
Muy ‘sabrosa’ la narracion… Congrat !!
Saludos Tarso R. Vidalfrom Virginia