La luna

DARIADAS – DARÍO PÉREZ – El Candil Pedregalero – Año II – N° 76 – Sábado, 29 de agosto 2020.-

Cuenta la historia, que hace miles de años la Luna estaba mucho más cerca de la tierra, tanto así, que en los tiempos de luna llena, esta parecía una gran torta de casabe, y si alguien lograba escalar una montaña, la tendría casi al alcance de la mano, Aseguran que era muy linda, que la luz que proyectaba era tanto como la del sol, pero más fresca, que era muy límpida, no mostraba señal alguna de estrías o marcas, su textura era como la de una manzana.

Los pobladores de aquellos tiempos, tenían por costumbre salir de noche a ver tan digno espectáculo, ya que en todas sus fases era una belleza. Entre estos pobladores, estaba el matrimonio formado por Arlindo, su esposa Milandia, y sus dos hijos menores, dicen los entendidos que la más maravillada por el esplendor de la Luna era Milandia, que solo se lo pasaba observando y hablando de la Luna, hacía las cosas con rapidez con tal le quedara tiempo para observarla, ya Arlindo había notado tal encantamiento de su esposa, en algunas ocasiones él había llegado de trabajar y ella estaba si haber hecho los oficios hogareños, sólo se lo pasaba peinándose y contemplando el espacio.

Dicen que un día, se presentó un viajero al pueblo, era un joven de quien se decía habitaba en la Luna, estuvo rondando el pueblo por varios días, hasta que le llegó la noticia a Milandia sobre el supuesto habitante lunero, ella trató de entablar conversación con él, como ella era una morena muy esbelta, él enseguida le prestó atención, ella solo deseaba saber si era cierto que él provenía de la Luna, a lo que él asintió, y no solo lo dio por cierto, sino que también dijo que pronto regresaría a ella, esto emocionó a Milandia, quien se ofreció acompañarle en tan hermoso viaje.

Dicho y hecho, Milandia y el joven emprendieron viaje, atrás quedaron su esposo, sus hijos y su pueblo, pero ¿Qué era eso para ella? ¿Acaso no era mucho mejor realizar sus sueños? Desde niña había soñado pisar la Luna, sentirla, vivirla, ser parte de ella, y ahora que tenía la oportunidad no la iba a despreciar.

Cuando Arlindo regresó de sus labores diarias, se encuentra con lo inevitable, algo que siempre había temido, que su hermosa Milandia lo abandonara en busca de sus locos sueños .

Arlindo toma su arma larga, la recarga con munición doble, se despide de sus hijos y emprende viaje hacia la cúspide de una montaña, nadie sabe qué planes tiene Arlindo, solo saben que algo terrible debe pasar por su mente, él continúa cuesta arriba, una vez llegado a la cima, revisa su arma para asegurarse que todo está perfecto, anochece, se oyen murmullos, tanto del viento, como de insectos nocturnos que ven llegar su hora. De pronto se nota un claro resplandor en el horizonte, pero este horizonte no está muy lejos de Arlindo, desde la cima donde estaba divisaba todo, ve salir su rival, ve venir la Luna ahora más grande y más hermosa que nunca, por un momento se maravilló y hasta le sonrió, pero poco duró el embrujo, echando su arma al hombro apuntó al medio de lo que consideraba era culpable de su tormento, cerró los ojos , por un momento pensó en Milandia, en sus hijos y sus amigos, pero luego volvió a la carga, apretó los dientes y descargó toda su ira.

Cuentan los conocedores que se oyó una fuerte descarga y una más fuerte sacudida, los volcanes se activaron, hubo maremotos, todo se oscureció, se presentó un diluvio, muchas montañas desaparecieron y dieron vida a otras, el Krakatoa hizo su mayor estrago, se formaron las Rocallosas de Canadá y del Colorado, y hasta el Gran Cañón modeló su forma, se formaron otras grandes estructuras geológicas, se dice que hubo una acumulación de rocas que facilitó luego la construcción de las pirámides y otras estructuras hechas por la mano del hombre.

De Arlindo nunca más se supo nada, mucho menos de Milandia, las noches estuvieron a oscuras por mucho tiempo. Hasta que cuando nadie se lo esperaba apareció de repente la Luna, pero ya no era la misma de antes, esta estaba mucho más alejada, era más pequeña, su luz ya no era tan nítida, pero eso sí, al ser observada con detenimiento, se podía notar las cicatrices que presentaba su superficie. Y hasta hoy día, a simple vista se pueden observar estas marcas en su cara.

Coro – Capital del Estado Falcón – Venezuela

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