La maldición de Lataí

Por Eugénio Montoro

Zeus, el dios rey de los griegos, gustaba de echar canas al aire y, de vez en cuando, tocaba la tierra buscando bochinche. Una vez, disfrazado de hombre apuesto, se levantó a una linda mortal en Atenas y, de esa aventura, la mujer parió una hija a la que puso el nombre de Lataí.

            Todo iba bien hasta que Heras, la esposa de Zeus, se enteró de la vaina y a pesar de ser diosa se puso como una cuaima cualquiera y, utilizando sus muchos poderes, decidió vengarse no de la madre sino con Lataí.

            Lataí era, además de una semidiosa, famosa por ayudar a la gente y, por eso, Heras la maldijo y ordenó que por cada favor que hiciese le saliera una roncha, una costra o una cicatriz en el cuerpo. Como la joven era muy generosa pronto se llenó de costras convirtiéndose en un monstruo al que nadie quería acercarse.

            A la gentil Venezuela, a la linda nación que todos venían y abría sus brazos, a la tierra de gracia, a este hogar próspero también le cayó una maldición que la llenó de costras, llagas y cicatrices y de una manera tan extensa e intensa que hasta muchos de sus hijos decidieron marcharse.

            La maldición vino disfrazada de promesas. Usó el sistema democrático para alcanzar el poder y luego ignorarlo. Se copió el fracasado sistema cubano y destruyó el sistema económico. Ninguna institución o empresa pública funciona bien, el tejido social está prácticamente dedicado a la supervivencia, mientras grupos de narcotraficantes, guerrilleros y terroristas caminan sin reparo.

            Hemos tenido el privilegio de cooperar con el Plan País (una especie de plan de gobierno para una transición) en el área de nuestra especialidad, pero con ello también tuvimos la oportunidad de conocer de la situación en varios sectores del amplio mapa que forma el plan. En todas partes las costras y cicatrices se presentan de una manera extensa y profunda, anticipando la enorme dificultad que tendremos para corregir esta especie de destrucción masiva.

            Una característica macabra de estas costras es que ninguna se puede curar al menos que mejoren otras muchas. Tomemos de ejemplo para explicarlo, la tarea de sacar la educación básica del abismo donde se encuentra.

 Empezaríamos por tratar de rescatar la infraestructura y pronto veríamos que no hay suplidores de pocetas, ni de pupitres, ni de cabillas, ni de nada pues las fábricas que antes lo hacían están cerradas. Descubriríamos que el 70% de los maestros se fueron a otro país o debieron cambiar de oficio. Constataríamos que no hay comida para los estudiantes pues la producción agrícola es mínima y no hay transporte pues las unidades están faltas de repuestos o no hay gasolina pues las refinerías no funcionan. Lamentaríamos entender que no hay sistemas de seguridad para evitar desvalijen las escuelas. Nos enfrentaríamos a las fallas en los servicios de agua y electricidad y un gran etc. que termina hasta en la falta de un trabajo decente para poder enviar a los chamos al colegio con alguna ropa y zapatos.

            Todas las costras que tenemos como Nación presentan este problema de interconexión entre sectores y absolutamente nada podrá mejorar a menos que muchas otras cosas mejoren a la vez. Esto nos lleva a concluir que el proceso de recuperación nacional, por lo extenso, complejo y entrelazado, será muy lento y no podemos crear la ilusión de que las cosas mejorarán en poco tiempo.

            El problema de las costras es tan grande que hasta un proceso de emergencia de descentralización puede ser una excelente opción simplemente por el poder dividir los problemas entre varios actores y colocarlos en dimensiones entendibles. Que cada región busque sus propias soluciones y priorice sus problemas y, como respaldo necesario, tengamos un seguro de algún préstamo internacional, para que los millones de pobres que existen tengan al menos que comer durante un larguísimo período.

            Sacar al usurpador está costando, pero al final nos va a parecer poco comparado con el fenomenal trabajo que va a ser rescatar a Venezuela. La diferencia es que lo haremos con una gran sonrisa de futuro.

montoroe@yahoo.es

Maracaibo-Estado Zulia-Venezuela

07 de septiembre de 2019

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One comment

  1. Excelente, como siempre. Y sin hacer mención del difícil reto que representa el trabajo de recuperación moral dentro de la debacle de Valores morales y espirituales en los que caído la sociedad…..Felicitaciones…!!!

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