La violencia: semilla germinada en la revolución

Por Manuel Barreto Hernainz


» La violencia no deja de tener cierto parentesco con el miedo” .

Arthur Graf

Hace varias décadas explicaba el sociólogo francés Pierre Bourdieu que el Estado patrocina la utilización de la violencia física y simbólica en un territorio establecido y controlador de un conjunto de ciudadanos que, teóricamente, le corresponden; pues al ejercer violencia, el Estado está en condiciones de crear fórmulas institucionales que se incrusten en los cerebros, en calidad de estructuras mentales y de pensamiento, de quienes conforman estos Estados.

La persecución, el hostigamiento y la violencia política se recrudecen. Lo acontecido en el peligroso ataque del cual fue víctima María Corina Machado y quienes le acompañaban en Upata, no fue un hecho espontáneo.

De nuevo el odio, la violencia y la brutalidad aparecen como estrategia política. Una vez más mueven esos mecanismos de agresión.

Pasaron de las iracundas expresiones, de las irritantes arengas que el régimen estimula para que sean seguidas como órdenes, al salvaje ataque…

Cuando el gobierno apela a la violencia, reconoce con ello su propia incapacidad y debilidad y este régimen cree en la violencia como herramienta política legítima para alcanzar sus metas.

Desde Miraflores y secundado por todos los “poderes”, se está estimulando una política de enfrentamiento colectivo que nos puede volver a las violentas luchas fratricidas de siglo XIX.

Esta violencia es el resultado de 18 años de intolerancia, de la nefasta siembra de resentimientos y odios; de la totalitaria y ciega ambición de poder, de la aquiescencia sumisa y cómplice de aquellos secuaces que sempiternamente y en cualquier contexto histórico obtienen ganancias por corruptelas; de la perversa demagogia y de los maquiavélicos planes que estos seres del oscurantismo vienen realizando para perpetuarse en el poder.

Esa es la semilla germinada de la “revolución bonita”, que fue abonada con rabia y regada con resentimiento, ese es el fruto de este “proceso” que se pudre de manera acelerada. El dogmatismo, la intolerancia, el fanatismo, les llevan al desprecio de lo que no pueden alcanzar, pues ni tienen los valores, ni están capacitados para lograrlo.

La violencia, el desprecio, la crueldad que demuestran estos seres se da porque es el odio lo que las dirige, no la búsqueda de la solución del conflicto. Y así terminan, pues el terror acaba arrasando a los mismos que lo han puesto en marcha.

Ante tales acciones repetimos una vez más: resistir activamente al totalitarismo del régimen es la ruta. Sin duda alguna, muy difícil, tortuosa, peligrosa… Pero es la ruta.

Valencia, Estado Carabobo, Venezuela

06 de abril de 2019

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