Por Simón Petit Arévalo

A pesar de atribuírsele a Simmias de Rhodas ser pionero en haber creado los primeros caligramas, no fue hasta principio del siglo XX cuando éste surgió con el cubismo literario, el creacionismo y el ultraísmo como expresión de vanguardia en la poesía. Uno de los máximos representantes de estos caligramas es Guillaume Apollinaire; pero con él también están los nombres de Vicente Huidobro, Oliverio Girondo, Sor Juana Inés de la Cruz y Félix Lope de Vega que son referencias ineludibles.
En Venezuela Nelly Blanco Uzcanga ha incursionado con caligramas en verso libre, y quizá muchos nombres que hasta el momento no se registran, lo hayan hecho en alguna ocasión determinada porque el caligrama es materia de estudio y ejercicio en cualquier taller literario de estímulo a la creación. Sin embargo, de lo que uno ha podido escudriñar en este tiempo, no hay quien haga caligramas sobre la base de una composición literaria como la décima, a excepción de Heberto González.
Como bien sabemos, la décima es una de las formas poéticas que tiene mucho arraigo en Latinoamérica y en Venezuela. Muchos son los festivales que se hacen a lo largo y ancho del país con la presencia de una extraordinaria convocatoria de cultores en cada edición. Por otro lado el movimiento de decimístas en Venezuela está tan bien organizado que han creado programas en escuelas y liceos para enseñarle a nuestros niños y jóvenes a escribir décimas y seguirla fortaleciendo como expresión popular en todos los estratos de la sociedad.
Y he aquí entonces que cuando la décima es una propuesta no común en cuanto a su presentación, un grito irrumpe en nuestro andar para detenernos a observar con otra perspectiva a la décima y el caligrama. Heberto González logra en su causa y efecto que empecemos a vincularnos no solo con ellos sino también con el argumento.
Lo que comenzó como un ejercicio, es decir, como práctica común en Heberto para crear una décima, fue lo elemental: la décima espinela, la 4+6, la 6+4, la copla real de 2×5, la copla real de 5+5, la italiana, la chamberga, la falsa décima, la provenzal, la balada, la alirada, la invertida, etc., y ello sirvió para comunicarse a diario con una comunidad internacional a través de un blog y un grupo donde el contrapunteo repentista es cotidiano. Ahora Heberto, consciente de explorar otros recursos acude al caligrama, a mi juicio, con acierto y sin soslayar lo que el caligrama exige: metáfora, elegancia y estética en su dimensión lúdica y plástica.
La poesía va renovándose constantemente, y desde la creación de los caligramas siempre se ha buscado enriquecer el atractivo para la captación de nuevos públicos en torno a ella. Los nuevos soportes como la multimedia, el internet, la animación digital y otros recursos innovadores, hacen que la poesía impulse la creación a vínculos donde el escritor obtenga herramientas para adecuarlas y obligarnos a fijar la atención en lo que trae y saca del sombrero cual acto de magia.
Heberto mantiene una dimensión estética de la bidimensionalidad y no reduce lo que quiere comunicar a simples palabras. En diez versos cuenta y canta una historia o una reflexión de la cual nos hace partícipes. Los Decigramas, que así los ha llamado Heberto, son otro paso para seguir enalteciendo la décima y el caligrama, que es decir, la literatura, la poesía, la gente, al pueblo sabio que inexplicablemente en su dialéctica nos guía y orienta a evoluciones cada vez más motivadoras en este mundo de ingenio y cultura.
Punto Fijo-Estado Falcón-Venezuela
01 de septiembre de 2019
