
Mirela Quero de Trinca
Un rápido vistazo a diez años de gobiernos militares (1)
Con el derrocamiento del presidente Rómulo Gallegos, el 24 de noviembre de 1948, se inició la Década Militar, período de tiempo que transcurre desde 1948 hasta 1958.
En la primera mitad de esta década, dos Juntas Provisorias gobernaron al país en nombre de las Fuerzas Armadas; triunviratos presididos por el teniente coronel Carlos Delgado Chalbaud (1948-1950) y, después del asesinato de éste, por el doctor Germán Suárez Flamerich (1950-1952). La segunda mitad de la década, corresponde al gobierno constitucional del coronel Marcos Pérez Jiménez (1953-1958), quien llegó al poder por decisión de las Fuerzas Armadas y confirmación de una Asamblea Nacional Constituyente espúrea.
Las primeras acciones de la Junta Militar de Gobierno presidida por el teniente coronel Carlos Delgado Chalbaud, se encaminaron a apresar a los integrantes del gobierno derrocado y a los dirigentes y militantes del partido de gobierno, Acción Democrática, logrando desarticular sus organismos de dirección y de comunicación.
Desde el presidente de la República, sus ministros y la gran mayoría de los líderes del Partido fueron detenidos, unos lograron huir y otros obtuvieron asilo en diferentes Embajadas. Entre ellos, Rómulo Betancourt, presidente de Acción Democrática, quien el 1º de diciembre obtuvo asilo en la Embajada de Colombia.
«…el régimen militar, simultáneamente se dedicaba a derrocar también el orden republicano establecido»
Mirela Quero de Trinca
Mientras el régimen militar expulsaba al presidente Gallegos, simultáneamente se dedicaba a derrocar también el orden republicano establecido, destituyendo gobernadores, reformando el Poder Judicial y disolviendo el Congreso Nacional, Concejos Municipales, Consejo Supremo Electoral y sindicatos.
El 7 de diciembre de 1948, por decreto No 9, ilegalizó a Acción Democrática, único partido al que aplicó esta medida extrema, dejándola sin organismo de dirección, ya que la mayor parte del Comité Ejecutivo Nacional (CEN) del Partido estaban presos o asilados. Al día siguiente, 8 de diciembre, el nuevo CEN de AD, replicó lanzando el Manifiesto de la Resistencia, en el que anunciaba su pase a la clandestinidad y el inicio de la lucha para recuperar las libertades públicas y la soberanía política usurpada: El Partido entra en una etapa de sacrificios y de organizada resistencia (…) Sabemos que la batalla será cruenta y brutal (…) La hora es de rudo y persistente trabajo, de abnegada labor, de sacrificio perenne. Resultaron proféticas las palabras, porque la resistencia tanto interna como externa, fue una etapa de sacrificios y de enfrentamiento directo al régimen militar, que significó la cárcel, tortura, exilio y muerte para muchos.
Al principio, sólo sobre Acción Democrática recayó el peso de hacer la resistencia internamente en Venezuela, pero luego se fueron incorporando sectores políticamente independientes y militares institucionalistas, así como sectores universitarios y obreros comunistas, que en acción coincidente, enfrentaron al régimen. En noviembre de 1949, Leonardo Ruiz Pineda toma las riendas del partido como secretario general de AD y logró estructurar un aparato clandestino formidable.
El fracaso de la huelga petrolera de mayo de 1950, acarreó la ilegalización del Partido Comunista de Venezuela (PCV) y varios de sus militantes pasaron a incrementar la lista de detenidos y expulsados.
En diciembre de 1952 tocó el turno al partido Unión Republicana Democrática, hasta entonces colaborador del régimen, que triunfó en las elecciones convocadas para elegir los miembros de una Asamblea Nacional Constituyente, obteniendo en cambio, el desconocimiento del resultado electoral, la expulsión de varios de sus dirigentes, entre ellos Jóvito Villalba y el nombramiento del coronel Marcos Pérez Jiménez como presidente provisional.
La resistencia desde el exterior se manifestaba en campañas de denuncia internacional y en recursos humanos y económicos que ayudaban a sostener la resistencia en Venezuela. Tanto dinero, como armas y hombres, mediante el ‘velandeo”, ingresaban clandestinamente al país para enfrentarse al régimen militar. La resistencia externa tuvo su más importante portavoz en Rómulo Betancourt, presidente de AD, quien desde el mismo momento de su salida al exilio, el 23 de enero de 1949, empezó una intensa campaña por la liberación de los presos políticos y denunciando la violación de los derechos humanos en Venezuela.
En Venezuela, después de tres años de peligros constantes, Ruiz Pineda, el Abel de la Resistencia, fue asesinado (21 de octubre de 1952). A partir de entonces, la efectividad de la Seguridad Nacional, policía política dirigida ahora por Pedro Estrada, hizo estragos en las filas de la resistencia desmantelando los sucesivos CEN de AD cuyos dirigentes fueron encarcelados, torturados y algunos asesinados, perdiendo el Partido una parte importante de su generación de relevo. La muerte y prisión de la dirigencia y militancia, así como la eficiencia de la Seguridad Nacional, unida a la indiferencia de la mayoría de la población no politizada, que disfrutaba de la bonanza económica durante los gobiernos militares, terminaron por desgastar la lucha. El 13 de junio de 1953, Betancourt ordenó el “repliegue”, táctica que se tradujo en el cese de las actividades conspirativas y en la reorganización de las filas de AD, tarea cumplida por la nueva generación de jóvenes militantes.
Al aproximarse las elecciones presidenciales pautadas para finales de 1957, el partido AD en el exilio decretó la Nueva Táctica, favoreciendo la vía electoral como única manera de resolver la situación venezolana, al tiempo que Rómulo Betancourt proseguía en sus intentos de formar con representantes de URD y COPEI un frente de partidos políticos en el exilio. No fue sino hasta enero de 1958, luego del alzamiento de la aviación militar, el 1º de enero, cuando finalmente se concretó el Pacto de Nueva York.
Dentro de Venezuela, los intentos unitarios habían fructificado más temprano, ya que desde junio, el Partido Comunista y URD habían formado la Junta Patriótica a la que se incorporaron AD y Copei, llevando adelante la lucha política contra el régimen y teniendo un papel de primera importancia en el debilitamiento del mismo, hasta llegar al 23 de enero con la huida del dictador.
Finalizaban así, casi diez años de resistencia. Y aunque al período de las Juntas Provisorias (1948-1952) se las ha llamado dictablanda, la realidad es que durante estos gobiernos se iniciaron las torturas, la persecución, encarcelamiento y destierro de una parcialidad política, la represión de los obreros y sus sindicatos, la clausura de la Universidad, el envío de los presos políticos a la Penitenciaria de San Juan de Los Morros, a las colonias móviles de El Dorado, a los penales de Guasina y Sacupana y a la cárcel de Ciudad Bolívar; procedimientos que se agravaron durante la dictadura de Pérez Jiménez, cuando la tortura y el desprecio por la condición humana se extralimitó y unos venezolanos, seguidores de un régimen dictatorial, fueron capaces de martirizar y asesinar a otros venezolanos que luchaban por su libertad.
(1) Artículo inicialmente publicado en la revista El desafío de la Historia. Año 3 Revista 16, pp.70-72. 2010.
Monterrey, México, 30 de marzo 2019.
