Se salvó el país, se acaba la corrupción.

VALORES – ÁLVARO RAMÍREZ – EL CANDIL – AÑO III – N° 156.

Definitivamente, oyendo las noticias de hace unas semanas para acá, y culminando con la jornada de votación y las entrevistas posteriores a los flamantes candidatos electos al congreso y confirmados como presidenciales, creo que tengo que concluir que LLEGA EL CAMBIO A COLOMBIA. Se está dando un giro que su sociedad va a sentir.

Oyéndolos a todos, podemos concluir, que cualquiera que gane, va a luchar y acabar con la corrupción. Va a desaparecer la corrupción en Colombia. Si tenemos en cuenta que también se va a consolidar la paz según las creencias y promesas de todos los candidatos, creo que ahora COLOMBIA, lo mismo que Venezuela hace 20 años, será la nueva tierra prometida en el planeta, donde se freirá en aceite la cabeza de los bandidos y así la riqueza alcanzará para todos los votantes.

Cálculos conservadores publicados en medios de circulación nacional indican que anualmente en Colombia se «distraen» alrededor de 50 billones de pesos por la corrupción.

Según las promesas de todos y cada uno de los candidatos, reinará la honestidad en un ambiente de amor y paz si lo elegimos.

Creo que en pocos países hay una comunión de propósitos tan concreta. Lo más que había oído antes como comunión de objetivos electorales era: “ACABARÉ CON L A POBREZA”.

En medio del optimismo por la etapa alcanzada, no dejo de pensar en algunos detalles y paralelismos que deben ser tenidos en cuenta para lograr el fervoroso objetivo de todos nuestros honorables candidatos. Me parece que con un pequeño esfuerzo podremos hacer un plan de choque para atacar la corrupción y eliminarla. Aunque ningún candidato ha mencionado una inversión inicial requerida para el proyecto, creo que es tal la rentabilidad, que la población toda entenderá cuando le digan que debemos hacer un esfuerzo impositivo inicial para recolectar esa inversión necesaria. Una especie de reforma tributaria, temporal para recabar los fondos a invertir en acabar con la corrupción. Es perfectamente comprensible que sea necesario, como una de las herramientas de lucha, reforzar la justicia, despolitizarla, hacerla ágil para imponer correctivos que eviten que se repitan los actos delictuosos. También es necesario para cumplir con el loable objetivo común, invertir algún dinero en la construcción acelerada de infraestructura para la justicia. Mejores sedes para los jueces y sus colaboradores, mejores recintos carcelarios, equipos y sistemas, mejores mecanismos de administración de bienes incautados. También se debe mejorar los sistemas de registro, control y seguimiento a propiedades y capitales. Como se trata de una preocupación nacional sin ningún tipo de contradictores a los planes, se podría declarar una emergencia económica y contratar todas las obras y apoyos necesarios para esta inversión inicial, en forma ágil mediante adjudicaciones directas de los funcionarios públicos a empresarios dispuestos a dar lo mejor de sí mismo para que todo salga rápidamente y transparentemente claro. En muy corto tiempo estaremos listos desde el punto de vista de infraestructura e instituciones para ver la corrupción como cosa el pasado. Hasta podríamos exportar como caso estudio el mecanismo empleado para hacer realidad el gran acuerdo nacional PUEBLO Y DIRIGENTES ALREDEDOR DE UN OBJETIVO COMUN ANSIADO.

Un aspecto adicional que me preocupa y no por eso quiero parecer el disidente de este magno objetivo es, EL DIA DESPUES. Es aceptado como premisa para toda la sociedad y sus lideres, que al parar la corrupción habrá más fuentes de trabajo, se multiplicará la inversión, crecimiento y prosperidad, asociada a más empleo. Sin embargo me asalta una duda.

Me pregunto, al desaparecer la corrupción, ¿cuántos abogados defensores o controladores menos se requieren? Al tener contratos standard transparentes y conocidos por todos, ¿cuántos abogados van a requerir las empresas? ¿Cuántos auditores?

Si desaparece la corrupción ¿cuántos candidatos se postularán para el Congreso si la inversión requerida es de alrededor de 5000 millones (o 6000 como ha salido a relucir en un sonado caso de compra de votos para elegir a una senadora) y el ingreso por los 4 años de trabajo no llega a 2000 millones? ¿Cuántas campañas habrá y cuántas personas que trabajan en las campañas se necesitarán, ahora que no va a ser negocio postularse porque desaparecen los ingresos no declarados, adicionales al sueldo por su trabajo a tiempo completo? Si no hay noticias sobre corrupción, ¿cuántos periodistas menos se necesitarán? ¿Cuántas empresas estarán dispuestas a patrocinar programas de “buenas noticias”? Si no se necesita investigar sobre malos manejos, ¿cuántos investigadores menos necesitaremos? ¿Cuántos comercios y empresas asociados a la importación fraudulenta de bienes podrán subsistir si la corrupción asociada a ese tráfico se elimina? ¿Cuántos tramitadores dejarán de recibir ingresos por su actividad económica principal de “ayudar” a otros a obtener documentos y certificaciones apoyándose en funcionarios que de otra manera los niegan para así obtener la coima correspondiente? (En un país vecino, un amable tramitador me cobraba U$ 300 por obtenerme unos antecedentes policiales, supuestamente gratuitos, y otro le ofreció una ganga a un pariente que necesitaba su pasaporte: U$ 250, además de su costo normal, por obtenerle la cita en 15 días). ¿En cuántos juzgados los “aceleradores” de oficio verán mermada su actividad por no poder ayudar a honorables clientes que esperan que se atrase el nombramiento de un secuestre, una notificación o simplemente una audiencia porque la corrupción se eliminó de cualquier actividad en la sociedad?  ¿Cuántos hinchas tendrán que dejar de comprar las canastas de cerveza con las que festejaban el partido de su selección porque ningún médico se presta a emitirles un certificado falso de incapacidad? ¿Disminuirá el número de funcionarios bancarios al no ser necesarios los préstamos personales para las campañas electorales, la contratación de sedes y publicidad y logística, además de la retribución económica por los votos?    

En fin, ¿cómo puede un país adaptarse, para funcionar con 50 billones menos en el movimiento de dinero circulando?

Eso es algo parecido a preguntarse ¿qué haríamos con la industria de la seguridad y protección, si reinara la sana paz y armonía y nadie pretendiera violentar los derechos de los demás, al desaparecer la violencia y el crimen? Aunque cueste trabajo asimilarlo, en el mundo muchas organizaciones de protección deben su existencia al terrorismo, y en Latinoamérica a los capos, las maras y los “consumidores” sociales o enfermos.

Pareciera que aunque nos moleste o cueste trabajo aceptarlo, la desagradable corrupción es la fuente de ingresos y modus vivendi de muchos “honorables” ciudadanos que están hartos de los políticos y de sus componendas, que no dejan progresar el pais y desean un cambio, pero sin ver disminuidos sus ingresos y actividades “profesionales”.

Creo que en forma similar a lo que está sucediendo con los combustibles fósiles, el balance cero, no es muy fácil de lograr en poco tiempo. Aunque aceleremos la decisión con el acuerdo unánime de toda la sociedad y sus líderes, aunque estemos dispuestos a hacer un esfuerzo, invertir y trabajar en equipo, no suena realista pensar que solo con desearlo, es posible la eliminación de la corrupción en corto plazo. Pareciera que está implantado en nuestras sociedades su aceptación por práctica u omisión. Todo el mundo acepta como normal a todo nivel, el beneficio desproporcionado al esfuerzo, la comisión, la coima, el aprovechamiento indebido de los recursos de otros, lo mismo que el comportamiento violento, asociado a la no aceptación del tráfico y apropiación indebida de los bienes de otro. Según la declaración aceptada por todos, periodistas, lideres, ciudadanos comunes, el problema es “dar papaya”. El deshonesto ladrón tiene derecho a robarme, y yo soy el culpable por descuidarme y darle oportunidad de hacerlo.  Pareciera que los valores asociados a la condena de los actos ilícitos ya no son reconocidos. Se acepta como normal el percibir la mano que gasta pública y desproporcionadamente aquello de lo que se apropia indebidamente en la penumbra, mientras la centrifuga del dinero humedezca con su lluvia conveniente a quien mira hacia otro lado.

Casi que podemos asegurar que todos quienes se lanzan a obtener el favor popular, prometiendo la eliminación de la corrupción, saben que no lo pueden lograr, de lo contrario cada uno presentaría un plan concreto para hacerlo.

¿Ud. también cree que podemos acabar con la CORRUPCION mañana? ¿Y con los plásticos? ¿Y con el petróleo?  

¿Qué hacer? Nuevamente, como en los otros pilares asociados a los valores de nuestras sociedades y tópicos transcendentales como educación, justicia, salud, derechos y liderazgo, exijamos a los aspirantes a nuestra representación y mandato, el plan en cada uno de los tópicos, el presupuesto asociado que requiere, las fuentes del mismo, y el tiempo para ejecutar las acciones que llevarán al objetivo. ¿Cuál candidato te lo ha presentado?

BOGOTÁ – COLOMBIA

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One comment

  1. En esta Tierra todos los politicos del mundo son unos criminales, estafadores y ladrones, muy pocos son la excepcion !!! Ellos mismos se hacen las leyes para acomodarse y poder robar .Lo peor es que quedan libres y nadie les da un escarmiento !!

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