La calle y los niños…

EL CANDIL – AÑO III – N° 133.

 “Cada niño que viene al mundo nos dice: «Dios aún espera del hombre».

Rabindranath Tagore

Hoy pululan, tanto en nuestro terruño como en muchas de las ciudades venezolanas, mujeres con niños en los brazos mendigando en la mayoría de las esquinas de mayor afluencia vehicular; estas escenas se hacen parte del panorama habitual, pues  resulta demasiado común el ver a esos niños limpiando parabrisas, o a la espera que un billete totalmente devaluado caiga es ese vasito desechable, que luego  pasará a la alforja miserable de una madre que a su vez, extiende la mano  en tanto muestra en la otra, una criaturita que desde sus pocos días de nacida, ya inhala monóxido y se curte a la miseria. Esa escena, repetida en  tantas calles y avenidas, muestra un problema social: la explotación infantil, pero sobre todo, nos revienta en el rostro la anomia total de un país a la deriva. Hace varios años, la Alcaldía de Valencia  emprendió  el despliegue de las Jornadas de Abordaje de Niños, Niñas y Adolescentes en situación de Calle, a través del Consejo de Protección de municipio Valencia, con la finalidad de garantizar los derechos y deberes de los infantes  en esta  situación. Para aquel entonces el presidente del CDMNNA, Luis Junior Vivas, informó que ese operativo sería  permanente en el municipio y contaría con el apoyo de los cuerpos de seguridad del estado (Guardia del Pueblo, Policía Municipal, Policía Nacional y la Policía del estadal)…

También para aquel entonces, las  instituciones del Gobierno nacional que conforman el sistema de protección de niñas, niños y adolescentes, informaron que se centrarían inicialmente, con un abordaje dirigido a la población indígena infantil que se encuentra en situación de calle, en el estado Carabobo…

Parece ser, por la realidad inocultable, que nos golpea día tras día, que  esas intenciones también fueron a dar al sumidero de los sueños rotos, de las promesas efímeras y demagógicas…como ha sido desde los inicios de esta corrupta perversa revolución.

Qué ironía, ya desde el génesis de este desastre, el mismo día que Hugo Chávez ganó las elecciones a la presidencia de la República, aquel fatídico ´98, con su iracunda y altisonante palabra y dirigiéndose a una multitud alborozada que le acompañaba en el Ateneo de Caracas, dirigiéndose a todo el país exclamó: “Declaro que no permitiré que en Venezuela haya un solo niño de la calle: si no, dejo de llamarme Hugo Chávez Frías”.

Por supuesto que resolver este prioritario problema es muy difícil.

De entrada, se hace menester definir la denominación de estos niños; si son “de la calle” o “en  la calle”; y no es cuestión de estigmatizarles – como lo dice la UNESCO- sino de protegerles.

Los niños “de la calle” tienen como hábitat principal, permanente o transitorio la calle. Allí viven, duermen y desarrollan estrategias de supervivencia. En tanto que los “niños en la calle” mantienen sus vínculos familiares, pernoctan regularmente en sus hogares y se ubican en la calle para trabajar. Y más delicado aún resulta el asunto cuando nos referimos a las niñas “de la calle” , pues representan una de las categorías que se encuentra expuesta a mayor riesgo por su condición de féminas y por los distintos problemas que se pueden generar a largo plazo, entre otros: embarazo precoz, abandono del hogar y prostitución.

Los niños de la calle se desenvuelven en un mundo dantesco: robando, mendigando, siendo explotados, consumiendo drogas, víctimas de la prostitución y ya acostumbrados a vivir  en la calle; ya la han adoptado como modo de vida, durmiendo bajo algún puente, o en los portales de los centros comerciales, en condiciones infrahumanas viven esa terrible aventura de buscar su sustento y el de sus familias, siempre expuestos a las inclemencias del tiempo y a las amenazas de un hábitat que marcará irremediablemente, su desarrollo físico y mental.   

El problema de los niños “de la calle” y “en la calle” está condicionado por diversos factores; entre ellos se destacan: los altos índices de desempleo y pobreza; la ausencia de crecimiento económico sostenido; el analfabetismo; la deserción escolar; la ausencia de mecanismos que garanticen la escolaridad; la descomposición familiar; la falta de políticas claramente definidas en materia de atención al niño de la calle; la discontinuidad en la implementación de los programas y la ausencia de sus respectivos sistemas de seguimiento y control. Nos saturaron de discursos  repletos de menciones a la infancia. Todos estos sinvergüenzas  juraron trabajar por la niñez.

Y ahora he aquí que ese “Hombre Nuevo”, ese “Hijo de Bolívar y de la Patria”,  sufre de  total y criminal abandono, de inmoral olvido, pues hasta la actual “Primera Combatiente” dio inicio a su cuenta de Twitter con una frase tomada del “Comandante Eterno”: “La primera importancia son los niños de Venezuela, su esperanza, su futuro; esa sí es la primera importancia”…

Retórica y demagogia cacareadas en  incumplidas acciones: la Gran Misión Hogares de la Patria, en la que también se incorporaron las de Madres del Barrio, Hijos de Venezuela y Niño Simón.

Entonces nos preguntamos: ¿Dónde quedan los  fundamento de la Ley Orgánica del Niño, Niña y Adolescente, la Ley de la Familia y la propia Constitución, que debería amparar a estas débiles criaturas?… 

Qué tristeza y que desamparo observar esa nueva Venezuela de ese “Hombre Nuevo” que vino a un país que no es el que merece ningún ser que nazca en esta “Tierra de Gracia” que ha caído en tremenda desgracia.

A un país donde la infancia es más larga que la vida. A un país donde ya no va a la escuela, pues debe buscar su sustento; y si logra ir, tendrá una formación mediocre, sin la estructura formativa concreto-práctica y espacial que dan las “Tres Marías”…cuánto dolor verles desnutridos, sin las medicinas o vitaminas indispensables para su normal desarrollo…

Y  así transita este terrible periplo por el siglo XXI una niñez que merece, sin más dilaciones, ser rescatada de este oscuro porvenir.

“Si la ayuda y la salvación han de llegar sólo puede ser a través de los niños. Porque los niños son los creadores de la humanidad” anotó la gran pedagoga  María Montessori si nuestra Nación debe ser rescatada,  refundada y  reconstruida, no olvidemos que cuanto procuremos a los niños, los niños lo retribuirán  a la sociedad.

Múltiples han sido las respuestas del régimen -siempre reactivas- y las propuestas que han ofrecido para su solución. La participación de la sociedad civil también ha sido significativa.

El problema tiene que ver con el crecimiento sin armonía, con el cierre de la mitad de las instalaciones industriales del nuestra ciudad, con la administración pública, en particular con la administración de justicia y con el modelaje que se deriva del mismo régimen. Tiene una parte muy importante relacionada con la normatividad y otra con la institucionalidad, no cabe duda alguna, pero desde nuestro punto de vista la perspectiva de lo social, es esencial en la atención de la inseguridad pública.

Apreciados Amigos, conciudadanos de este carajeado terruño, en parte hecho y en parte haciéndose, nuestra ciudad, otrora bucólica y apacible, industria, laboriosa y amable, hoy tomada por de limosneros que viven de la caridad pública, pues no hay un semáforo en el cual la benevolencia no sea requerida; un caótico problema de movilidad e insoportable tránsito; un angustiante problema de violencia e inseguridad. Hemos ido perdiendo, progresivamente, ese sentido de pertenencia a una ciudad extendida, ya no contamos con un amplio horizonte geográfico, sino nos limitamos tan sólo a un reducido espacio domiciliario y laboral, por lo que nuestro sentido territorial -coto etológico, según los urbanistas- se limita cada vez más a nuestro estrecho y reducido hábitat inmediato.

Ya lo hemos mencionado en otras oportunidades, en Valencia, el gran desafío intelectual y político de hoy es imaginar, acordar y ejecutar las nuevas conductas, los paradigmas para encarar la nueva realidad, y esta realidad no existe únicamente para la Alcaldía. Existe también para los movimientos sociales, para los luchadores sempiternos e inconformes, para los analistas, para los medios y para todos los valencianos, que como este equipo, trata de aportar cuanto le sea posible, para preservarla para las futuras generaciones.

En ningún momento ha sido nuestra intención llevarles hoy un mensaje de frustración, amargura e indignación, pero la realidad nos golpea diariamente en cada cuadra, en cada esquina, en cada calle…

Tan sólo se nos ocurre, para cerrar esta descarnada nota, el verso Andrés Eloy Blanco, para agradecer, de manera anticipada a este noble equipo, la cívica y noble tarea que ha emprendido…

Cuando se tiene un hijo, se tienen todos los hijos de la tierra, al hijo de la casa y al de la calle entera, se tiene al que cabalga en el cuadril de la mendiga y al del coche que empuja la institutriz inglesa, y al niño gringo que carga la criolla, y al niño blanco que carga la negra, y al niño indio que carga la india… Cuando se tiene un hijo, se tienen tantos niños que la calle se llena y la plaza y el puente y el mercado y la iglesia, y es nuestro cualquier niño cuando cruza la calle y el coche lo atropella…

Valencia – Estado Carabobo – Venezuela

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