Memo Zárraga

Por Simón Petit Arévalo

Memo Zárraga-Simón Petit Arévalo-El Candil Pedregalero (Fotografía Edixon Arnaez)

Suele decirse que los homenajes se hacen en vida y nada más cierto, porque, con qué gusto uno disfruta viendo el rostro del homenajeado ante tal acto de reconocimiento a su trabajo y a la trayectoria que el sujeto en cuestión ha compartido con su pueblo.

Hace algunos días, el Colectivo Entre Locos, de la Vela de Coro hizo el reconocimiento a uno de los cultores con quien particularmente guardo para él todos mis afectos y querencias desde niño. Se trata de Memo Zárraga.

De Memo se pueden decir muchas cosas; pero en esta ocasión voy a referirme a una anécdota inolvidable. Desde muy joven me ha gustado compartir con gente mucho mayor que yo; y en casa de mi abuela Mercedes, sentados en el porche la noche de un viernes, mi padre Ángel Simón, el primo Chico Petit y Millonche Zavala tocaban guitarra y cantaban animadamente junto a Memo Zárraga. Yo lo que hacía era “charrasquear” de cuando en cuando la guitarra y el cuatro ante quienes fueron y serán siempre para mi unos grandes maestros.

Mi padre fue alumno de Rafuche y a sus escasos 6 o 7 años ya el compositor de compositores falconianos le enseñaría los primeros acordes en la guitarra. Chico Petit, se destacaría más en el intercambio literario con otros escritores locales y Millonche sería uno de los músicos del grupo de Rafuche, el Sexteto Veleño. Memo vino a cantar desde niño y en La Vela siempre ha sido uno de sus hijos más respetados. Esa noche, -como siempre pasa cuando no estás consciente del momento histórico por tu juventud- estaba con ellos sencillamente para pasar un buen rato sin mayor trascendencia.

Entonces llegó la hora en la que por sugerencia del mismo Memo, fuimos a dar serenatas en algunas casas amigas del pueblo. Abríamos con Estampa Matinal de Rafuche y después vendría un ramillete de bellos boleros que intercambiaban voces entre mi padre y Memo. Pero éste último con su potente y afinada voz, no sólo despertaba a quien iba dedicada la serenata sino también a los vecinos contiguos que salían a compartir una tanda de tragos hasta que nos despedíamos.

Memo cantaba siempre –y por mi insistente solicitud- Desesperanza, esa canción de María Luisa Escobar que grabó Alfredo Sadel y que posteriormente versionó con un toque más moderno y a su estilo Trino Mora.

«Nunca me iré de tu vida, ni tu de mi corazón»

María Luisa Escovar

Tal fue mi impresión cómo la cantaba que cuando escribí mi poemario Vieja Luna, dedicado a mi papá y a mi hijo Simón Elías, dividí el libro con los dos primeros versos de la canción: “Nunca me iré de tu vida // ni tú de mi corazón” por el recuerdo de esa noche en la que había luna llena.

MEMO ZÁRRAGA-FOTOGRAFIA EDIXON ARNAEZ

Fue una velada maravillosa. Ese día Memo quedó en mi corazón como uno de esos seres cuya calidad humana es difícil encontrar. Hoy cuando Entre Locos toma la iniciativa de hacer la campaña Un Mural para un Cultor, la escogencia de Memo me ha conmovido por la justicia a su nombre. Esperamos que el mural se conserve por siempre y la comunidad se encargue de preservarlo y mantenerlo. Así como Memo, La Vela tiene muchos cultores que merecen ser inmortalizados con el ingenio y la creatividad de los artistas que conforman el Colectivo Entre Locos; pero para ello hace falta que tanto las instituciones públicas, privadas y la misma comunidad sigan impulsando y apoyando esta noble campaña.

Punto Fijo-Estado Falcón-Venezuela

07 de septiembre de 2019

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