Los sicofantes tropicales

CANTACLARO – MANUEL BARRETO HERNAIZ – EL CANDIL – AÑO III – N° 121.

«A estas alturas, no cabe duda de la complicidad directa, financiamiento y colaboración, con la planificación, suministro de armas, apoyo comunicacional, por parte de sectores de la derecha venezolana, con complicidad internacional»  Carmen Meléndez, ministra de Interior y Justicia.

 “Estamos investigando profundamente y en los próximos días van a saber y van a ver fotografías y van a haber videos de malandros (delincuentes), pero malandros de Voluntad Popular y de Leopoldo López y de Juan Guaidó repartiendo dólares en La Vega…”   Jorge Rodríguez

Gritar «¡al ladrón!» es una herramienta útil para desviar la atención de la inoperancia, de la corrupción y de oscuras trayectorias de autoritarismo de quienes han convertido a Venezuela en la cartera de sus truculencias. Estos sicofantes tropicales basan su acción ideológica promoviendo divisiones y antagonismos, prometiendo la sacrosanta protección de un partido único. Buscan la sumisión de las clases menos favorecidas culpando al resto por todos sus males.      Ya resulta más que evidente: el régimen busca la progresiva abolición de los sectores intermedios, porque es más fácil controlar a los individuos aislados y solos ante el Estado omnipotente.

La búsqueda de culpables para exorcizar los males locales, regionales y nacionales resulta óptima cuando se entiende que la responsabilidad recae sobre quienes tienen en sus manos la conducción bien sea de una alcaldía, una gobernación, un ministerio o el país; quienes han logrado vender fácilmente su caldo de cultivo, direccionando las culpas que surgen de la desilusión, de esperanzas truncadas y sueños frustrados. 

Siguiendo al pie de la letra el “Manual del Sicofante (*) del Siglo XXI”, bien aderezado con una sórdida retórica demagógica, ponen tantas veces sea necesario a rodar el carromato vergonzoso siempre bien aceitado en improperios carentes de sustentos pero prestos a culpar al Imperio,  a la derecha rancia, a la irredenta burguesía, a los escuálidos, y ahora,  intentan vanamente de desviar la atención con este delicado asunto de “El Coqui” y sus secuaces, quienes tienen a la ciudadanía capitalina en una angustia permanente. Una vez más, tal cual sicofantes del Siglo XXI, no tienen el coraje de asumir sus errores y en lugar de eso, culpan a otros.

La búsqueda de culpables para exorcizar los males nacionales resulta óptima cuando se entiende que la responsabilidad recae sobre quien tiene en sus manos la conducción del país; quien ha logrado vender fácilmente su caldo de cultivo, direccionando las culpas que surgen de la desilusión, de esperanzas truncadas, sueños frustrados, y sobre todo, las alianzas mal llevadas .

(*) LOS SICOFANTES.  En los Anales de Tácito encontramos retratados a los sicofantes, personajes que se destacaron en la Grecia Clásica como acusadores públicos, quienes, cuales zamuros, lograron sus fortunas de los cadáveres políticos de figuras relevantes.

En la Grecia Clásica, tanto la organización del Estado, como la formulación del Derecho, distaban de lo que hoy entendemos como tales. Así pues, no existían fiscales, de manera que cualquier ciudadano podía acusar a otro ante la Asamblea del Pueblo, la Eklesia (cuyo nombre dio origen a la palabra Iglesia); y fueron, precisamente los sicofantes, los que acusaron a Sócrates de no creer en los dioses del Olimpo, acusación que le condujo a la muerte.

Etimológicamente, los sicofantes son los mostradores de higos (o de vulvas). Sí, suena confuso. Resulta que en la antigüedad la palabra griega Sykon (higo) era utilizada para referirse metafóricamente al órgano genital externo femenino, y también al gesto, considerado indecente, de ponerse el pulgar dentro de la boca…

Describe Tácito cómo estos personajes llevaron a la ruina o a la ejecución a muchos inocentes, para luego apoderarse de sus bienes. Los sicofantes vivían de las calumnias, cuando no encontraban culpas, pues las inventaban y si no se consideraban culpas de peso, pues las magnificaban.

Valencia – Estado Carabobo – Venezuela.

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