(Primera Parte)
Tomado del libro de Francis Fukuyama : «Identidad»

Francis Fukuyama en su libro “Identidad” (Deusto, 2019), expone que la democracia liberal es el mejor régimen político, no por ser perfecto sino, a decir de Churchill, el menos malo.
El comunismo prometió la construcción del reino de la miel y de la leche en la tierra y terminó edificando un infierno.
Dice Fukuyama, en el libro antes citado, cargado de razón:
«Las democracias liberales del mundo real nunca están a la altura de los ideales subyacentes de libertad e igualdad. Los derechos se violan con mucha frecuencia; la ley nunca se aplica por igual a los ricos y los poderosos que a los pobres y los débiles; los ciudadanos, aunque tienen la oportunidad de participar, asiduamente eligen no hacerlo”.
“Además, existen conflictos intrínsecos entre los objetivos de libertad e igualdad: una mayor libertad puede conllevar una mayor desigualdad, mientras que los esfuerzos para igualar los resultados reducen la libertad”.
“La democracia exitosa no depende de la optimización de sus ideales, sino del equilibrio: un equilibrio entre la libertad individual y la igualdad política, y entre un Estado capaz que ejerce el poder legítimo y las instituciones y la rendición de cuentas que buscan restringirlo”
“Muchas democracias intentan ir mucho más allá a través de políticas que intentan promover el crecimiento económico, un medio ambiente limpio, la seguridad del consumidor, el apoyo a la ciencia y la tecnología y cosas por el estilo. Pero el reconocimiento efectivo de los ciudadanos como adultos iguales, con capacidad para tomar decisiones políticas, es una condición mínima esencial para cualquier democracia liberal”
“Los gobiernos autoritarios, por el contrario, no reconocen la igual dignidad de sus ciudadanos. Quizá finjan que lo hacen a través de constituciones pomposas, como las de China o Irán, que enumeran los derechos de los ciudadanos, pero donde la realidad es bien diferente”
“En dictaduras relativamente benevolentes, como las de Lee Kuan Yew en Singapur, o China con Deng Xiaoping, el Estado adoptó una actitud paternalista hacia los ciudadanos. Se trataba a las personas comunes y corrientes como niños que necesitaban la protección de un padre sabio, el Estado; no se podía confiar en ellos para que decidieran por sí mismos».
«En las peores dictaduras, como las de Stalin y Hitler, grandes franjas de la población (los kulaks o campesinos ricos, la burguesía, los judíos, los discapacitados, los no arios) eran consideradas basura infrahumana que podía desecharse en nombre de bien colectivo».
» El pulso, hoy, sigue dándose – utilizando palabras de Michael Oakeshott- entre la política de la fe (representada por las religiones políticas -fascismo, comunismo- y los variopintos populismos), y la política del escepticismo (representada por la democracia).
«La democracia es por definición, incierta»
Claude Lefort
Valencia-Estado Carabobo-Venezuela
02 de noviembre de 2019
