Por Manuel Barreto Hernaiz

«El porvenir es un edificio misterioso que edificamos en la oscuridad y que más tarde deberá servirnos a todos de morada».
Víctor Hugo
Atrás ha quedado ese panorama, en el cual los árboles no nos permitían ver el bosque.
Con aleccionadora sensatez política, se ha ido dejando a un lado esa maraña «comunicacional» irrelevante, esa altisonante avalancha de palabras cargadas de improperios y violencia, que ya resultan harto monótonas, que si bien antes solía distraernos, confundirnos y atemorizarnos, hoy nos indican que se aproxima, de manera inexorable, el fin de esta historia.
El hecho que gobierne el pésimo régimen que tenemos hoy, nos indica la falta de educación de nuestra población.
Se hace menester considerar que una ciudadanía que mayoritariamente tiene bajos niveles de escolaridad, que no está muy informada de los problemas de la vida pública, que padece niveles de pobreza graves, que ha estado acostumbrada a los métodos demagógicos del clientelismo, a las prácticas de corrupción en la impartición de justicia, es ciertamente, una ciudadanía frágil para la democracia.
Atrás van quedando los llamados trapos rojos, «peines» o simples triquiñuelas que lograban desmovilizarnos, transfiriendo, en muchas ocasiones nuestro rol de actores, al de simple espectadores, por considerar que, «ni que hagamos lo que hagamos», o bien, la cosa está como botica de pueblo… sin remedio.
Ya los tiempos de resignación han quedado atrás, y eso se siente en el ambiente.
Muchos movimientos sociales, grupos de opinión, o bien ONGS, conscientes de su destino común, se están coordinando, organizando, y lo más importante, tienen rato interactuando tanto con los diferentes gremios, y con los partidos políticos, tal como la hacemos en el FAVL.
En todas partes, un número creciente de ciudadanos se reúne para discutir, desde lo simple a lo complejo, lo que ellos consideran debe ser la Venezuela del porvenir, deliberan acerca del contenido del Plan País; siguiendo las instrucciones del Presidente Juan Guaidó, activan sus Comités de Ayuda y Libertad; se movilizan para defender los derechos humanos, para atender las necesidades de las comunidades más desasistidas en los Campamentos del Voluntariado; conscientes que para lograr ese país que viene y para la democracia que se quiere construir, se necesitan ciudadanos que la puedan hacer viable y gobernable.
El paso fundacional de una primera alternancia en el poder, de la competencia política y de los reacomodos de fuerzas servirá para empezar la tarea inmensa de edificar una institucionalidad democrática y fortalecer una ciudadanía participativa.
A prepararse considerando la delicada fractura social, que tardará años en sobrellevarse, y que facilitó la manipulación de los «excluidos», sumidos en la desesperación de sus necesidades apremiantes, por parte de lo que quede de esa vanguardia irrendentista de esta absurda revolución.
A prepararse a salir de un sistema autoritario, que cotidiana y sostenidamente violentó los derechos humanos, de muchos ciudadanos, mediante las complicidades que se apoyan en la impunidad de fuerzas oscuras al margen del derecho; y en la falta de políticas públicas claras de salud; en materia de medios de comunicación, de educación pública, de impartición de la justicia, de sempiternos conflictos con las Universidades, de ciencia y tecnología al garete, de finanzas sin control, y lo más lamentable en un supuesto sistema «socialista» … la lucha contra la pobreza que ha sido incrementada en lugar de disminuirse.
La reconstrucción del país que nos merecemos tiene que ver directamente con la edificación de instituciones democráticas, que tengan en el centro la rendición de cuentas y el servicio a la ciudadanía.
Este punto resulta fundamental: la ciudadanía tiene que aprender a poner límites a los excesos del poder.
Se dice fácil, más cuan complejo resulta, pues el recorrido histórico de estos últimos cincuenta años nos indica que se requiere de una gran voluntad política, de una extraordinaria capacidad de negociación y de un sincero compromiso de todos los estamentos que conforman eso que se llamó una vez el País Nacional, para estabilizar las relaciones entre sociedad y gobierno, y que se tenga capacidad de dialogar, debatir, disentir y llegar a acuerdos.
Pensamos que estos veinte años han resultado todo un aprendizaje, al replantearnos la democracia no como una garantía de abundancia, de tranquilidad, sino como una forma de vida; que ella no solucionará todos los problemas, pero de ella surgirán las alternativas para las deliberaciones y decisiones apropiadas y cónsonas con el bienestar del ciudadano. Preparémonos entonces para una aventura ciudadana, sin rencores ni temores, y alejemos de una vez por todas aquellas expresiones gatopardeanas, pues en nuestro rescatado país, ya nada será igual.
Valencia, estado Carabobo, Venezuela
18 de mayo de 2019
