La copia iluminada

PARA PEDREGALEROS – FREDDY RIERA – EL CANDIL – AÑO I – N° 15.

El protagonista

La siguiente anécdota refiere un hecho ocurrido en la escuela primaria de Pedregal, por allá, por el año de 1970, contada por su propio protagonista años despúes.

«jamas pense que aquel trance me pondria a un paso del infierno»

Timo

El bochornoso hecho ocurrió cuando Timoteo (nombre ficticio), estaba en la flor de su candidez, contando apenas 10 añitos de edad, y aún sentia en su boca la hostia deshecha de su primera comunión. Jamás pensó que aquel trance lo pondria a un paso del infierno.

Para esa fecha, Timo (Diminutivo de Timoteo), cursaba el cuarto grado. Fue un niño muy avispao. Para algunas cosas muy pilas, o precoz, mejor dicho, pero un poco inocente para otras. Además, era muy ocurrente y naturalmente gracioso. Usaba lentes debido a una leve miopía, y perteneció a una familia muy apreciada en el pueblo.

Esta anécdota fue narrada por Timoteo, en una parranda, de esas que disfruto mucho. Lamentablemente, hoy ya no está físicamente, pero sus anécdotas viven en nuestros recuerdos.

Los antecedentes: La tarea para la casa

Faltando pocos minutos para el cierre de la jornada escolar de medio turno de ese día, la maestra (nos reservamos su nombre), se dirige a sus alumnos en la clase de castellano:

-Como tarea para mañana, traerán una copia sobre cualquier tema, ya saben, sobre cualquier tema -recalcó ella- de cualquier libro, de esos que hay en sus casas.

-Mañana, cada uno de ustedes leerá en voz alta, ante sus compañeros, el tema escogido, incluyendo el nombre del libro y el autor.

-La copia, que no sea muy larga, ya saben muchachos, que sea corta.

No había terminado la maestra de hacer la explicación, cuando inmediatamente sonó el timbre, y aquella muchachera salió corriendo, agolpándose en la puerta, como todos los días, a pesar de que reiterativamente, la educadora nos decía: “salgan despacio, ustedes no son chivos” -pero tal parecía que nadie le hacía caso.

Timito salió con dirección a su casa, y mientras apresuraba el paso se preguntaba:

– ¿cuál libro?, ¿cuál libro?, ¿cuál libro?,

En la casa no hay libros; hay un cerro de periódicos viejos que jode, pero ¿un libro?

Así, Timito llegó a su casa, atravesó el zaguán, tiró el morral, y con una cara de tranca se sentó, sin pronunciar palabra, preocupado porque tal vez no podría cumplir con la tarea.

Pionía, su hermana mayor, quien venía de la cocina, lo miró desde arriba y le preguntó, pasando a su lado con paso apurao, con el típico acento pedregalero:

-Ahora Timo, ¿qué te pasa voj? ¿polqué taj así?

-¿Te echaron vaina en la escuela?

Timo la mira con su cara de preocupación, la ve pasar, y se levanta de la silleta; Se dirige a uno de los cuartos, y comienza a escudriñar por doquier, buscando cualquier cosa con apariencia de libro.

La copia de la discordia

Así transcurrió la tarde, la noche, y a la mañana siguiente estaba Timoteo de primerito, a la entrada del salón, para entregar su copia. Él mismo nos lo contó. Lo hizo con mucho orgullo, con la seguridad, que tendría la mejor nota de su vida.

Siguió contando Timo: una vez acomodados en los cupitres (así es como le dicen en mi pueblo), y la maestra, recibido las tareas, se acomodó en su escritorito, y nos pidió silencio, mientras daba un vistazo a las copias de cada uno.

Yo que no perdía tiempo, pues estaba de risitas con la carajita de adelante. Después de algo así como 15 minutos, la maestra se levanta con los ojos como dos paraparas, los cachetes rojos y dice:

-Timoteo, por favor venga acá! ¡Venga acá!

Me levante, pensando que sería el primero en exponer, y al aproximarme, note que ella no me quitaba la vista de encima, haciendo una mueca con su boca, no de complacencia, sino de reprobación.

      -Timoteo, necesito hablar con su mamá, valla a su casa, y le dice que quiero hablar con ella; valla corriendo.

Salí con mi cara de seriedad, o, mejor dicho, con mi cara de zángano, pensando: -a lo mejor, la maestra quiere que Amá escuche mi copia; Caminé en medio de un solazo, y llegue a la casa. Desde el zaguán se sentía el olor a chicharrones guisados.

      -Amá, la maestra quiere que vengas conmigo a la escuela, ahorita!

Después de refunfuñar y de regodear por unos minutos, al fín se dispuso a acompañarme. Durante el recorrido, no dejó de regañarme; pregunatando a cada momento: ¿Que travesura hiciste ahora, dime? Aclarando que no era la primera vez que la mandaban a llamar.

Llegamos al salón y ahí estaba la maestra, escuchando la copia que había preparado el cabezón de Josito. Nos pidió que esperáramos un momento, y al terminar el Josito, se levantó y vino hacia nosotros.

Sra. Lolita, venga para acá; nos llevó para un lugar a solas, y le mostró mi copia diciéndole:

-Lea la copia que me trajo Timoteo,

-¿de dónde carajo sacó esta copia este muchachito?

Mi mamá, toda ingenua ella, respondió:

      -No seeeeeeeeeee mija.

-Timo, ¿y quejesto? ¿De dónde sacatejesto? ¿Me puedes decir que vainejel COITO?

Y yo respondí con mi cara de zángano inocente y las manos en la cabeza, como esperando un sopapo:

-yo tampoco se amá, lo saque de una revista… y esperando el pescozón…

¿cuál revista? insistió Amá

– LUZ amá, Luz!

NOTA: La revista LUZ fué una publicación o revista de bolsillo que trataba temas sobre la sexualidad de forma educativa y científica. Era una revista para el público adulto.

Naples-Florida-EEUU

06 de julio de 2019

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