Navidad…una paradoja de lo antiguo y lo nuevo.

Por Nervis Nava

La Navidad es una paradoja: un tiempo de cosas nuevas y renacimiento y, a la vez, un tiempo en que se venera la tradición. La Navidad es lo antiguo y lo nuevo entretejido en un paquete envuelto para regalo, listo para que lo abramos y disfrutemos.

La Navidad es lo nuevo primero y ante todo, una celebración del nacimiento y renacimiento. Es un tiempo de preparación, de utilizar todo lo que hay dentro de nosotros para preparar el lugar donde nacerá el Espíritu de Cristo en nuestras propias mentes y corazones.

Hace casi dos mil años. El nacimiento de Cristo anunció el comienzo de una nueva era de comprensión  espiritual, y trajo los regalos del amor y la luz a un mundo que llevaba tiempo en la obscuridad. Este nacimiento significó el surgimiento de algo único y original, algo que el mundo no había conocido antes.

AL nacer Cristo de nuevo en nosotros, nos renovamos y todo en la vida se renueva para nosotros. Los regalos únicos y originales del Cristo se manifiestan a través de nosotros en toda su magnificencia. El amor y la luz renacen dentro de nuestro propio ser transformando todo lo que somos en una gloriosa maravilla- Es para esta experiencia navideña de renacimiento y renovación para la que nos preparamos ardiente y fervorosamente. Nuestro ser espiritual está eternamente dispuesto  para la vida nueva y el nuevo gozo del nacimiento del Cristo en nosotros.

No obstante, con todo y su audaz y brillante promesa de lo nuevo, la Navidad también despierta en nosotros el anhelo del hogar, de un  regreso, aunque sólo sea en pensamiento, a un lugar y tiempo que simbolicen para nosotros amor, bienestar y sensación de pertenecer a algo. En la Navidad anhelamos sentir lo que el hogar representa. De la misma manera que nuestras almas esperan la renovación y el renacimiento, también anhelamos lo que nos es querido y familiar.

Todas las navidades escuchamos y cantamos de nuevo los mismos villancicos y sus melodías avivan fibras profundas de contento dentro de nosotros. Tierna y amorosamente desempaquetamos y colocamos nuestras decoraciones. Enviamos felicitaciones a amigos y familiares distantes, y no tan distantes, recordando a todos los que constituyen nuestra red de amor. Participamos en ceremonias, manteniendo así viva la tradición de la Navidad que es tan rica y significativa.

La Navidad nos trae la oportunidad de tender un puente al pasado y unir una vez más todo lo que amamos y estimamos. ¿Cómo ponemos en equilibrio los dos aspectos de la Navidad? ¿Cómo nos asimos a todo lo que es bello y significativo y, a la vez. Abrimos de par en par las puertas de la mente y el corazón a nuevas experiencias?

El renacimiento dl Cristo dentro de nosotros nos llama a lo nuevo, a nuestra vida, nuevo gozo y nueva Luz, pero nuestro punto de partida es justo donde estamos. Todo lo que ha pasado es el origen de todo lo que somos ahora y de todo lo que anhelamos ser. Edificamos sobre la base de nuestro pasado: todos los sucesos gozosos y retadores.

La Navidad es una época de continuidad, una época de lo antiguo a lo nuevo. Es una época para honrar las bellas memorias de Navidades pasadas y elaborar recuerdos nuevos. ¿Tenemos recuerdos de Navidades particularmente ricos y maravillosos? Demos gracias por ellos y por la oportunidad que la Navidad nos trae para revivirlos cada año. Veámoslos como lo que realmente son: bellos pasos en el  crecimiento hacia la luz y la libertad. En esta época saboreemos estas alegrías y traigamos conscientemente su significado al presente.

Nos traen las Navidades dolorosos recuerdos? Que esta Navidad sea nuestra oportunidad de edificar de nuevo, de curar viejas heridas e incomprensiones. El renacimiento del Cristo dentro de nosotros es el renacimiento del Amor, y el Amor siempre perdona, sana, consuela. El Amor de Cristo nos prepara para asirnos sólo a aquello que es levantador y positivo y dejar ir el resto.

Al entrar en lo nuevo y el renacimiento de la Navidad, tal vez encontremos que hasta nuestros recuerdos se renuevan. Los sucesos en sí pueden o no haber ocurrido de la manera que los recordamos pero eso no es lo importante. Recordamos los sucesos de la manera que lo hacemos porque ellos llenan una necesidad emocional en nosotros. Al renacer Cristo en nuestras mentes y corazones, encontremos que vienen a nuestra mente experiencias de afecto, alegría, cosas compartidas que estaban completamente olvidadas, y que traen una sensación de paz y contento con ellas.

Cada Navidad puede ser una época de despertamiento para nosotros. Cada Navidad podemos escoger conscientemente las actividades y tradiciones de mayor significación para nosotros y revivirlas con fervor. La Navidad siempre llega viva, llena de novedad y alegría, cuando participamos activamente en ella, cuando contemplamos con ojos maravillados toda la belleza que nos rodea.

¡Anhelamos un cambio en esta Navidad? ¿Deseamos que esta Navidad sea completamente nueva y diferente? Eso es posible, porque una Navidad brillante y esplendorosa comienza primero dentro de nosotros, dentro de nuestras propias mentes y corazones. Podemos tener justo la Navidad que deseemos porque llevamos dentro de nosotros las semillas de todo lo que anhelamos, las semillas de  gozo, felicidad y bienestar. El renacimiento del Cristo dentro de nosotros significa el renacimiento de un poder transformador.

¿Anhelamos la estabilidad de tiempos pasados? En esta Navidad podemos experimentar seguridad y estabilidad porque habitamos eternamente en el incambiable Amor de Dios. La serena Navidad que anhelamos es una realidad viviente  dentro de nuestras mentes y corazones, y podemos ponerla de manifiesto.

La Navidad puede ser para nosotros lo que deseemos que sea. Puede ser como exactamente la hemos recordado siempre o puede ser algo completamente nuevo y diferente. La clave de la felicidad está en nuestras expectativas y en la realidad, así como en nuestra disposición para hacer lo que haya que hacer para unir ambas. Cuando veamos la Navidad como una realidad viviente que evoluciona cambiando a medida que cambiamos, trayéndonos regalos diferentes cada año, también veremos que el factor determinante somos nosotros: cómo nos sentimos, cómo reaccionamos, que esperamos. Nosotros somos la realidad que vive, se desarrolla y cambia.

¿Cuál es el ingrediente que consideramos más importante para una Feliz Navidad? Al definirlo, sepamos que ese ingrediente está dentro de nosotros. A través del Cristo renacido en nosotros, tenemos todo el gozo, toda la paz, toda la serenidad, todo el poder y podemos poner de manifiesto cualquier cosa que consideremos esencial en nuestra Navidad. Al renacer el Cristo en nosotros comprendemos de nuevo que tenemos dentro de nosotros la provisión para toda necesidad.

La Navidad es una paradoja de lo antiguo y lo nuevo, tan antigua como la más querida historia de casi dos mil años, y tan nueva como el momento presente. Vivamos esta Navidad parcialmente en el recuerdo y parcialmente en lo nuevo y….¡regocijémonos en la maravilla que se pone de manifiesto!

FELIZ NAVIDAD!!!!

FUENTE: Jeanne AllenLa Palabra DiariaDiciembre, 1985

Naguanagua-Estado Carabobo-Venezuela

22 de diciembre de 2019

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