DE HISTORIA Y ALGO MÁS – MIRELA QUERO DE TRINCA – EL CANDIL – AÑO III – N° 118.
“A la memoria de Manuel Segovia, muerto por la libertad de Venezuela en la madrugada del sábado de gloria de 1928. Dedicamos”.
(Dedicatoria del folleto “En las huellas de la pezuña”, publicado por Rómulo Betancourt y Miguel Otero Silva, en la República Dominicana en 1929, en el que está basado este artículo).
48.- El “Cuartelazo” del 7 de abril
Luego de pasar mes y medio detenidos en el Castillo Libertador, los estudiantes y empleados que les apoyaron fueron liberados y entregados en el muelle de Puerto Cabello a sus familiares que ansiosos les esperaban. En viaje triunfal regresaron a Caracas, siendo vitoreados en las poblaciones donde pasaba la caravana de automóviles, destacándose el recibimiento realizado en la generosa ciudad de Valencia.
Pero con su libertad, las aguas revueltas no se aquietaron. Los estudiantes prosiguieron en su actitud desafiante y apenas salidos de la cárcel, algunos de ellos, Juan José Palacios, Francisco Rivas Lázaro, Fidel Rotondaro, Luis Manuel García, Jesús Miralles, Germán Tortosa, Antonio Arráiz y César Camejo, con el apoyo de varios compañeros de la Federación de Estudiantes, se incorporaron a una conspiración de la juventud militar, “El Cuartelazo”, que estalló el 7 de abril, logrando tomar el Cuartel de Miraflores, pero que fracasó en su intento de asalto al importante Cuartel San Carlos, rebelión que pronto fue dominada por el general Eleazar López Contreras, entonces jefe de la Guarnición de Caracas.
Según cuentan Rómulo Betancourt y Miguel Otero Silva en su folleto “En Las Huellas de la Pezuña, el contacto estudiantil con la rebelión militar era Juan José Palacios, cursante de 5º año de Ciencias Políticas. La conspiración marchaba en secreto ya que muy pocos sabían de la misma. Mientras acopiaban todo tipo de armas, los estudiantes que estaban enterados debían simular que todo el alboroto de La Semana del Estudiante había sido producto de la natural exaltación juvenil. Gracias a ello, el régimen se confió …las “Sagradas” fueron disueltas, las bandas de chácharos instaladas en el Palacio de Gobierno las repartieron entre los cuarteles de la ciudad…
Era la Semana Santa de 1928. El Viernes Santo llegó la noticia. “Esta noche es la cosa”. La cita era en el local de la FEV y los estudiantes se repartieron por la ciudad en varios grupos esperando la hora, pero la rebelión fracasó al nacer. López Contreras llegó al Cuartel San Carlos antes que el capitán Alvarado. Uno de los estudiantes heridos, Manuel Segovia, fue rematado a bayonetazos. El resto se dispersó huyendo.
En la fracasada rebelión conducida por el capitán Rafael Alvarado y el subteniente Rafael Antonio Barrios, participaron varios subtenientes, sargentos y cadetes de la Escuela Militar resultando cuatro cadetes detenidos: Ovalles, Chávez, Delgado Lessman y Eleazar López Wolkmar, hijo primogénito del general López Contreras.
Al parecer, también estaba complicado el hijo del propio presidente Gómez, José Vicente o “Vicentico”, quien fue destituido de sus cargos de vice-presidente de la República e Inspector General del Ejército y exiliado a Francia, y dichos cargos fueron eliminados.
Inmediatamente después de estos graves acontecimientos, el presidente Gómez hizo reformar la Constitución Nacional, reforma que fue aprobada el 22 de mayo, con el propósito de eliminar el cargo de vicepresidente y para introducir el Inciso Sexto en el artículo 32 de la Carta Magna, prohibiendo el comunismo, obra del ministro Pedro Manuel Arcaya.
A pesar de haber dominado la rebelión, para el gobierno la situación era grave. Ya no eran sólo los inconformes estudiantes de siempre, sino la juventud militar, oficiales del Ejército y cadetes de la Escuela Militar, los que conspiraban. La intentona militar no quedó sin castigo y tras confesiones arrancadas con tortura, casi todos los complicados fueron detenidos y encerrados en el Castillo Libertador. Muy pocos lograron escapar de este destino.
Por decreto ejecutivo se cerró la Academia Militar y sacaron del servicio activo a casi todos los oficiales formados en ella; se apresó a la mayoría de los involucrados y se allanaron varios hogares caraqueños en busca del subteniente Barrios, uno de los líderes de la conspiración, que al principio logró escapar.
Contrariamente a lo que se temía, no se clausuró la Universidad, pero se nombró otro rector: el médico Plácido Rodríguez Rivero. Por orden policial se prohibió el uso de los distintivos de la Federación de Estudiantes de Venezuela: la boina y el botón de la FEV. El nuevo rector ofreció amnistía general para los estudiantes escondidos, menos para José Tomás Jiménez Arráiz y Juan José Palacios. Así, en los primeros días de mayo, los estudiantes regresaron a sus clases en la Universidad, pero no se quedaron de manos cruzadas. Depuestas las armas, la batalla se dio en clandestinidad, mediante hojas mecanografiadas, que eran reproducidas por los estudiantes y empleadas de comercio, donde enfrentaron la propaganda del gobierno que aseguraba que lo sucedido era una campaña antiandinista.
Al poco tiempo, para contrarrestar la propaganda oficial e informar sobre los propósitos estudiantiles, escrito a máquina en hoja de papel azul, empezó a circular El Imparcial, “periódico de intereses generales (sin generales). Habla poco. No se vende. Circula de vez en cuando. Editor responsable Cristóbal Colón, naútico titular”. Dicho periódico contaba con su sección editorial, República por el telégrafo, nota del día, comentarios “suciales” y hasta avisos clasificados. Más tarde salieron “Yo acuso” y “La Boina”.
El gobernador del Distrito Federal, Rafael María Velasco detuvo a los intelectuales que creyó capaces de escribir tales hojas. Así fue como Andrés Eloy Blanco, Raúl Carrasquel, Tadeo Arreaza Calatrava, Francisco Manuel Mármol, Francisco Pimentel (Job Pim), Carlos Eduardo Frías, Luis Emilio Monsanto, Pablo Domínguez y muchos otros fueron encerrados con sus respectivos grillos en La Rotunda; pero esto no acalló la protesta y puntualmente, las hojas siguieron circulando diaria o semanalmente.
A principios de julio fue apresado el perseguido subteniente Barrios, “el soldadito de Dios” y con él también cayeron su ocultador …Germán Nash, los Anzola, el fotógrafo Baralt y Jóvito Villalba Gutiérrez. Este fue el momento en el que varios estudiantes salieron al exilio, a continuar con sus estudios y sus vidas en otros países. Uno de los protagonistas de La Semana del Estudiante, también involucrado en el Cuartelazo del 7 de abril, Rómulo Betancourt, huyó a la vecina isla de Curazao donde comenzó sus primeros 8 años de exilio hasta la muerte de Gómez.
Contra los propósitos del régimen gomecista de dar connotación comunista a las acciones de la Semana del Estudiante y al movimiento militar-estudiantil del 7 de abril, respondieron los estudiantes exiliados Rómulo Betancourt y Miguel Otero Silva, en un artículo sin firma en su folleto “En las Huellas de la Pezuña”, originalmente publicado en Santo Domingo en 1929 y reimpreso en Caracas en el año 2007 en Los Libros de El Nacional.
En dicho artículo “El sentido y orientación del movimiento universitario en Venezuela”, no sólo se refuta la “calumnia comunista” y se reafirma la orientación “exclusivamente antidictatorial” de su movimiento, sino que se define quienes son como grupo, qué ideales los orientan y cuál es su ideología, en parecidos términos a los que dos años después asentarán en el “Plan de Barranquilla”:
“Luchamos por una democracia decente (…) luchamos porque nuestra política interior de peculado y monopolio sea substituida por otra de honradez y libre concurrencia; y porque nuestra actuación de pueblo dentro de la comunidad internacional se despoje de esas babosidades indecorosas (…) luchamos porque elementos civiles sustituyan en el manejo de la cosa pública a los sargentones analfabetos que han venido monopolizando la política y la administración; luchamos porque hombres nuevos, sin cuentas insolventes con la justicia histórica, asuman papel dirigente; luchamos, en síntesis, por la conquista de un estado social equilibrado y armónico, propicio al libre desenvolvimiento de las aspiraciones colectivas”.
Bibliografía recomendada:
BETANCOURT Rómulo y Miguel Otero Silva. En las Huellas de la Pezuña. Internet FUNDACION RÓMULO BETANCOURT. Antología Política de Rómulo Betancourt. vol 1.
Monterey – Estado de Nuevo León – México.
