Por Ricardo Bulmez
Hay tres fuentes de la vida que producen malestar y hacen que uno se sienta mal. Éstas son: la pérdida de la salud, los conflictos interpersonales y la escasez de las cosas materiales.
Es decir, cuando falla nuestro cuerpo, cuando perdemos seres queridos y / o cuando no tenemos los bienes necesarios para la vida. Si nos sentimos mal cuando nos visita cualquier enfermedad: dolor de cabeza, fiebre, problemas en el riñón, un cáncer.
También cuando, por muerte o abandono nos quedamos sin las personas que nos rodean y que amamos. Un ser querido se pierde cuando muere o cuando las circunstancias lo alejan, pero la pérdida que más duele de las dos es el abandono: un conflicto… un “¡Chao!” y… una partida, y a lo mejor ni un “adiós” me dijo, simplemente desapareció sin decir nada. Esto duele… De alguna u otra forma perdemos a los seres que más amamos: muere la madre, un hijo, un hermano o nos deja alguien muy querido, ya nunca más volví a ver aquel amigo.
Asimismo, nos sentimos mal cuando nos quedamos sin trabajo y sin dinero: nos falta el techo, no tenemos ropa con qué cubrir nuestra desnudez y defendernos del medio ambiente y de la vista de los demás; nos faltan medicinas y no podemos comprar cosas que queremos y que nos hacen falta… ¡y tantas deudas que tenemos que pagar!
Ahora bien, este sentirse mal producto de estas tres fuentes, necesariamente no matan el amor.
Puedo querer a un enfermo y amar, aún sin tener salud, con el dolor que me produce la pérdida de un ser querido puedo seguir amando y también sentirme amado sin él.
En el hogar materialmente más pobre, puede existir verdadero amor. De todos estos males o dolores, cualquiera se puede recuperar, a no ser que uno tome la decisión de hundirse.
Si te encuentras con alguien sufriendo, así:
– ¿Qué te pasa? ¿Por qué lloras?
– Se murió mi mamá.
– ¡Oye vale!, ¡¿cómo fue?!
– Estaba tranquila y le dio un infarto.
– ¡Yo no me enteré!, ¿cuándo paso?
– La enterramos hace tres días.
¡Ayúdalo!, ayuda a esa persona, tiéndele la mano, ¿no ves que está mal? Necesita de tu palabra y de tu consuelo. Ahora si te encuentras con alguien, así:
– ¿Qué te pasa? ¿por qué lloras?
– Se murió mi mamá.
– ¡Oye vale!, ¡¿cómo fue?
– Estaba tranquila y le dio un infarto.
– ¡Yo no me enteré!, ¿cuándo paso?
– Hace cinco años… _ ¡¿…?!
Difícilmente puedes hacer algo por esa persona porque ha tomado la decisión de hundirse por ese sufrimiento. Ninguna persona puede hacer algo para levantarla, solamente ella misma.
Lo que te toca hacer es rezar para que ella tome la decisión de salir de ahí, llenarte de fe y convencerte de que cualquier persona es capaz de vencer ese tipo de dificultades cuando acepta la realidad.
Lo máximo que se puede hacer es convencerlo de que tome la mejor decisión, porque cada uno toma sus propias determinaciones. Los demás lo que hacen es dar simples sugerencias.
La decisión que has tomado es igual a la vida que llevas.
Eso es todo.
NOTA: Publicación con autorización del autor. Tomado del libro «El arte combinar el SI con el NO» del Padre Ricardo Bulmez.
Coro-Estado Falcón-Venezuela
Domingo, 15 de marzo de 2020
