CANTACLARO – MAUEL BARRETO HERNAIZ – EL CANDIL – AÑO III – N° 153.
«Hemos ratificado el camino de una poderosa cooperación militar entre Rusia y Venezuela… el ministro de Defensa, Vladimir Padrino, tiene instrucciones precisas, así como todo el estado mayor superior. Vamos a incrementar todos los planes de preparación, entrenamiento, cooperación con una potencia militar del mundo como es Rusia. Nuestros lazos son profundos e históricos» – Nicolás Maduro
De manera muy premonitoria, Netflix presentó recientemente “Munich en vísperas de guerra”, film bien logrado, donde nos recrean esos vanos intentos del entonces Primer Ministro de Gran Bretaña, Neville Chamberlain, por preservar la paz, mediante la llamada “Política de apaciguamiento”. Esta ha sido la razonable analogía más empleada en estos días ante esas sanciones parciales o amonestaciones sin ningún efecto.
El epilogo de los Acuerdos de Múnich tuvo como escenario el Parlamento británico – en octubre de 1938 –donde Chamberlain expuso la defensa de su gestión mediante la cual cedía la zona de los Sudetes, en Checoslovaquia, a un impetuoso Hitler. Luego de escuchar los alegatos de la “Política de Apaciguamiento” con la cual esperaban evitar la guerra, Winston Churchill tomó la palabra: “La hora de la verdad no ha hecho más que comenzar. Esto no es más que el primer sorbo, el primer anticipo de una copa amarga que nos ofrecerán año tras año, a menos que, mediante una recuperación suprema de la salud moral y el vigor marcial, volvamos a levantarnos y a adoptar nuestra posición a favor de la libertad, como en los viejos tiempos (…) Les dieron a elegir entre el deshonor y la guerra… eligieron el deshonor, y ahora tendremos la guerra”.
La gastada tesis de Clausewitz – La guerra es la continuación de la política por otros medios – es repetida por innumerables militares y políticos, los que muchas veces no comprenden sus reales implicaciones. La primera consideración a tener es repetir la fórmula tal como su autor la expuso: «La guerra no es simplemente un acto político, sino un verdadero instrumento político, una continuación de las relaciones políticas, una gestión de las mismas con otros medios».
Acá, lamentablemente, se hace apología a la guerra y a la confrontación. Para el régimen y sus secuaces lo importante no es la realización del ser humano y su espíritu creador, sino la aquiescencia total a las alocadas disposiciones dictadas desde la Habana, o desde Moscú, obviando, de manera irresponsable, el costo futuro que tales acciones acarrearía a la nuestro país.
Toda guerra es un hecho terrible para cualquier sociedad; y sin embargo la absurda manera como de vez en vez se juega al patriotismo exultante, provocando los odios de una nación hacia otra tan sólo para levantar polémica, para perturbar unas elecciones, o conseguir aprobación social o política, no sólo habla de la limitada visión que tiene el régimen que no se conforma con habernos llevado de manera irresponsable, corrupta y criminal, a la espantosa ruina que hoy tenemos como país.
La guerra que verdaderamente se hace imperativo librar es la guerra al hampa y a la violencia desatada que no respeta ni vidas ni propiedades; la guerra ineludible debería ser contra el alto costo de la vida, contra la indetenible inflación. Debemos prepararnos a la batalla contra la oscuridad, no sólo por la irresoluta crisis eléctrica, sino a la penumbra moral a la cual nos ha conllevado este irresponsable régimen.
Son tantos los frentes de batalla, que será menester el concurso y compromiso de todos, pues este alocado gobierno dilapido ya no se sabe cuántos «Planes Marshall», sin dejar nada loable o palpable en la disminución de los índices de pobreza, en una educación de calidad y pertinente con este tercer milenio; en la infraestructura vial de todo el país, que se asemeja bastante a la alemana…de 1945.
Y una seria contienda que se nos presentará será la exigir que se dispense salud, de manera integral y no esporádica o sectorizada, a los venezolanos, pues el régimen optó por el modelo cubano de Barrio Adentro y abandonó la estructura tradicional generando el deterioro de los hospitales. La guerra que no se puede seguir eludiendo es contra la imparable pandemia del COVID; contra el chipo, el dengue y todas esas enfermedades que creíamos habían quedado enterradas con los operativos «tácticos» llevados adelante desde la época de Gabaldón.
El día 3 de septiembre de 1939 – dos días después de iniciarse la II Guerra Mundial – el último filósofo del Cristianismo, Jacques Maritain clamaba: …»Los Estados totalitarios no ignoran la importancia de la unanimidad moral; ellos se esfuerzan en buscarla, pero tan sólo mediante la intimidación y el terror. La cuestión es saber si los pueblos de los países todavía libres son capaces de alcanzar, por la vía de la libertad y del espíritu, una unanimidad moral suficiente y resistir a las alteraciones que amenazan a cada quien en su conciencia. Cada vez que alguien cede en este país a cualquier infiltración del espíritu totalitario, bajo no importa que forma, y bajo no importa cual disfraz, es una batalla perdida para la civilización…
Por los momentos, podemos afirmar que Putin logró su primera victoria, al dejar al descubierto las evidentes debilidades y temores del mundo occidental.
VALENCIA – ESTADO CARABOBO – VENEZUELA
