Mitos de las ancianas de mi pueblo

CUENTOS DE A LOCHA EN UNA CUARTILLA – LUIS RAMÍREZ SÁNCHEZ – EL CANDIL PEDREGALERO – AÑO I – N° 24.-


En aquel tiempo cuando las impetuosas aguas del Rio Pedregal se encrespaban asediando  de manera  inmisericorde los  sureños barrios Vera Verde, Chimpire y Santa María, y la dictadura hacia lo propio con los promotores de los partidos políticos tanto en el centro del pueblo como en los sectores aledaños: solían las ancianas de mi pueblo pronosticar que quien se bañara en Semana Santa en las casimbas que nos dispensaban con frecuencia aquellas crecidas inolvidables , era susceptible a transformarse en “pescao” (debió ser pez) y sustentaban aquel mito con que alguna vez, una dama se lanzó en el legendario pozón de Antonia Quero, por allá por los predios de Remigia Guara, y nunca más emergió de las aguas sino que por lo contrario, solía evocar cantos nostálgicos en las noches de luna llena: pues la leyenda que se hizo parte del folclor la configuraba transmutada en sirena.

Solían por igual, las ancianas de mi pueblo puntualizar que en el vecindario había una mujer preñada en cada ocasión que una dara o bandada de ellas emitieran graznidos sobrevolando los techos terracota de las damiselas con quien cohabitábamos  en el Pedregal de ayer.

Y solían finalmente contarnos la fábula con menos crédito, como era decir que los niños que nacían de manos de las comadronas de otrora eran traídos por una frágil cigüeña de pico anchi-largo que se posaba en los caballetes de las casas con los bebés enjalmados en pañales inmaculados de algodón 100%.

Cuestión ésta que se tornaba no sólo inexplicable, sino también inimaginable, por  cuanto las familias numerosas por partos o con alumbramientos consecutivos nos hacían ponderar el esfuerzo y las horas de vuelo de aquellas prodigiosas aves que supuestamente se posaban en los techos terracota del Pedregal de entonces,

Verbigracia el caso de las familias: Gutiérrez, Ramírez, Alvarado, Riera, Miquilena, Prado, Primera, Hernández, García y Roberty, entre otras, en cuyo caso las ancianas de mi pueblo solían alegar que las cigüeñas no hacían el ida y vuelta, sino que pernoctaban en los techos hasta la llegada del nuevo bebé y que el trabajo era tan estresante que tales aves se hicieron de una jubilación  prematura para no emprender aquellos vuelos tan extenuantes a que fueron sometidas por los numerosos alumbramientos efectivos sin pago a contra reembolso del Viejo Pedregal… el Pedregal de los recuerdos imborrables.

Coro-Estado Falcón-Venezuela

21 de septiembre de 2018


Luis Ramírez Sánchez

Escritor, poeta, cuentista, falconiano, ganador del primer lugar en el concurso de microcuentos en su primera edición auspiciado por el diario Un Nuevo Dia de la ciudad de Coro, Estado Falcón del año 2011 y mención especial en el concurso “Coro en microcuentos” del mismo año.  Es oriundo del pueblo de Pedregal, es colaborador y editor de la página “Pedregal, ayer y hoy” y del semanario digital “El Candil Pedregalero”.  


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One comment

  1. Saludos Luis. Muy buenos tus cuentos. Recuerdo la costumbre de no bañarse creo que el Viernes Santo, porque uno se convertía en sirena. Mi papá me contó que una de las diversiones de su infancia era bañarse en el río, pero que mamachiche le advertía que tuviera mucho cuidado y no se fuera a meter en el pozo de La Sirena.

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