Los subsidios no son una ayuda para los pobres

ENFOQUE LIBERAL – EL CANDIL – AÑO IV – N° 182.-


Las políticas gubernamentales orientadas a tratar la problemática de la pobreza económica desde el asistencialismo, más que buscar erradicarla, solo la conservan por medio de una falsa ilusión de progreso.

Y es que el hecho de regalar recursos (producidos por otros, por cierto), a la larga, termina por acostumbrar al beneficiado a recibir lo que necesita sin hacer esfuerzo alguno, a exigir que se le siga regalando como si fuese un derecho, y en última instancia, a condenar a quien se niegue a entregarle parte del fruto de su trabajo e instarlo a ganarse el sustento.

De hecho, esto último ha sido ampliamente reforzado por una detestable casta de intelectuales quienes, desde la perspectiva que brindan doctrinas de pensamiento colectivista, tales como el materialismo histórico, la teología de la liberación y similares, han introducido su discurso tanto en la academia como en la política y la cultura, infestando a las sociedades modernas de profesionales e intelectuales que no saben pensar y que prefieren decantarse por la apelación a las emociones en lugar del pensamiento racional, lógico y consecuente con los hechos de la realidad.

Muchos de estos propagandistas de la insensatez condenan elementos fundamentales del desarrollo humano, tales como el trabajo duro (que no necesariamente se encuentra desligado del trabajo inteligente) o los derechos de propiedad, y acusan al «inhumano y empobrecedor sistema capitalista» de ser la causa primaria «de todos los males del mundo actual».

Tal postura no tendría que sorprender a nadie, puesto que esta casta de pseudopensadores se dedica principalmente a vivir del Estado, tanto de los puestos que les son dados como pago de favores, así como de los subsidios que reciben para llevar a cabo sus «proyectos académicos y culturales». Por ello, es bastante lógico que tengan preferencia por un sistema económico centralizado y controlado por el Estado.

El problema de fondo de una persona económicamente pobre no es meramente la escasa cuantía de dinero, sino el estado de servilismo al cual se han habituado a vivir.

Con esto quiero decir que, más allá de la cuestión material e intelectual, el problema pasa por un tema esencialmente psicológico que afecta directamente a la voluntad de la persona y la manera en la cual efectúa sus procesos de razonamiento, y esto lo saben muy bien los estatistas y colectivistas en general, pues es a través de políticas paternalistas que no solo mantienen a esas personas en dicho estado mental, sino que socialmente establecen una falsa moralidad que enseña a admirar al pobre por su necesidad y al vago por su total ausencia de voluntad para trabajar, a la vez que demonizan al rico por poseer todo lo que obtuvo y al trabajador por el hecho de trabajar para vivir.

Aquel viejo adagio que dice que «si le regalas un pescado a un hombre, comerá solo un día; pero, si le enseñas a pescar, comerá todos los días», parece haber tomado la forma de «quítale el pescado al pescador, regálaselo a quien no quiere pescar y solo tú comerás todos los días», siendo este último todos aquellos políticos populistas y pseudointelectuales mal llamados progresistas quienes únicamente buscan su progreso económico, sin importar el de los demás.


Los subsidios directos promueven el comercio ilegal entre países con elevados indices de corrupción

NOTA DEL EDITOR: Artículo publicado originalmente en la página «Enfoque liberal» y es compartido en «El Candil» con autorización de su autor.


Enfoque Liberal
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Concebido con el objetivo de difundir las ideas liberales en los distintos campos que rigen la vida del hombre, tales como la Economía, la Política, la Ética y la vida en sociedad. Las publicaciones que se realizan en esta página se basan en el conocimiento adquirido del estudio del Liberalismo Clásico, el Objetivismo y la Escuela Austríaca de Economía.


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