LA CALLE 2 – SIMÓN PETIT – EL CANDIL – AÑO III – N° 151.
Distintas revistas y medios, portales y plataformas del mundo, hacen anualmente su resumen y elección de lo más destacado y peor del año. De allí sale, el hombre y la mujer, el deportista, la empresa, la canción, la peor película o peor novela del año, etc.
Sin embargo, me adelanto con mucho atrevimiento al decir que, a esta altura de la Pandemia, nada le quitará el puesto a una palabra que se ha convertido desde el inicio de esta cuarentena, en la palabra del año.
Aquello que en otrora para todos fue, y me refiero al hispanoparlante, la “entrega a domicilio” o “servicio a la puerta de tu hogar” – y que ya conocíamos porque algunos comercios y negocios lo implementaban -, hoy día se ha convertido en una palabra que, siendo de origen francés y con su variación al anglosajón conocida como “Delivery”, se ha hecho un término universal.
Esto ha sido la panacea de algunos comerciantes porque para las medidas que restringen el tránsito y la reunión en sitios donde por lo general acuden muchas personas, el “delivery” es, como quien dice, la comodidad de esperar en tu casa el pedido del producto o los productos que necesitas y consumes. Pero ¿de dónde viene ese bendito “delivery”?
Al parecer – y así lo reseñan algunas crónicas -, surge de la idea que tuvo algún pulpero de los años 1800 en Europa, cuando para facilitar la venta de la carne y la leche comenzó a ofrecer la venta de los productos con este sistema. Así, otros le imitaron y se hizo “normal” que la gente esperara lo que pidieron con el dinero listo, porque había que garantizar el negocio de lado y lado. Y como todo negocio rentable en el mercado de valores, surgió, como es natural, la competencia y el ofrecimiento de la entrega en un tiempo estimado, con el aliciente de que si no tenía el producto en sus manos a la hora convenida, el producto le salía gratis.
Eso lo implementó Domino’s Pizza en EE.UU. En la modernidad, hemos visto el delivery de aquella época cuando dejaban en horas de la madrugada el pan y la leche, e incluso, a quien pidiera el combo completo, el periódico local y nacional en la puerta de la casa; pero eso también en este país, hace tiempo se acabó.
Definitivamente el servicio se ha potenciado en este ciclo y, por lo visto, quizá por lo que resta de año, será imprescindible. Quedará como modalidad cotidiana de aquí en adelante, porque los seres humanos somos extremadamente cómodos y preferimos que nos lleven la pizza, la parrilla o el mercado a la mesa. Incluso el incremento que se cobra por el servicio sale hasta barato a la hora de echar números.
Pero el delivery ahora se ha transformado (porque a todo en esta vida le buscamos la vuelta), y lo que es una asistencia común y sencilla, ahora es otra con características e ideas sobre la variedad del servicio con opciones menos imaginadas o conocidas. Hay muchas ofertas de ese complemento al consumidor, por ejemplo, cuando compramos algún electrodoméstico que por su peso y tamaño no lo podemos llevar y entonces entra el delivery con otro nombre: el flete; pero recientemente, vi una publicidad donde el negocio de la prostitución ahora también ofrecía el delivery para que el cliente no se exponga en la calle y pueda, en la comodidad de su hogar, disfrutar del sexo placentero y casual.
Esto no es nuevo porque se ha hecho antes; pero ahora es más directo el mensaje y la acción. Por supuesto, eso es para los solteros porque no me imagino que alguna dama sensual y esbelta toque a la puerta de una casa o apartamento, preguntando por el señor para consolarlo por el tiempo que pagará su servicio de acuerdo con la tarifa del día a precio de dólar, y que ella, a su vez, sea recibida en ese momento por la esposa del susodicho.
O, como todo puede suceder en este mundo, que acontezca lo contrario, aunque esto sea poco común y probable porque la mujer es más inteligente para estos deslices que el hombre. Eso me recuerda también en otro sentido que los bebés eran parte de un delivery de la cigüeña.
Se me ocurre que en el futuro esa ave sea dignificada y tomada como símbolo de ese noble trabajo y quizá hasta un lema le saquen con poemas, canciones y odas laudatorias para enaltecerla.
Hoy es noche de cine en familia y nos preparamos para ver, con cotufas en mano, dos películas que ya tienen sus años de realizadas pero que hacen honor a ese servicio de entrega: Il Postino de Massimo Troisi y Michael Radford, y, Entrega Inmediata de David Koepp. Por el momento, mientras escribo esto, espero que mi delivery de espumosas y gaseosas llegue a tiempo para seguir disfrutando la cuarentena en familia.
PUNTO FIJO – PENÍNSULA DE PARAGUANÁ – ESTADO FALCÓN – VENEZUELA
