EL ARTE DE COMBINAR EL SI CON EL NO – RICARDO BULMEZ – El Candil Pedregalero – Año II – N° 86.-
A los que sólo ven la paja en el ojo ajeno
Me encontré con un amigo a quien hacía más de tres años que no veía ni sabía nada de él; es sabroso verse con gente a la que el tiempo ha alejado. Conversamos de todo, hablamos de personas queridas y de circunstancias comunes. Le pregunté por su esposa con gran cariño, pues mi amistad no sólo era con él sino también con su pareja.
– ¡Pero!, ¡¿cómo?, ¿tú no te enteraste?! – me contestó.
– No… ¿Qué pasó? – le dije con cierta preocupación.
– Nosotros nos divorciamos – me dijo, percibí satisfacción en su respuesta.
Esta noticia me tomó de sorpresa y no me cayó nada bien. Yo no soy casamentero ni lo contrario, pienso que el matrimonio es problema de cada cual, y cada uno sabe lo que hace, o por lo menos debe saberlo, pero esta nueva me dolió.
Las personas cuando se divorcian creen que ellas son las únicas afectadas y no se dan cuenta de que se llevan a mucha gente por delante. Mi aprecio era para los dos juntos, no por separado; los conocí juntos y así aprendí a quererlos, pero ellos sin saberlo me habían dejado sin pareja, me habían dejado sin un par de amigos.
Aunque el divorcio no era conmigo me afectó, me concernía y me entristecía. No debería haber divorcios, creo que hay otras salidas.
– ¿Qué les pasó? – le pregunté.
– ¡Qué va!, esa mujer me salió mala – me dijo con indiferencia.
– ¡¿Te salió mala?!, pero ustedes se veían bien – le dije, no saliendo todavía de la sorpresa.
– Sí, claro, al principio todo iba bien, pero esa mujer después se echó a perder. ¡Tú sabes cómo son ellas! – así me contestó.
– No – le contesté -, yo no sé “como son ellas” …
Me molestó que se refiriera a la otra parte como a “esa mujer”, porque la compañera que estuvo a su lado no fue “esa mujer” fue su esposa. Una mujer es cualquier persona que pertenezca al sexo femenino, en cambio una esposa es la persona que está contigo “hasta que la muerte los separe”.
Ahí está la gran diferencia entre una y otra. Enseguida comenzó a hablar mal de su “ex” como para justificar su acción; esto no me agradó para nada, pues la otra parte estaba ausente y no es bueno ni sano hablar mal de alguien que no está presente, a no ser que sea para bien.
Yo quise darle un giro a la conversación para evitar que siguiera expresándose despectivamente de mi amiga.
– ¡¿Y qué más?!, ¿Cómo está el trabajo? – le pregunté con evasivas.
– ¡Espera un momento!, todavía no he terminado de contarte – me dijo sonriente.
– Sí, dime – le dije sin ánimos de seguir escuchándolo.
– Yo me casé otra vez… – me dijo con cierto aire de reto.
– ¡Ahhh…! , ¡¿te casaste nuevamente?! – le pregunté sorprendido ya que hacía apenas un año que se había divorciado, el matrimonio anterior no había llegado a cuatro.
– Sí, ¡qué va!, yo no me quedo solo – me contestó con prepotencia.
– ¿Y qué tal te va con esta otra pareja?
– Tampoco me va bien – me dijo -, ésta también me salió mala, yo no sé qué me pasa que tengo mala suerte con las mujeres.
Muchas personas creen en la mala suerte y piensan que lo peor de la vida les ha tocado a ellas, dicen que les tocó la peor pareja, el peor país, la peor religión, el peor partido político. Y no es así, porque el problema está dentro de uno, el secreto está adentro, uno es el que decide con qué destino vivir.
Pero mientras no nos digamos la verdad viviremos en la esclavitud y la “mala suerte” es una de las peores cadenas que existe.
Jesucristo dice: “LA VERDAD LOS HARÁ LIBRES”. La persona que no es feliz con la primera pareja tampoco lo será con la segunda, ni con la tercera… ni con la cuarta…, el que no es feliz en su país no lo será en el extranjero, pues si aquí sufre en moneda nacional allá sufrirá en divisas ajenas.
La felicidad no está en el cambio de personas ni de país sino en el cambio de actitud, está cuando se tome la firme decisión de vivir a plenitud en donde y con quien se esté. Algunos en vez de cambiar de relación cambian de persona, y lo que hace daño no es la persona sino la forma en que yo me relaciono con esa persona.
Tú nunca vas a encontrar la felicidad mientras creas que hay que cambiar las cosas de afuera, si no transformas tu corazón siempre tendrás “mala suerte” porque la peor suerte de todas es no amar a los demás.
– Entonces, ¿estoy condenado a “calarme” esta persona y este país?
– No, no estás condenado a nadie ni a nada; a lo que estas esclavizado para toda tu vida y tienes que “calarte” son a ti y a tus propias decisiones.
¡Donde quiera que vas tú, van las consecuencias de tus decisiones!
Coro – Capital del estado Falcón – Venezuela
