Y tu…¿Qué me das?

SIN SECRETOS – NERVIS NAVA – El Candil Pedregalero – Año II – N° 76 – Sábado, 29 de agosto 2020.-

”Traten a los demás como quieran ser tratados”….Regla de Oro

Jesús de Nazareth

SOBRE INCONDICIONALIDAD Y RECIPROCIDAD

Algunos especialistas opinan que amar de forma incondicional podría no ser sano, ya que, al hacerlo, seríamos incapaces de establecer nuestros límites psicológicos y emocionales, que son los lugares de la mente y del corazón en donde la salud mental y la dignidad están protegidas… Sin embargo, la realidad muestra que esos campos físicos en verdad, salen fortalecidos.

Dentro del contexto de las relaciones humanas se comienza a entender el sentido de la incondicionalidad desde que tenemos uso de razón, por la educación recibida de nuestros padres y, fundamentalmente, por los ejemplos cotidianos. La incondicionalidad nunca es improvisada; es creada y practicada a conciencia, ya que la naturaleza del amor es dar.

Paradójicamente, las personas incondicionales poseen muy mala memoria, ya que no contabilizan sus dones ni sus esfuerzos, y gozan de muy buena salud, al potenciar al máximo su alegría y al aprender de sus batallas, cada una de las cuales se va convirtiendo en la base de su próximo desafío.

En estos tiempos, confusos y tecnológicos, de relaciones estrechas de calidez, con valores al ritmo de la inmediatez y la virtualidad, podría pensarse que la verdadera esencia del ser humano sufre el riesgo de perderse. Sin embargo, aquello que lo hace único y sin fecha de vencimiento aparece de la nada y crea lazos, con lo sublime.

Su propia incondicionalidad se manifiesta y se corre de la primera fila, para ubicarse, con toda su grandeza, en un escalón más abajo, a las órdenes de lo que se presente. Son seres anónimos enormes que están entre nosotros y que, si agudizamos la mirada, podremos descubrirlos tan cotidianos y tan invisibles.

Tienen la necesidad de dar lo mejor de ellos mismos, sin pedir nada a cambio, y de estar presente en la vida del otro, por el simple motivo de estar, de asistir, y esto no es una fantasía, personalmente me consta que es así.

“El amor incondicional corresponde a uno de los anhelos más profundos, no sólo del niño, sino de todo ser humano”

Erich Fromm

La incondicionalidad es lo que hace más feliz la existencia de quienes sin tener un vínculo reconocen al otro como un igual, a alguien a quien hay que cuidar y proteger, de la forma en que lo necesite o lo acepte. En este contexto, es válido observar la especial incondicionalidad que domina a los seres con “Síndrome de Down”, para mí son seres cuya misión de vida es esa….enseñarnos la incondicionalidad; ellos son completamente espontáneos, son Maestros en esa materia, se ríen sin motivos aparentes, pueden abrazar sin temor alguno al rechazo, y ya está demostrado que tienen suficiente capacidad intelectual para alcanzar metas extraordinarias, solo es asunto que se les brinde la oportunidad y se les reconozca el potencial que tienen.

Ha habido a través de la historia claros ejemplos de seres que han llenado su vida con una trayectoria de “incondicionalidad”, tal el caso de la Madre Teresa de Calcuta, quien transitó su camino portando un amor incondicional como bandera y un amor invaluable hacia la humanidad, sin apegos a nada; con un don de humildad que tenía grabado en su alma; a nosotros nos falta un gran camino que recorrer para subir unos cuantos escalones y llegar a ese nivel de entrega.

La palabra incondicional, está compuesta por el prefijo negativo “in” sobre “condicional” que es aquello que se sujeta a la ocurrencia o no de otra cosa o situación. Por lo tanto alguien o algo incondicional no posee ningún tipo de restricciones, estando dispuesto de modo total y absoluto; lo cual no significa que no se deban establecer “límites” para el sano funcionamiento de una relación.

Si yo te doy… ¿Tú qué me das? ¿Qué esperas de mi?; generalmente se espera lo que se da, pero un ser incondicional es la excepción; aunque en muchos casos, existen las personas que asumen que merecen mucho más de lo que hayan podido dar….

 “Las relaciones para que sean justas, primeramente deben ser recíprocas”

Nancy Álvarez

La reciprocidad es la acción que motiva a corresponder de forma mutua a una persona o cosa con otra, dar y recibir con límites, ejemplo cuando una persona ayuda a otra, luego recibirá lo mismo de su parte como compensación o agradecimiento, esto es lo que en “común” se espera, porque no se toma en consideración, la “ley de causa y efecto”, leyes que rigen el universo donde estamos pero que ignoramos que nuestras acciones están controladas por esas leyes infalibles; que nos dicen que en algún momento recibiremos, pero no necesariamente de las mismas personas.  

Las relaciones humanas se basan en gran medida en la reciprocidad, los vínculos personales, económicos, incluso políticos, se desarrollan según los intercambios realizados. Es un dar y recibir continuo, por tal razón también se relaciona con la solidaridad.  En los grupos familiares la reciprocidad se da a través del amor entre padres e hijos, entre hermanos y los que conforman nuestro círculo familiar más cercano; cuando se recibe el apoyo o ayuda de alguien durante una situación especial, las personas responden agradeciendo el respaldo dado e incluso devolviendo el favor.

Sin embargo, partiendo desde el punto de vista ético en muchas ocasiones la reciprocidad no es equitativa, existen personas que actúan de manera errada cuando otro le ofrece apoyo o un buen servicio y estos no corresponden a los demás de la misma manera; no cubriendo así las expectativas planteadas.

Se puede considerar la reciprocidad como un valor social que se refiere e invita al crecimiento personal, ser agradecido y retribuir eso que se recibió para la misma persona u otra. Es decir, se generan beneficios entre los individuos al saber que se garantizan los recursos por ambas partes en un momento determinado.

Cuando una persona es cariñosa con otra, también recibirá cariño o amor. En las relaciones de negocio se busca alcanzar acuerdos beneficiosos para que ambas partes logren un “ganar – ganar”, es decir, se ofrece y se negocia en función de que ninguna de las partes sea perjudicada.

Lo mismo ocurre en el área de la política, la reciprocidad diplomática entre las relaciones con gobiernos o cualquier otra institución gubernamental o privada se determina según los acuerdos firmados en beneficio de ambas partes y se fortalecen las relaciones.

La psicología, por su parte, estudia la reciprocidad como una de las normas más importantes de las relaciones personales y sociales que invita a corresponder a lo que nos hacen de manera similar. La reciprocidad interviene en la conducta de las personas, en las relaciones personales y sociales, tanto de forma positiva como negativa, según sea el caso, por ello su importancia como valor social.

Sin embargo, en muchas ocasiones esta reciprocidad no genera el mismo bienestar o beneficio entre ambas personas, en consecuencia lo que se da o se recibe no es proporcional a lo dado o recibido, en especial si no fue solicitado. Para evitar esta situación, lo ideal es no aceptar la ayuda o favor ofrecida sin haberlo solicitado o pedido. De esta manera se evita una reciprocidad influenciada y por obligación.

En este sentido, podríamos referirnos a la “reciprocidad incondicional”; donde exista un afecto mutuo, y donde se requiere de la capacidad de aportar en la relación de una manera desprendida, generosa, de forma mutua; y que la aceptación de la otra parte sea con respeto, sin coaccionar  gustos, preferencias, expresiones ni manipulaciones, en cuanto a que yo te doy, pero y tú …qué me das? Porque la  incondicionalidad se basa justamente en eso, en aceptación y  respeto.

Naguanagua – Estado Carabobo – Venezuela

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One comment

  1. La incondicionalidad es la condición sine qua non del dar de manera voluntaria, de corazón y sin esperar recompensa alguna.

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