SUEÑOS Y SUSPIROS – POEMARIO – MARÍA ELENA FINOL – EL CANDIL – AÑO III – N° 106 .
I Una mujer puede cantarle a su casa, a la silla, a la pata de la silla o a su mesa, a todo cuando vive y existe, a la intimidad y al deterioro, al silencio... sobre todo el silencio, a lo que ha callado durante tantos siglos y ahora nombra. II Una mujer puede escribir cualquier cosa, escribir, por ejemplo, de todo lo que no han dicho sus predecesoras, hablar del mar, de las sombras, de la luz, del dolor que siempre le acompaña, de la canción no aprendida por la estrella, del escandaloso río que lleva en su espalda, del pan que amasa, del fruto que arde de la violencia que la ha roto en mil pedazos, III Porque una mujer libre puede hablar de su sangre y de su muerte, de lo que oculta debajo de su falda del vacío, de todos los vacíos, y de la jaula del pájaro que habita su cabeza IV Una mujer puede cantarle al amor y a la patria, como le canta al sexo y a la piedra, como le canta al miedo que la oprime, al espejo que la empequeñece cada día, al desastre, a la fiebre y al delirio. V Una mujer puede escribir sobre el padre, y burlarse de los dioses, puede además cerrar los ojos y derramar alguna lágrima, puede permitirse parir y tener hijos, o clausurar su útero con ceniza y aguacero, puede, también le está permitido, rescatar el lenguaje, amarlo, o desmembrarlo sin piedad en un poema. VI Una mujer que le canta a su casa, a la silla, a la pata de la silla, o a su mesa, puede escribir de la negación o el reconocimiento, puede consumarlo todo, beberlo todo, orarle a Dios o desafiar a la manada. VII Porque una mujer que canta, ya no es sombra, ni cárcel, ni cerrojo, sino una ventana desde la que se reparan, todos los silencios, y se construyen al fin todas las palabras. Autor: Rosa Silverio República Dominicana, 1978
