Las relaciones de Venezuela con la región del Caribe en los primeros 20 años de la democracia representativa(Parte 2)

DE HISTORIA Y ALGO MAS – MIRELA QUERO DE TRINCA – El Candil Pedregalero – Año II – N° 88 .-

El Gobierno Constitucional de Rómulo Betancourt. 1959-1964                                                         

Durante su primer desempeño presidencial en el Trienio 1945-1948, Rómulo Betancourt inauguró una política exterior de aislamiento de las dictaduras mediante el establecimiento de una especie de “cordón sanitario”, consistente en la ruptura y el no mantenimiento de relaciones con gobiernos dictatoriales, rompiendo relaciones con la República Dominicana donde gobernaba Rafael Leonidas Trujillo y con España, donde presidía el generalísimo Francisco Franco.

Dicha política fue seguida por el otro presidente del Trienio, Don Rómulo Gallegos, quien en su discurso de toma de posesión de la Presidencia, al referirse a la política exterior que ejecutaría su gobierno, dijo:

…“Serán fortalecidos los lazos de amistad de Venezuela con aquellas naciones cuyos gobiernos descansen sobre el consenso de los gobernados, siendo esta condición nada más que la inevitable consecuencia de la prudencia que demanda el reciente logro de la democracia en Venezuela”…

Diez años después, luego del derrocamiento del general Marcos Pérez Jiménez y triunfador en las elecciones, por segunda vez Rómulo Betancourt toma posesión de la Presidencia de la República el 13 de febrero de 1959.

A partir de esta fecha se acrecentará la conflictividad de Venezuela con algunas naciones del Caribe al llevar a cabo una política exterior enfocada a la promoción de la democracia y al aislamiento de los gobiernos dictatoriales, política que años después será llamada Doctrina Betancourt, la cual se oponía a mantener relaciones con países cuyos gobiernos no hubieran sido elegidos en comicios libres.

En consecuencia, durante el segundo período presidencial de Rómulo Betancourt (1959-1964), la política exterior venezolana se «cubanizó», a la par que se «destrujillizó» a partir del 30 de mayo de 1961, cuando el dictador dominicano Rafael Leonidas Trujillo fue asesinado.

Fue así como el 12 de junio de 1959, por segunda vez, el presidente Betancourt rompió relaciones con la República Dominicana, nación gobernada desde 1930 por el general Rafael Leonidas Trujillo. Esta decisión no causó sorpresa ya que era conocida la enemistad entre ambos mandatarios y las relaciones de Trujillo con anteriores gobernantes venezolanos no habían sido muy felices.

Si bien durante el gobierno de Juan Vicente Gómez la cordialidad había imperado en las relaciones con Trujillo, ya desde los tiempos de Eleazar López Contreras habían sido tensas; la frialdad había predominado durante el gobierno de Isaías Medina Angarita llegando incluso hasta la suspensión de relaciones; y la ruptura fue la respuesta durante la Junta Revolucionaria de Gobierno que de 1945 a 1948 había presidido Betancourt, enemigo personal y político de Trujillo.

Las relaciones venezolanas con el dictador Trujillo sólo fueron manifiestamente amistosas durante el gobierno del general Marcos Pérez Jiménez. Por lo tanto, considerando la innegable participación de Trujillo en acciones contrarias al nuevo sistema político venezolano, así como la animadversión personal de larga data entre ambos mandatarios, no era de extrañar la decisión de ruptura por parte del presidente Betancourt, ya que era política de Estado el rechazo a las dictaduras y la promoción de la democracia.

En su alocución del 5 de julio de 1959, al referirse a los obstáculos externos a los que se enfrentaba su gobierno, Betancourt denunció:

…la persistencia en el Caribe de un foco perturbador de la paz de América, constituido por un régimen que desde hace varias décadas conspira, con desprecio de convenios y tratados internacionales, contra todo gobierno democrático que surja en esta área…

Con el propósito de promover la democracia en el continente americano, el 22 de abril de 1960 se inauguró en Caracas el II Congreso Pro Democracia y Libertad, reunión que se realizó inmediatamente después del fracasado levantamiento y proyecto de invasión que con apoyo de la República Dominicana, realizara el 16 de abril el exiliado exministro de la Defensa venezolano, general Jesús María Castro León, quien con anterioridad, también se había rebelado el 23 de julio de 1959 contra la Junta de Gobierno presidida por el contra-Almirante Wolfgang Larrazábal.

El II Congreso Pro Democracia y Libertad condenó a las tiranías y pidió a los gobiernos democráticos de América la suspensión de relaciones con las dictaduras, en clara referencia a la dictadura de Rafael Leonidas Trujillo (República Dominicana, ) y poco después se incluyó también a las dictaduras de Luis Somoza Debayle (Nicaragua, 1956-1963); Alfredo Stroesner Matiauda (Paraguay, 1954-1989); y Francois Duvalier (Haití, 1957-1971).

La guerra estaba declarada y la respuesta de Trujillo no se hizo esperar. El 24 de junio el presidente Betancourt fue víctima de un atentado en la caraqueña avenida de Los Próceres. Inmediatamente, Venezuela pidió en la OEA convocar una Reunión de Cancilleres que en agosto de ese mismo año se realizó en Chile, en la que expuso:

…nosotros sostenemos que la causa fundamental de la tensión en el Caribe es la existencia de regímenes dictatoriales, concreta y específicamente el caso de la dictadura de Santo Domingo, que es un factor de perturbación constante para la paz en esta área […] Venezuela no aporta ni territorio ni armas para invasiones a otros países de América; pero […] cada vez que en el país ha habido un régimen respetuoso de las libertades públicas, ha sido constantemente agredido por el régimen dominicano…”          

Con respecto a Cuba, ya desde enero de 1959 cuando Fidel Castro visitó Venezuela y Rómulo Betancourt era presidente electo, las relaciones entre ambos líderes se habían enfriado debido a la negativa del mandatario venezolano a otorgarle un préstamo a su homólogo cubano. A ello se agregaba el pronunciamiento pro-soviético en Cuba y los intentos de exportar su revolución al resto de América.

Venezuela, por su posición geográfica y por lo que representaba como modelo favorable a Washington, fue afectada por esta situación ya que el régimen cubano apoyó a los disidentes de izquierda contrarios a Betancourt. Las relaciones con Cuba se tornaron conflictivas y finalmente fueron rotas el 11 de noviembre de 1961.

El 12 de marzo de 1963, en su IV Mensaje al Congreso, en el que rendía cuentas de la gestión realizada durante 1962, Betancourt reconocía que:                             

La cuestión de mayor entidad y envergadura que se ha afrontado es la relacionada con el establecimiento de una cabecera de puente soviética en la República de Cuba. Este problema afecta a todo el continente y de manera singular a los países ubicados geográficamente en la hoya del Caribe…

El peligro que tal situación representaba para la naciente democracia venezolana, se manifestó en las actividades de guerrillas urbanas y rurales. Por decreto del 9 de mayo de 1962, se había inhabilitado al Partido Comunista (PCV) y al Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) y se había acusado por rebelión civil a los dirigentes de esos partidos. En ese año 1962, ocurrieron los sangrientos hechos de «El Carupanazo» y «El Porteñazo». El presidente Betancourt al hablar sobre la situación política interna, explica:

Tranquilo hubiera sido el discurrir político del año 1962, si sólo se hubieran presentado en el país las pugnas interpartidistas habituales en los regímenes democráticos […] Lo que ha producido en Venezuela preocupación en la colectividad y reacción enérgica del gobierno en defensa de las instituciones, es la abierta y retadora campaña subversiva realizada por los partidos Comunista y Movimiento de Izquierda Revolucionaria, en cumplimiento dócil de imperiosas órdenes impartidas por los comandos sovietizantes del despotismo de Cuba.

Esa reacción «enérgica» referida por Betancourt se concretó en la VIII Reunión de Cancilleres en Punta del Este, Uruguay, realizada del 21 al 31 de enero de 1962, en la que se excluyó a Cuba de la Organización de Estados Americanos.

En octubre del mismo año, sucedió «la crisis de los misiles», cuando el presidente de los Estados Unidos, John F. Kennedy anunció el descubrimiento de bases de armas nucleares y aviones en Cuba. Los veinte países que conformaban la OEA votaron un acuerdo declarando que las armas atómicas soviéticas en Cuba eran un peligro inaceptable para el continente; y por lo tanto, invocando el Pacto de Asistencia Recíproca de Río de Janeiro (TIAR, 1947), autorizaron el uso de todas las medidas posibles, incluso la fuerza armada, para conjurar ese peligro. En la cuarentena impuesta a Cuba, Venezuela contribuyó con dos destructores de su marina de guerra.

Monterrey – Estado de Nuevo León – México

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