Pensamiento liberal sobre libertad y legitimidad.

ENFOQUE LIBERAL – AUTOR INVITADO – EL CANDIL – AÑO III – N° 156.

Cuando el oprimido es cómplice

Cuando los representantes políticos de la sociedad emplean el poder conferido por ésta causándole algún perjuicio, se puede afirmar que tal obrar los convierte en enemigos de la nación. Pero cuando los individuos de dicha sociedad deciden no oponer resistencia y dejar que esa situación quede en el olvido, se convierten en sus cómplices y no tienen derecho a reclamar nada cuando el perjuicio causado por esos malos representantes colisione con el ámbito de sus intereses.

¿Cuándo pierde legitimidad un gobierno?

La legitimidad del Gobierno, y con ello todo el poder político, descansa en el consentimiento de los gobernados. Es a raíz de ello que el Gobierno existe, siendo su finalidad preservar los derechos de estos (los gobernados). Por tanto, toda vez que un gobernante, un legislador, un magistrado o cualquier otro funcionario o servidor que se encuentre a las órdenes de los tres primeros proceda de una manera tal que contravenga la finalidad del Gobierno, ha faltado a la responsabilidad que se le ha encomendado y, en consecuencia, puede y tiene que ser destituido, sin que importe el cargo que ostente. Ningún Gobierno puede continuar siendo legítimo si uno o más de sus integrantes socava los fundamentos de su razón de ser.

El precio de la libertad

El precio de vivir en libertad y conducirse de forma autónoma, es decir, por el propio criterio, es el hecho de tener que asumir las consecuencias de los errores y fracasos del mismo modo que se gozan los éxitos. La independencia es un valor sagrado que solo puede ser sustituido por una vida servil, en la cual el poder de decisión siempre estará supeditado a la voluntad de otros. Por ello, mucha gente vive frustrada tratando de complacer al resto, sea a los familiares, a las amistades, a la opinión pública (el qué dirán), o a los mandatos de sus gobernantes. Si bien el ser humano no puede desarrollarse ?al grado que lo ha hecho? viviendo como un ermitaño, esto no implica que tenga que irse a la vereda opuesta, es decir, que tenga que anular su capacidad de pensamiento crítico y depender del pensamiento del resto. Ningún tipo de relación interpersonal, sea familiar, sentimental, laboral o social, requiere de la sumisión de una de las partes para funcionar adecuada y moralmente. El servilismo y la dependencia son vicios que solo pueden ser erradicados por medio de la propia voluntad y el pensamiento crítico. Una vida dependiente, aun elegida libremente, siempre tenderá hacia la frustración y el ocaso de la propia felicidad.

NOTA DEL EDITOR: Tomado de la página “Enfoque liberal” con plena autorización de su administrador para ser compartido en El Candil.

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