Por Freddy Riera

No hay guerra que no produzca destrucción. Ejemplos los hay de sobra en el mundo. En nuestro país, podemos tomar como referencia las guerras de independencia, las cuales cobraron muchísimas vidas y los daños materiales fueron incalculables.
También los fenómenos naturales producen grandes daños. La vaguada del Estado Vargas en el año de 1.999 fue la más reciente. Generalmente se producen en un área determinada y no afecta a la totalidad del país.
Venezuela se encuentra hoy totalmente destruida. No por causas de fenómenos naturales ni por una guerra. Fue la revolución Chavista dirigida por Fidel Castro la causante directa de la destrucción total de Venezuela. El sistema comunista necesita establecer un gobierno totalitario para asegurar el poder el mayor tiempo posible, ya que su propósito verdadero es destruir a su enemigo natural, es decir, al capitalismo.
El socialismo o comunismo, fue concebido con el propósito de acabar con la propiedad privada, por tanto, su sola mención implica la declaración de un conflicto entre los que quieren desplazar el capital y la propiedad privada con los que la detentan. El medio para lograr sus objetivos es la destrucción total del orden establecido. Eso quiere decir, destruir todo. Destruir todas Las instituciones políticas, económicas y sociales. Destruir las estructuras. Destruir la cultura y los valores humanos positivos para sustituirlos por valores humanos negativos.
El «socialismo del siglo XXI» es un experimento político de acuerdo con Heinz Dieterich, ideólogo del modelo. Ese proyecto se propone la conquista del poder sin el uso de la fuerza, sacando ventaja de las debilidades de las instituciones preexistentes, aglutinando las organizaciones que promulgan la doctrina comunista, permitidas en los países del tercer mundo. En nuestro país, podemos afirmar que ni Pérez Jiménez preparo el camino para el establecimiento de una República democrática sin comunismo para el momento de su huida, ni la democracia de los 40 años evitó entregar el poder al comunista Hugo Chávez. Posteriormente, una vez logrado el objetivo primario, emprenden la fase de creación de las bases que sostendrán el modelo.
Hemos visto a lo largo de estos últimos 18 años en Venezuela, toda una gama de procedimientos, tácticas y estrategias de todo tipo y calibre para lograr el control de las masas, y sobre todo para eliminar totalmente su capacidad de reacción. Para lograr el control total de la nación, y gobernar sin límites, necesitan demoler la estructura institucional existente, demoler la cultura, los valores humanos positivos y acabar con el aparato productivo, ya que el objetivo es que toda la población sea dependiente del estado.
Veremos que, valores tales como la honradez, dignidad, caridad, amor, el arte, lealtad, puntualidad, respeto, cortesía, educación, etc., son pisoteados y sustituidos por antivalores. El modelo necesita el control y la manipulación absoluta de los instrumentos legislativos, y además hacerse con el monopolio de la fuerza. Ambos, necesarios para avanzar más rápidamente hacia la hegemonía total y nada mejor que enarbolar la bandera de «la revolución» para tener un discurso detrás de cada acción de destrucción del estado actual.
Esa fórmula está funcionando bien en Venezuela, y desde hace mucho tiempo nuestro país hace de plataforma para su aplicación en cualquier parte del mundo. El propósito es establecer un nuevo orden mundial que desplace los ejes de poder, y nada mejor que sembrar la semilla de la autodestrucción, incluso en la primera potencia del mundo, donde ya hemos visto pequeños brotes de grupos que siguen esa ideología.
El método para implantar el comunismo ha cambiado, pero los medios y los fines siguen intactos. Las alianzas son vitales para el éxito de esta estrategia. En el caso venezolano, Cuba ha sido determinante. Un ejército camuflado de médicos, deportistas y asesores, de forma silente invadieron el país dando soporte y estructura a un andamiaje que permeó y se incorporó con un demonio en todas las áreas críticas, tomando el control del país sin que lo podamos percibir.
Ese proyecto fue llevado a la Argentina, Chile, Ecuador, Perú, Brasil, Honduras, Nicaragua, y México. En todos ellos lograron obtener el poder político utilizando la estructura democrática. Por medio de Organizaciones sociales sin Fines de Lucro de toda naturaleza, canalizan fondos que proveen el músculo financiero necesario para apoyar el surgimiento de candidatos comunistas, algunos de forma abierta, y otros de forma encubierta. Manejan enormes recursos financieros a través de los sistemas bancarios ubicados en paraísos fiscales.
También lograron penetrar y manipular organizaciones mundiales tales como la OEA, ONU, CPI, CEPAL, PARLASUR, y además crearon organizaciones como el ALBA con el fin de utilizar el petróleo como arma política, y comprar adhesiones y votos en los organismos multilaterales. Hoy día hemos recuperado Argentina, Brasil, Ecuador, Chile y Honduras y a la OEA y PARLASUR.
Después de 18 años, la situación venezolana es dantesca. Para quienes nunca tuvieron nada, la situación actual es la misma de siempre; ya ellos están adaptados. Además, el régimen totalitario, para controlarlos, se ha encargado de repartir migajas por medio de «misiones», haciéndolos dependientes, a cambio de lealtad.
Con el éxodo provocado de conciudadanos, se transfiere a otros países, aquella masa de personas inconformes, a quienes el propio estado no es capaz de ofrecer condiciones mínimas de supervivencia. El método que se pretende aplicar para recuperar nuestra democracia es también por la vía pacífica, sin necesidad de disparar una bala. Eso sería lo ideal. Los tiempos han cambiado y los métodos también.
A pesar del castigo propinado por el régimen, una enorme masa de venezolanos aún resiste heroicamente en el país, y todos juntos, albergamos la esperanza de que algún día esa pesadilla pasara.
Naples-Fl-EEUU
28 de septiembre de 2019
